Después de tu escapada

Luz Olier nos cede unos nuevos versos para poder darlos a conocer a nuestros seguidores. Gracias por compartir.

Luz Olier nace en Madrid. Actriz y guionista. Empieza a colaborar en distintas emisoras de Radio y para TVE, mientras estudia periodismo con guiones como Unidos por el crimen, El ascensor, Cada día tiene su secreto, entre otros. Al mismo tiempo, desempeña trabajos como actriz en teatro, televisión y doblaje. Le han sido concedidos tres premios de interpretación en Estados Unidos por su trabajo en La Dama Duende, La Discreta Enamorada y Don Gil de las Calzas Verdes. Desde la década de los noventa es directora de doblaje.

En 1971 recibe el premio de la AETIJ por su obra de teatro infantil El país de los sueños.

En 2004 publica su primera novela, La conjura de los sabios, Editorial Certeza, coeditada por el Ayuntamiento de Girona.

En 2006 recibe el premio ‘Margarita Xirgu’ por su radioteatro Mujer del sombrero con flor.

Este mismo año, reseñamos su libro de relatos Cuentos del otro lado y que podréis encontrar aquí

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DESPUÉS DE TU ESCAPADA

Después de tu escapada
soy capaz de aceptar todas las muertes.
Sin entender el juego de la vida
observo su girar atentamente.
Nacer para morir,
morir para nacer en un suspiro.

Se despereza el brote de la primavera,
se deshielan los fríos,
los trinos de mil pájaros estallan,
el torrente deslumbra al sol nacido.
Todo palpita y corre hacia su ocaso
alegremente, sin ningún cuidado,
un juego divertido de escondite,
la eterna pirueta de los hados.

¿No piensa la amapola?
¿No siente nada el ave?
¿No lamenta la flor durar tan poco
ni llora el árbol sus desnudas ramas?
Puede el polluelo estrenar plumas nuevas
y ser distinto el llanto del nacido,
presumir la paloma del primer aleteo,
o el pequeño león ensayar su rugido,
puede el frutal exhibir su trofeo
del dulce adorno para él desconocido.
Mas todos se equivocan.
Han olvidado su paso por la vida
con diferentes ropas y sonidos.
Es el mismo polluelo el que se esfuerza
con brío nuevo a perforar el huevo,
el mismo niño el que absorbe asombrado
el eterno fluido de unos senos,
el mismo hielo se transforma en agua
y el mismo sol renace cada día.
Todo muere y despierta,
y aun dormida, la vida
en lo más hondo de la tumba alienta.

¿Cuántas veces mis pasos
hollaron los caminos?
¿Cuántas veces tu coche
patinó en un descuido?
¿Cuántas veces mis lágrimas
se mezclaron con risas,
o contemplé tu rostro
largos meses soñado?
Estoy aquí y he cerrado los ojos para siempre,
me voy ya y no he nacido.

Después de tu escapada
soy capaz de aceptar todas las muertes.

2002

 

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