Treinta postales de distancia

Treinta postales de distancia. Sara Ventas.

Esta es la primera novela de la escritora Sara Ventas. Nacida en Madrid y residente en Málaga, esta joven narradora pertenece a la denominada ‘Generación Kindle’.

La sinopsis oficial del libro, reza así:

“Un pasado que creía superado, una amiga histriónica en la distancia, un mejor amigo encantador y un vecino algo peculiar. Sofía lo tenía todo, o creía tenerlo porque un buen día se encontró rodeada de ex ―propios y ajenos―, casualidades, malentendidos y un buzón lleno de postales.
Dicen que el amor lo podemos tener justo al lado, sólo hace falta mirar para verlo. Para Sofía, el amor se encontraba a treinta postales de distancia.”

Al más puro estilo de novelas Chick-lit, ‘Treinta postales de distancia’ es una novela de lo más fresca y divertida y además, escrita por alguien de aquí. Encontraremos en la novela, a todos los personajes que se precien para este tipo de género: desde el amigo homosexual a la amiga con incontinencia verbal, pasando por una madre arraigada al ‘qué dirán’, un ex que desea sentar la cabeza a toda costa y un vecino supersticioso y tierno.

Geniales las situaciones esperpénticas que se producen debido a un cúmulo de malentendidos: malentendidos y enredos generados por un sinfín de reflexiones, todas equivocadas por cierto, que se harán los protagonistas de la novela sobre los demás.

También hemos de decir que nos ha sorprendido, y muy agradablemente, el motivo y el por qué del título de la novela ya que intentábamos desentrañar con la lectura a qué se debían ‘Las treinta postales de distancia’: el caso es que hasta que no llevas un avance importante del libro, no llegas a averiguar el asunto y el por qué. Asunto muy bien resuelto por Sofía, nuestra loca y entrañable protagonista, donde con su imaginación y maestría solucionará el problema saliéndose airosa de una situación que parecía totalmente perdida. ¿Qué no podrá conseguir el amor?

Por último, fenomenal el guiño a la obra ‘Sin noticias de Gurb’ del fabuloso Eduardo Mendoza: un puntazo.

Pues bien, ya no queda nada más por decir excepto que nos hemos divertido mucho y que recomendamos la novela ya que una vez terminada la lectura nos hemos sentido más livianos y ligeros  y nos hemos encontrado, de repente, con una sonrisa permanente que no se nos va de la cara. Genial, ¿no?

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