Este muerto no lo cargo yo

este-muerto-no-lo-cargo-yoEste muerto no lo cargo yo. María Clara Rueda. Editorial Alrevés.

María Clara Rueda (Bogotá, 1958) estudió Economía en Bogotá, Nueva York y  Ginebra. Ha trabajado como periodista y como economista en Colombia y en Suiza. Profesora de macroeconomía y relaciones internacionales en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich, vive en Suiza desde 1996 con su esposo y su hijo.

Sinopsis:

Diego Almeida no es valiente.

Solo es un tipo cualquiera. O lo era. Dejó de serlo el día en que aceptó la invitación de un fulano para pasar en su casa lo peor de una borrachera espantosa. Ese día el mundo se le vino encima. O acabó de venírsele porque ya desde antes la cosa iba en bajada. Aun así, si tuviera que jurar, si tuviera que elegir entre los muchos desastrosos momentos de su infeliz pasado, sin duda elegiría ese como el día en el que para él comenzó el infierno.

Y Almeida no está bien preparado: abogado comercial (desempleado), pelele sin remedio (según su madre) y amante regular (según él mismo), Diego no ha visto en su vida un cargamento de coca, no sabe una palabra sobre la trata de blancas y jamás, jamás, ha asesinado a nadie.

Por culpa de ese mal momento, ahora tendrá que aprender, y rápido, a deshacerse de cadáveres que empiezan a oler en serio, a fabricar otros antes de que los vivos acaben con él, a salvar el pellejo sin poder confiar en nadie. En su haber tiene: la notable elasticidad de sus escrúpulos y una absurda, patética, incapacidad de creer en su mala suerte.

Reseña:

¿Qué le pasa a un hombre cuando se ha quedado sin su Bang & Olufsen, sin su sofá de piel blanco, y le sigue como una sombra todo el día El cobrador del Frac mientras camina por las calles de Madrid? Pues que la opción más viable que dispone es la de lanzarse desde el todavía balcón de su casa -aunque por poco tiempo-, un quinto piso y morir aplastado sobre un BMW, eso sí. Pero Diego Almeida, colombiano y abogado desempleado y acosado por las deudas, tiene de repente una brillante idea y, con los 50€ que le quedan en el bolsillo, decide ponerla en práctica y celebrarlo a lo grande agarrando la peor borrachera de su vida.

Pero resulta que a los perdedores, aunque les parezca que por fin ha llegado el final de su mala suerte, a lo mejor, lo único que realmente ocurre es que empieza otra racha aún peor que la anterior y que a perro flaco, todo son pulgas. 

La operación vomitar, dormir, vomitar, se repitió varias veces hasta las tres de la tarde. A esa hora, el guayabo y la jaqueca desaparecieron, pero le dejaron el cerebro hecho crema. El secreto, ahora, consistía en moverse lenta, muy lentamente, para evitar que la salsa espesa en la que se había convertido su yo se le estrellara contra el cráneo. Cualquier movimiento brusco podría revivir el tormento.

Este muerto no lo cargo yo es una divertida y alocada novela cuyo protagonista se hace querer rápidamente por su mala suerte, por su poca experiencia en los ‘fregaos’ en los que se ve inmerso, y por la falta de perspicacia ante el nuevo mundo en el que ahora le toca vivir. Con una trama muy bien organizada y ejecutada, María Clara Rueda construye un argumento perfectamente desarrollado y, con apenas unos pocos personajes – aunque Diego Almeida se sirve y se vale solo para llenar las páginas de este libro-, el enigma y los embrollos se sucederán rápidamente cimentando una historia muy sólida además de bien ambientada, con lo que todo el conjunto será muy creíble.

La autora -que desconozco si lleva muchos o pocos libros escritos-,  dispone de una narrativa ordenada, bien elaborada y con unas oraciones y párrafos que harán las delicias de aquellos lectores que buscan dejarse seducir por las letras y que les gusten las novelas de intriga, persecuciones… y muertos.

Novela muy seriamente trabajada, hilarante, disparatada y con una urdimbre consistente donde los muertos se irán sucediendo muy a pesar de Diego Almeida y de no saber qué es lo que está sucediendo ni de qué se le habla cuando le hablan -eso si tiene algo de suerte y no recibe ninguna paliza-, y es que entran ganas de decirle al protagonista de este libro: Ay Manolete, si no sabes torear pa qué te metes. 

Share on Facebook43Share on Google+6Pin on Pinterest2Email this to someone

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *