Las calmas aparentes

las-calmas-aparentesLas calmas aparentes. Federico J. Silva. Baile del Sol.

Federico J. Silva, (Las Palmas de Gran Canaria, 1963), es licenciado en Filología Hispánica. Tiene publicados entre otros, los siguientes libros: Sea de quien la mar no tiene airada (1995), La luz que nos hiera (1996), Aun amar adverso (1996), Ultimar en tus brazas (1998), Bestiario de la implicitación (2000), Las veladas de Monsieur Teste (2000), Este hombre que está junto a ti al borde extático del precipicio (2005), El crimen perfecto (2005), Era Pompeía (2005), Donde menos se piensa salta el gatoliebre (Tenerife, 2005) y Las calmas aparentes (Tenerife, 2015).

Sinopsis:

En una España rescatada por Europa, con la soberanía en manos de las agencias de calificación de la deuda, con los borbones al pie de la escalera del avión y camino del exilio, con la Sanidad y la Educación privatizadas y el aborto prohibido, tienen lugar el canto de cisne del periodismo, minado por la corrupción de banca, política y medios de comunicación, y relaciones personales de toda condición, marcadas por la urgencia y lo transitorio del momento: sexo, homofobia (con la muerte de un político en un parque público), feminismo, neomachismo, etc.

Una narración que aborda de forma desprejuiciada la situación actual del país, con tintes distópicos, pero que es también un artefacto literario, plagado de homenajes, reflexiones sobre la escritura, la teoría literaria y el mundo editorial.

Reseña:

Si la ficción literaria es una simulación de la realidad, en Las calmas aparentes, el nuevo libro de Federico J. Silva, encontraremos mucho de verdad bajo un prisma distópico, más que posible, en una España actual donde las relaciones personales, el sexo, la literatura y la corrupción periodística tendrán cabida en esta narrativa breve pero más que intensa.

El autor propone en Las calmas aparentes diversos juegos: … Yo busco un lector cómplice, activo, participativo, despierto y crítico que construya la novela, explica Federico J. Silva en un periódico canario para hablar de ésta. Autor de diversos poemarios y que se estrena ahora en la narrativa, el libro ofrece dos tipos de lectura a lo Rayuela donde el lector podrá escoger la ruta que prefiera. Con homenajes entrañables a las letras y al cine entre sus páginas, este es un libro del que no se puede escapar debido a un estilo singular que fascina nada más empezar a leerlo y que consigue el objetivo, claro, de provocar al lector.

Audaz y seductora, Las calmas aparentes ofrece el placer de asentir o disentir sobre los diversos parlamentos con que nos obsequian los personajes de esta novela.

Con varios mensajes que en su mayoría no deben ser desaprovechados debido a un claro componente de denuncia social, ésta es una novela coral relatada en primera persona por los propios personajes que componen el relato. El derrumbe moral del periodismo -el autor ha ejercido como periodista y sabe de lo que habla-, actúa de eje central en una trama donde también las relaciones sentimentales de los personajes cobran vida gracias a los monólogos de cada uno de ellos, dándonos a conocer de primera mano “la cara A y la cara B” de cada uno de ellos y del entorno en el que se mueven y respiran.

El estilo narrativo de Federico J. Silva es más para ser escuchado, que leído. Gracias a las voces que pueblan esta novela y que el lector percibirá claramente –Manu, Maica, Asun, El Gordo Cabrón…-, los protagonistas nos hablarán y se nos presentarán físicamente y no porque el libro esté narrado por ellos sino gracias a un preciso, y precioso, lenguaje donde la polifonía literaria se centra más en transmitir los sentimientos e intenciones que en contar o relatar.

Hoy entraré en casa con un deseo inhumano de sentarme a escribir. Así, con las palabras llenas de nervio y urgencia.

Con unos capítulos muy cortos -o quizás párrafos largos de una gran fluidez-, éstos quedarán abiertos para que la charla entre el escritor y el lector pueda continuar fuera de las 89 páginas que brinda el libro.

Un libro donde el verdadero protagonista, quizás, no sean los personajes. A lo mejor tampoco la trama, ni la distopía ni el periodismo y todo sea una excusa para que Las calmas aparentes rinda honores a las palabra escritas, a ese mágico poder de que algo puede cambiar gracias a ellas a través, también, de la ficción y de la narrativa. Y bendito poder el de Federico J. Silva para narrarlas.


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