Charles Baudelaire y la belleza del mal

las-flores-del-malLas flores del mal. Charles Baudelaire. Austral.

Charles Baudelaire, el poeta que sintió una fuerte fascinación por el mal —quizás sugestionado por las drogas y por los ambientes desenfrenados en los que se desenvolvió desde muy joven—, terminó su vida en el sanatorio del Dr. Duval en Passy, donde pasó el último año de vida vegetando a causa de una hemiplejía provocada por una sífilis, recuerdo de sus años bohemios. Sin poder hablar ni leer, finalmente una sordera le dejó totalmente incomunicado con el resto del mundo. Tras una dura agonía, Baudelaire fallecería acunado entre los brazos de su puritana madre, un 31 de agosto de 1867 a los 46 años de edad. A su entierro, en pleno período vacacional en París, acudieron unos pocos amigos pero ningún representante de la Sociedad de Escritores. Dicen que, en el momento de bajar el féretro a la fosa, en el cementerio de Montparnasse, un enorme trueno seguido de una fuerte lluvia, despidió el cadáver del escritor.

Encabezó el movimiento literario del simbolismo y el uso de la sinestesia con Las flores del mal. Poeta, ensayista, crítico de arte y traductor de Edgar Allan Poe, escribió una única novela, ‘La Fanfarlo’, donde narrará la vida de un joven poeta enamorado de una bailarina. Cuando en 1857 publica Las flores…, es multado con trescientos francos por ofender la moral pública siendo seis de sus poemas censurados y retirados.

Las flores del mal es un inquietante poemario donde destaca esa atracción del poeta ante la belleza y el misterio de lo perverso. Un vibrante conjunto de poemas algunos dedicados a mujeres, en su mayoría prostitutas, describirá su obsesión con la muerte, el erotismo, o el hastío.

Siempre al borde del precipicio, el poeta refleja en Las flores… la ira hacia el drama que es su vida —¿presagio también de su muerte?—. En el poema ‘El Heauntontimorumenus’ —en griego: ‘el que se tortura a sí mismo’—, quizás uno de los más hermosos, se describe el tormento de este hombre rebelde:

[…] “¡Soy la herida y a un tiempo soy el cuchillo!

¡Soy la mejilla y soy el bofetón!

Soy la tortura y soy los miembros rotos,

soy a la vez verdugo y soy la víctima.

Soy de mi propio corazón vampiro…

Alguien a quien el mundo desampara,

a risa eternamente condenado

y que nunca podrá ya sonreír”.

Genio autodestructivo ¿quizás maldito desde el mismo momento de su gestación? —ver el poema ‘Bendición’—, hizo de sus letras la composición de toda su apasionante vida y desgraciada muerte: una huida hacia adelante al borde siempre del abismo, gracias al horror que observa en todas las cosas, considerándolas ya muertas desde su inicio.

Las flores del mal de Charles Baudelaire, editada por Austral para su colección Austral Singular, incluye los seis poemas prohibidos que figuraban en la primera edición y veinte poemas más del autor, publicados por éste con posterioridad. Además de una buena edición de bolsillo en tapa dura y cinta marca-páginas, está a un precio de venta asequible. Hay que destacar del libro, la introducción, traducción de los versos y notas, del escritor Carlos Pujol Jaumandreu: una joya dentro de otra joya y de la que es imprescindible leer con detenimiento:

“Baudelaire, que es aún un romántico, es ya un simbolista, está siempre mostrándonos su corazón al desnudo, pero su verso va más allá de la anécdota personal para adquirir el misterioso valor de la palabra en sí. Se sueña a sí mismo con una pasión y un arte que convierten el sueño en poesía, en música significativa. Y detrás de los sueños, la fe y las palabras le hacen inmortal”. (De la introducción de Carlos Pujol).

Las flores del mal, Charles Baudelaire, Austral, colección Austral Singular. 266 páginas, 11,95€

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