Mis reliquias literarias

Mis reliquias literarias

cuarto-curso-en-torres-de-maloryCuando el 14 de mayo, a través de Twitter, vi que el blog Trotalibros lanzaba un post donde animaba a compartir aquellos libros que guardamos cual reliquias para darlos a conocer, fue imposible resistirse aunque, de buenas a primeras, ya sabía que me toparía con un problema y del que soy consciente desde hace muchos años: aquellos libros que me iniciaron en la lectura ya no existen. Y el culpable, el maldito espacio. Y así, un buen día, todos ellos desaparecieron aunque, eso sí, bajo mi supervisión. Y es que cuando uno es adolescente, tiende a tirar por la ventana aquello que le recuerda o huela a infancia.

Después, con el pasar de los años, me habría encantado tenerlos y, no meclaudina-en-santa-clara importa decirlo, hasta releerlos. Ahora, me veo buscando las imágenes de aquellas colecciones por Internet. Pero así es la vida.

Me inicié en la lectura con Enid Blyton: Torres de Malory, Santa Clara, Los cinco, Los siete… Continué con Mark  Twain, Robert L. Stevenson, Julio Verne… (He de decir en mi descargo que de estos últimos, me he visto en la ‘obligación’ moral de comprarlos nuevos, pero ya no sirven como ‘reliquias’ para esta entrada).

Después de acabar mi relación con lo que yo creía ‘literatura juvenil’ -de hecho así está clasificada-, empecé a atacar la biblioteca de mi casa. Primero bajo la supervisión de mi madre poesiapero como yo leía más deprisa de lo que ella me recomendaba y tampoco quería que me repitiera el consabido ‘¿Ya lo has terminado?’ empecé a leer todo lo que me apetecía a escondidas, de manera indiscriminada y aleatoria. Conocí la poesía de la mano de Bécquer o García Lorca; el teatro gracias a Jardiel Poncela y la narrativa con unos cuantos autores más que no voy a nombrar. (Más adelante con la siguiente entrada e imágenes correspondientes).

En otro lugar dije que las lecturas que me había marcado en mi adolescencia habían sido Sinuhé el egipcio (histórica) de Mika Waltari, La isla (distopía y para mí mejor que Un mundo feliz) de Aldnarrativaous Huxley y Carta de una desconocida de Stefan Zweig, narrativa epistolar y con unos flasbacks maravillosos. (Libro desaparecido misteriosamente de mi biblioteca). Como de estos libros ya hablé, hoy no voy a hacerlo aunque sí adjunto imágenes de ellos. (Menos el de Stefan Zweig que espero esté escondido en otra estantería).

Pero hoy, si hay un libro que deba nombrar y que marcó mi amor también por el misterio y el enigma, y que merece atención especial, es Rebecca de Daphne Du Maurier. Una reliquia con ilustraciones que avivaron mi imaginación y que releí en no sé cuántas ocasiones gracias una vieja colección de libros Aguilar con hojas del llamado ‘papel de biblia’.

Y hasta aquí, la I parte de ‘Mis reliquias literarias’. Un placer.

Rebeca1

   Rebeca2

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