El largo adiós

El largo adiósHoy traigo una reseña de lujo. Se trata de ‘El largo adiós’ de Raymond Chandler realizada por Lorenzo Silva. Creí importante, debido a la nueva edición de ‘La rubia de ojos negros’ de John Banville y al regreso de Marlowe, recordar y hacer un pequeño homenaje al gran autor, creador del personaje.

El largo adiós de Raymond Chandler por Lorenzo Silva:

“La primera vez que posé los ojos sobre Terry Lennox, él estaba borracho en un Rolls Royce Silver Wraith, frente a la terraza de The Dancers… Tenía un rostro de aspecto juvenil, pero su cabello era de color blanco hueso.” Son las palabras del narrador, el irónico y sentimental detective Philip Marlowe, al comienzo de esta admirable novela, acaso la más lograda de su autor y también, pese a la obcecación de esos atrabiliarios mandarines culturales que le niegan al género policial cualquier estatuto de respetabilidad literaria, uno de los libros más conmovedores y poderosos del siglo XX.

Uno lee esas primeras palabras y ya sabe que la relación entre Philip Marlowe y Terry Lennox no va a ser trivial. Pero, ¿quién es Terry Lennox? Una buena parte de la gracia de esta novela estriba en que nunca se termina de averiguarlo del todo. Al principio no es más que un alcohólico, casado con una casquivana millonaria que lo trata como un pelele y cuya tiranía él acepta mansamente. Pero tiene maneras distinguidas, su trato resulta agradable y establece con Marlowe, que lo recoge del suelo en medio de una de sus formidables melopeas, una sintonía inmediata. Es imposible no simpatizar con Lennox, porque hay en él algo que inspira ternura, porque parece indefenso y a la vez fuera del alcance de todos. A fuerza de ir juntos al Victor’s, un bar semivacío donde siempre beben lo mismo, gimlet, Marlowe y el borracho acaban por tomarse afecto.

Todo cambia cuando la mujer de Lennox aparece muerta en la casa donde solía encontrarse con sus amantes, con el rostro reducido a una pulpa sanguinolenta. Terry acude a Marlowe y le pide ayuda para huir a México. Marlowe, sin hacer preguntas, le lleva en su coche al otro lado de la frontera. Poco después, se entera de que Lennox se ha suicidado. Pero antes de matarse, su amigo tuvo tiempo de enviarle una carta, y con ella un ejemplar de un raro billete: uno que lleva un retrato de Madison y vale 5.000 dólares. En la carta, Terry le dice adiós y le pide que vaya al Victor‘s a tomarse un gimlet en su memoria. Marlowe, cómo no, cumple el encargo.

A partir de aquí, y esto sucede antes de completar el primer tercio del libro, Terry Lennox está ausente, y sin embargo sigue teniendo un protagonismo intenso en la historia. Por creer en su inocencia, Marlowe inicia una tortuosa investigación que le depara mil sinsabores: la policía le detiene y le golpea, un mafioso local le amenaza y el opulento padre de la difunta, que no quiere escándalos, le sugiere que más le vale abandonar sus indagaciones. Pero también conoce a una criatura de ensueño, la ausente rubia de ojos violetas Eileen Wade, ante cuya apabullante aparición el detective improvisa una teoría sobre las rubias sencillamente antológica.

Al paso, Chandler va trazando un vivo retrato de la sociedad californiana de su tiempo y una demoledora descalificación del american way of life, ahora felizmente exportado, con la potencia redoblada de la revolución tecnológica, a todo el planeta. Una civilización de brillantes envoltorios que principalmente contienen basura, en las palabras del magnate Harlan Potter, tan vigentes ahora como en 1953 (si no más). Hay siempre en Chandler el afán de construir una narración eficaz y realista, noble empeño que hoy le costaría el denuesto de ciertos literatos a la violeta. Allá ellos.

A lo largo de su investigación, Marlowe conocerá a otro Terry Lennox: su pasado oscuro y trágico, la verdadera índole de sus sentimientos y de su carácter. Pero eso queda para que lo descubran los lectores que el libro merece. Llegados a esta altura, corresponde detenerse un instante en el propio Philip Marlowe: un tipo indócil, cáustico, íntegro y leal. Acaso tiene un punto de inmadurez adolescente, pero quizá haga falta tenerlo para conservar la decencia en este mundo: para desairar al poderoso, para no venderse nunca por dinero, para honrar a todo riesgo la amistad y para atenerse a las propias reglas aunque eso le acarree a uno la persecución de la ley, la mofa de los satisfechos y los golpes de los canallas.

Marlowe, como Chandler, es un humorista inteligente y emotivo. Es ingenioso, pero también llega al corazón. Por eso resulta mejor que otros: porque sabe ser vulnerable y porque su escepticismo nunca es ese desasimiento estúpido al que se arrojan algunos por parecer más listos. Cuando murió su mujer, Cissy, que le sacaba casi dos décadas, el romántico Chandler escribió: “Durante treinta años, ella fue la luz de mi vida. Todas las demás cosas que hice fueron sólo la hoguera para que ella se calentase las manos”.

En suma, un escritor y un libro de cuerpo entero: una lección sobre cómo contar una historia, una galería de personajes plenos y seductores, instantes para la risa y para la emoción y, sobre todo, una mirada moral sobre el mundo. No se puede pedir más.

ChandlerRaymond Chandler fue un escritor de novela policíaca estadounidense nacido en Chicago el 23 de julio de 1988 y fallecido en La Jolla, California, el 26 de marzo de 1959. Considerado uno de los grandes representantes de la novela negra, su personaje recurrente, Philip Marlowe, es uno de los detectives privados más conocidos de la literatura (y debido a sus múltiples adaptaciones a la gran pantalla, también del cine). Tras el divorcio de sus padres se crió con su madre en Inglaterra, y asistió al Dunwich College de Londres, si bien parte de su educación también transcurrió en Alemania y en Francia. Tras una breve experiencia como funcionario del gobierno británico, se dedicó al periodismo, colaborando con publicaciones como el London Daily Express y la Bristol Western Gazette. Antes de volver a Estados Unidos en 1912 ya había publicado 27 poemas y su primer relato: The Rose Leaf Romance. Tras titularse como contable, se alistó en las Fuerzas Expedicionarias Canadienses para luchar en Francia en la Primera Guerra Mundial. Terminada la guerra, se casó con Cissy Hurlburt, 18 años mayor que él, y se dedicó de lleno a la escritura de relatos pulp, desarrollando un estilo propio que se diferenciaba de otros escritores del género negro. No publicó su primera novela hasta los 51 años, y posteriormente se dedicó también al guión para adaptar sus propias obras al cine. Tras la muerte de su esposa, y aunque tuvo otras amantes, cayó en una depresión y empeoró su condición de alcohólico, falleciendo finalmente en 1959.

Lorenzo Manuel Silva Amador nació en el barrio madrileño de Carabanchel, estudió Derecho en la Universidad Complutense de MadridLS y ejerció como abogado de empresa desde el año 1992 hasta el 2002.

Sin embargo, su camino siempre fue otro. Desde que inició su dedicación a la literatura, allá por 1980, ha escrito una gran cantidad de relatos, artículos y ensayos literarios e históricos, varios libros de poesía, una obra dramática, un libro de viajes y veinte novelas.

Durante estos años ha obtenido numerosos premios y ha sido finalista en muchos otros: la novela La flaqueza del bolchevique quedó finalista del Premio Nadal 1997; El lejano país de los estanques obtuvo el Premio Ojo Crítico 1998; El alquimista impaciente consiguió el Premio Nadal 2000; con El nombre de los nuestros quedó finalista del Premio Ciudad de Cartagena de Novela Histórica 2002; El álbum Laura y el corazón de las cosas obtuvo el Premio Destino Infantil-Apel.les Mestres 2002-2003. Carta Blanca fue Premio Primavera 2004; con Sereno en el peligro consiguió el Premio Algaba de ensayo 2010; La marca del meridiano fue Premio Planeta 2012; y Suad Premio La Brújula 2013. Su obra ha sido traducida al ruso, francés, alemán, italiano, catalán, portugués, danés, checo, árabe e inglés.

Este mes de junio, aparece una nueva obra del auotr: Los cuerpos extraños, el octavo título y la séptima novela de la serie de Bevilacqua y Chamorro. En mayo apareció Historia de una piltrafa, y otros cuentos crueles

Colabora en prensa y revistas con reportajes, artículos literarios, de viajes y de opinión, y también como comentarista de radio.

Desde 2008 es comisario de Getafe Negro, Festival de novela policiaca de Madrid. Y en 2009 y 2011 fue comisario del festival de novela negra de Santiago de Chile.

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