La noche se llama Olalla

la-noche-se-llama-olallaLa noche se llama Olalla. Jesús Ferrero. Siruela.

Jesús Ferrero (Zamora, 1952) pasó su infancia y adolescencia en el País Vasco y a los 18 años se trasladó a París, donde cursó estudios universitarios en Vincennes y en la Escuela de Altos Estudios. Ha publicado, entre otras, las siguientes novelas: Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona 1982), Opium (Siruela, abril de 2004), Lady Pepa, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela 1990), Alis el Salvaje, El secreto de los dioses (Siruela, 2003), El último banquete (Premio Azorín 1997), Ulaluna (elegida por la Unesco como la novela juvenil en español de más calidad literaria de 1998), Amador o la narración de un hombre afortunado, El diablo en los ojos y Juanelo o el hombre nuevo. Es también autor de dos poemarios y dos obras de teatro.En Siruela ha publicado además la novela Las trece rosas (2003), la narración juvenil Zirze piernas largas (2002) y el poemario Las noches rojas (2004).

Sinopsis:

«En agosto falleció mi hija. Se llamaba Olalla y estaba a punto de cumplir veinte años. La policía dijo que fue un accidente de tráfico…»
El diario de la joven Olalla parece indicar que fue drogada y violada… Ese año 2012 fue sangriento y apocalíptico, a pesar de que no acabó el mundo. Fue también el año del Costa Concordia, de los terroristas solitarios, de los asesinos compulsivos y, además, el año más maldito de Olalla, el personaje que flota como un destino y una atmósfera a lo largo de esta novela. La detective Ágata Blanc lleva a cabo su investigación en un Madrid decadente que la conducirá a límites que no imaginaba y que la enfrentará a extrañas dimensiones de la vida y de la muerte. Esta ciudad, que años atrás fue símbolo de la prosperidad y la abundancia, parece ahora sumida en una depresión propia de la posguerra. Todos los elementos de nuestra época se entrelazan en esta novela: la búsqueda incesante del placer sexual, las drogas, las pérdidas de conciencia, la corrupción, los desahucios y el espíritu de la venganza, fundamentado en un problema existencial: no es posible respetar a los verdugos.

Nuestra reseña:

Novela ambientada en un Madrid decadente y sumergido en una profunda crisis moral y económica, no inferior a la del resto del mundo en el año 2012, y donde una muchacha de casi veinte años, Olalla, estudiante aguda y responsable, fallece en un accidente de tráfico. La madre de Olalla, sospechando que el fallecimiento de su hija podría no ser casual, contrata a la investigadora privada Ágata Blanc para que investigue lo que sucedió realmente.

Así empieza La noche se llama Olalla: novela negra donde la degradación, la depravación y la locura se conjugan en esta novela breve pero intensa.

Desde casi el principio conoceremos a los asesinos de Olalla y también la trama principal que envuelve a todo el argumento: la venganza. Ese deseo premeditado de infringir, como mínimo, el mismo dolor en respuesta a un acto perverso.

Conocer de antemano cómo pueden sucederse los hechos es algo arriesgado pero sumamente interesante para el lector ya que éste puede implicarse o desistir con la novela, cosa que no es nuestro caso y esto ya dice mucho de este libro. Con unos personajes bien definidos (en su mayoría y lo aclararemos al final de la reseña), el que más nos ha sorprendido es el de la propia Olalla a la que conoceremos gracias a su diario íntimo:

Todas las mañanas me despierto pensando en las fronteras de mi vida, sabiendo que la vida es limitada y la ignorancia infinita, y que en toda una vida sólo podremos acceder a determinadas formas de saber. Esa idea se me clava en el alma como un estilete muy fino. Si una viese el futuro como una morada muy amplia y muy larga en el que poder entregarse a toda clase de disfrutes carnales e intelectuales, sería diferente.

Jesús Ferrero nos describirá de forma tan pormenorizada los vicios e inmoralidades de los culpables que,  a medida que vamos conociendo más a Olalla y los hechos de aquel día, se nos harán tan odiosos que llegaremos a desear que se cumplan todos los deseos de venganza y que recaiga sobre ellos toda clase de justicia, moral o hasta divina.

Para finalizar, hemos de decir que nos ha faltado conocer y saber más sobre la detective Ágata Blanc.  Teniendo en cuenta que no hemos leído el anterior libro donde aparece por primera vez, El beso de la sirena negra, hemos encontrado a faltar ese punto de apoyo sobre el personaje ya que nos parece una mujer lo suficientemente ambigua e inquietante como para saber más de ella y hasta quizás un mayor protagonismo.

Después de leer esta novela nos quedará la duda, razonable, sobre si algunos actos deben ser juzgados con equidad mediante la ley o a través de un ajuste de cuentas. De lo que sí estamos seguros es de que La noche se llama Olalla no dejará indiferente al lector.

 

 

 

 

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