Patria

Patria. Fernando Aramburu. Planeta.

Por Cecilia Herreros @ceciliaherreros

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y desde 1985 reside en Alemania. Narrador destacado, es autor de tres volúmenes de relatos y de las novelas Fuegos con limón, Los ojos vacíos, El trompetista del Utopía, Bami sin sombra, Viaje con Clara por Alemania, Años lentos, La Gran Marivián, Ávidas pretensiones y Las letras entornadas. Ha merecido, entre otros, el Premio Euskadi, el Premio Mario Vargas Llosa, el Premio Real Academia Española, el Premio Tusquets Editores de Novela y el Premio Biblioteca Breve.

Sinopsis

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.

Reseña

Novela basada en hechos reales, cuenta la historia de la lucha armada llevada a cabo por la banda terrorista ETA hasta su abandono de las armas, y cómo y de qué manera influye en los habitantes de un pueblo y, sobre todo, en el seno de dos familias enfrentadas después de haber sido íntimas y de haber compartido momentos inolvidables. Estas familias son golpeadas de una u otra manera por el terrorismo y unos y otros, son a la vez víctimas y verdugos.

Es una novela política pero no solo eso, es una novela de costumbres donde conocemos la vida de los personajes a través de sus más íntimos pensamientos, vivencias, sentimientos, ideas políticas, que el autor va describiendo de manera excepcional a través de capítulos cortos uniéndolos como si fuera un cuento.

Las mujeres de esta historia son, de alguna manera, más protagonistas que el resto de personajes por  la fuerza de su carácter y porque recae sobre ellas todo el peso y la mayor parte de la crudeza de la novela; las que más luchan, a su manera, contra las adversidades sociales y familiares —una es madre-coraje y otra simplemente  “víctima”—.

A pesar de tener mucho contenido político, no se pone de manifiesto en la novela ninguna línea ideológica a favor o en contra del  tema tratado, ningún pensamiento, afín o no, a la ideología de la banda y eso se lo deja a los personajes y a situaciones, a veces tan esperpénticas, que el  lector no sabe si  “querer-odiar” a la “víctima-verdugo” o viceversa.

Novela dura, remueve las entrañas, no solo por el tema tratado sino por la relación de los personajes y sus diálogos. Contrariamente a lo que se pueda imaginar, describe también sentimientos agradables, superación por mejorar el día a día, lucha por la supervivencia, amores no correspondidos, amores prohibidos, amores redimidos.

La hipocresía tiene un papel destacado en el pueblo, en cada familia, en la sociedad en general y en la Iglesia, una iglesia que sirve de refugio a muchos feligreses que, a veces, abandonan la fe porque no encuentran consuelo en el  discurso de  doble moral administrado por el párroco y huyen  horrorizados.

Por último, habla del PERDÓN, donde las víctimas lo necesitan  para cerrar el círculo y, al menos, entender, si es que se puede, de dónde viene tanto odio y porqué. Necesitan  poder perdonar y descansar de tanto sufrimiento, aunque no olviden.

El mismo autor se plantea en el capítulo 109, el porqué él mismo no se integró nunca en la banda, cuando eso era lo “común” en una sociedad donde lo difícil es decir NO, pasar desapercibido y estar en boca de todos. Ese pensamiento-idea estaba tan interiorizado en el pueblo y en el día a día que era muy complicado abstraerse de él.

Muchas de las situaciones por las que pasan los protagonistas, hacen que recuerde un conflicto que también se produjo hace algunos años dentro de nuestras fronteras. Una guerra fratricida que nos hace también plantearnos la ley de “ Memoria  Histórica” y que sería extrapolable a esta otra “guerra” que, aunque terminada, falta igual que en aquella, recordar que las víctimas se merecen un merecido y digno descanso.

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