Música para feos

musica-para-feosMúsica para feos. Lorenzo Silva. Destino.

Por Cristina de @abrirunlibro

Esta reseña se publicó el 13 de abril de 2015 en Revista Vísperas.

En el amor no hay posturas ridículas ni cursis ni obscenas. En el no amor, todo es ridículo y cursi y obsceno, apostillaba Mario Benedetti en Primavera con una esquina rota. Me gustaría creer que algo así fue lo que pensó Lorenzo Silva en el momento en que decidió volver a escribir un libro cuya esencia fuera el amor —aquel amor bien tratado, sin embarrar ni manchar—, y que bien utilizado en el arte, sobre todo en el más accesible como es el de la literatura, la música o el cine, no es impostura sino honradez. Y ahí está Música para feos: una novela actual, con play list incluida, que nos habla del amor veraz.

Madrid, una noche de un viernes cualquiera, un hombre y una mujer cualquiera, se encuentran en un sitio cualquiera. Ni él ni ella son especialmente atractivos. Ella no pasa por su mejor momento. De hecho, esa noche está algo achispada y ha ligado en varios de los antros por donde antes la ha arrastrado su amiga; pero nada de lo que ha encontrado la ha podido sacar de su letargo. Mientras, a las tres de la mañana, cuando la mujer se mueve sola al ritmo de la música en la pista, de forma inesperada cruza su mirada con la de un hombre acodado en la barra del bar: es en ese momento cuando la mujer inicia una danza de seducción y empieza a bailar ya no sólo para ella misma sino también para él: Sube al coche/reina de la noche/olvida tu malhumor…

El hombre se llama Ramón y tiene 46 años; ella, es Mónica. Mónica tiene 29 años y es periodista. Trabaja concertando entrevistas con personajes famosos para un programa de televisión por un triste sueldo. Ramón no quiere explicar demasiadas cosas sobre su vida y, en especial, sobre su vida laboral pero después de esa primera aproximación se vuelven a citar al cabo de una semana con la casi certeza de que algo singular ha podido surgir de una noche que no parecía diferente a otras noches salvo el momento en que se encontraron sus miradas. Y es en esa nueva prueba donde la evidencia se convierte en algo único y singular y donde, después de unas pocas horas, llegan a tocar el cielo: Well, never mind/we are ugly but we have the music…

En uno de los muchos tuits que el autor responde en una red social, un seguidor lanzaba una frase —el fast food de las letras actual con limitación de 140 caracteres—, y a modo de titular decía más o menos «Lorenzo Silva se pasa del negro al rosa». A lo que el autor respondió, también más o menos, «¡Hombre, no tanto!». Y es que Música para feos es una historia de amor y aunque no es la primera vez que el autor trata sobre ello, es evidente que el seguidor hacía referencia a la saga de Bevilacqua y Chamorro. Pero hasta para cualquiera que no haya leído otros libros de Silva fuera de su pareja de la Guardia Civil, sabrá que el amor ha estado también presente en su serie de novela negra aunque de manera mucho más contenida: A love so beautiful/A love so sweet/love so beautiful/A love for you and me…

La historia viene contada de primera mano por la voz de Mónica desgranando su vida con Ramón desde el mismo día en que se conocen. El escritor, poniéndose en la piel de la mujer, irá soltando lastre y desarrollando la relación de dos personas que saben que incluso a contracorriente han tenido la suerte de encontrarse para ser felices: Náufragos de un mar de dudas/ navegaremos los dos/ víctimas de esta locura/ poco frecuente/ de un amor contra corriente…Mientras avanza el testimonio de Mónica, el autor irá mostrando de manera palpable algunas pistas para que el lector vaya aventurando el posible desarrollo de la historia. Lejos de hacer del libro algo previsible, hará que su relato sea aun más hermoso al no querer esconderse detrás de embustes literarios ni malabarismos innecesarios sino que imprimiendo luz y sin mentir —incluso hasta diría que podría tratarse de una acto de protección hacia el lector—, la relación que nos está contando se observa de manera más próxima y auténtica: As far as my eyes can seet/ there are shadows approaching me/ And to those i left behind/ I wanted you to know/youve always shared my deepest thoughts/ you follow where i go…

Todo lo contrario a los preceptos que hacía referencia anteriormente sobre el fast food literario y los aforismos desmedidos que nos invaden hoy en día en la literatura, Ediciones Destino habrá tenido alguna que otra complicación a la hora de extraer alguna frase de Música para feos como reclamo para el libro y que no quedara fuera de contexto —yo misma siempre utilizo algún pequeño párrafo como ejemplo de estilo pero en esta ocasión ha sido imposible—, ya que el autor, realizando un ejercicio de calidad, utiliza unos parágrafos inmensos que harán las delicias de aquellos a los que nos gusta leer algo más que no sean sólo máximas deslucidas y gastadas en exceso. Con algunos párrafos de más de dos páginas y con oraciones perfectamente ejecutadas y llenas de sentimiento —que no de sentimentalismo—, el lector se deja mecer por las letras escritas y, a la vez, al son de una lista de Spotify creada para escuchar con este libro. Una play list  que se convierte no sólo en un añadido sino en un personaje más de la novela al dotar una canción para cada momento según ese código íntimo de cualquier enamorado: Yo quiero verte danzar/cómo los zíngaros del desierto… Una música que está recreada según la edad de cada protagonista y con la que, de manera generosa, el autor nos explica alguna cosa más sobre sí mismo.

El propio Lorenzo Silva ha desvelado en alguna entrevista el misterio que rodea a la profesión de Ramón, aunque aquí, al no tratarse de una conversación, sería más ético no desvelar nada de la novela que se salga de la propia sinopsis. Sólo indicar que el libro no transcurre sólo en Madrid sino que se desplaza varios kilómetros más: un lugar que el escritor quiso descubrir para poder hacérnoslo llegar con detalle en Música para feos al tratarse de una parte fundamental del libro.

Esta es una historia limpia y noble que pueden leer personas de cualquier género. No hay imposturas, no hay sentimentalismos, y recrea una historia que bien podría ser la de cualquiera de nosotros aunque existan parámetros que difieran; pero en el amor, el buen amor, no es diferente ni indiferente,…En el amor no hay posturas ridículas ni cursis ni obscenas. En Música para feos, tampoco.

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