Relojes Muertos

Relojes-muertosRelojes Muertos. Eva María Medina. Playa de Ákaba.

Eva María Medina (Madrid, 1971) es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid. Autora del libro de relatos Sombras (Editorial Groenlandia, 2013), y coautora de Relatos en Libertad (Editado por Anuesca, 2014) y de Letras Adolescentes (Colección Especiales, Editorial Letralia, 2012). Ha obtenido diversos premios literarios por sus cuentos, que han sido publicados en distintas revistas literarias, españolas y latinoamericanas (Letralia, OtroLunes, Cinosargo, Entropía, Almiar, Narrativas…), y en diversas antologías. La revista La Ira de Morfeo editó un número especial con algunos de sus relatos. Relojes muertos es su primera novela. En la actualidad está ultimando la escritura de su segunda novela, Asesinos de palomas.

Sinopsis

Después del ingreso en un psiquiátrico, Gonzalo vuelve a casa. Al principio todo le parece luminoso, amplio. Mira sus libros, su sillón de terciopelo verde, y se acuerda de sus compañeros, a los que echa de menos. Luego, ve al vecino que habla con su reloj de pared. Se tumba en la cama y surgen las palabras de la portera. ¡Ella y su jefe en casa haciendo la maleta que le llevaron al hospital! Intenta dormir, eludiendo imágenes grotescas. Al despertar, ha oscurecido. Entra en la habitación de sus padres, mira sus fotografías, y siente que le piden que les saque de allí. Sufre la «náusea».
La novela alcanza un punto de inflexión cuando Gonzalo vuelve al trabajo y Ángela, una mujer que conoció en el psiquiátrico, se va a vivir con él.
Reseña

Cuando empecé a leer Relojes Muertos, lo primero que me sorprendió del libro -aparte del título, ya de por sí algo melancólico e impenetrable-, fue el estilo narrativo de su autora, Eva María Medina, a la que leía por primera vez: las oraciones eran cortas, muy cortas, provocando con ello una sensación de lenguaje contundente sin necesidad de expresar de forma explícita palabras duras. El texto, aunque directo, lleno de nudos que se antojaban cada vez más rotundos. Y todo ello narrado en primera persona por el protagonista con una voz aturdida y desconcertada.

Poco a poco, me fui introduciendo en una historia extraña -ya sé que la palabra ‘extraña’ no debería aplicarse en una reseña pero no puedo por menos que exponer lo que pensé y más adelante mi intención es aclararlo-, y me invadió una creciente curiosidad por conocer más sobre esta historia.
Gonzalo es dado de alta del hospital psiquiátrico donde se encuentra ingresado. Su nueva vida parece ir sobre ruedas: se incorpora al trabajo, empieza una nueva relación… Sin embargo, la vida le va ofreciendo señales que él no puede descifrar y lo que es más complejo, ni quiere ni puede obviar.

Mientras leía Relojes muertos, la sensación de inquietud y de congoja no me soltó durante todo el libro que, aunque relativamente corto, 165 páginas, me desasosegó durante su lectura. Conocer las voces que pueblan la cabeza de Gonzalo, sus no-recuerdos, y el aislamiento que le producen según que equívocos hechos -que sólo tienen sentido para él-, de manera obsesiva, eran suficiente para engancharse a esta novela que, aunque singular, me llamaba poderosamente la atención.

Relojes muertos me atrapó por ese ‘sin sentido’ al que pueden llegar las personas que han padecido o padecen algún tipo de enfermedad mental. La falta de percepción de la realidad del protagonista llega hasta el lector de manera decisiva. Eva María Medina ha conseguido en una novela apenas sin diálogos y con muchos, y complejos, recovecos en la mente de Gonzalo, recrear a la perfección el tiempo muerto del protagonista logrando una sensación casi asfixiante en toda la novela, poblada de mundos sombríos y de personas opacas que esconden delirios.

Una novela que merece la pena conocer.
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