En el lago

En el lago. Yasunari Kawabata. Emecé editores.

Por Liliana Souza

A Yasunari Kawabata, ciento cuarenta y dos páginas le alcanzaron para aceptar que un escritor convive con la incerteza absoluta.

… mis novelas podrían terminar en cualquier lugar; en realidad, no tienen un final …

Yasunari Kawabata nació en Osaka en 1899. Huérfano en la primera infancia, ávido lector, ha sido un solitario, un huésped de sí mismo. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1968, por la delicadeza de su obra, llena de imágenes sugerentes. La soledad, la muerte, la búsqueda de belleza y el interés por lo femenino, fueron sus temas centrales. Abordó complejidades y sutilezas a través de una conciencia atrapada, para sorprendernos en lo más íntimo, en la emoción. Entre sus obras se destacan “Lo bello y lo triste”, “País de nieve”, “Mil grullas”, “El maestro de Go”, “En el lago”, “Historias en la palma de la mano”, “La bailarina de Izu”, “El sonido de la montaña”, “La pandilla de Asakusa”, “Kioto”. Tenía 72 años, cuando enfermo y deprimido, se suicida el 16 de abril de 1972, a orillas del mar. Ciento cuarenta y dos páginas alcanzan para admirar “En el lago”, un mosaico de voces y escenarios, una historia de obsesiones. En esta nouvelle, moderna y experimental, Kawabata lucha con el lenguaje para recortar el vacío. Cuenta la vida de Gimpei Momoi, un ex profesor de lengua, un hombre en busca de la perfección.

“… Gimpei Momoi llegó a Karuizawa al final de la temporada de verano, cuando ya se iba sintiendo el otoño. Compró unos pantalones de franela y se quitó los viejos. Después, un suéter y una camisa, y, como la noche estaba fría y húmeda, también un piloto azul. Karuizawa era un buen lugar para ropa de confección. Adquirió también unos zapatos cómodos y dejó el par gastado en la tienda. Pero ¿qué hacer con las prendas viejas, que había envuelto en un atado? “Si las tiro en alguna casa desocupada, no las encontrarán hasta el siguiente verano”, pensó. Dobló en un callejón y palpó la ventana de una casa abandonada, pero estaba tapiada con maderas y clavos. No quería arriesgarse a romperla. Lo consideró un acto propio de un criminal. Se preguntó si lo sería realmente, aun cuando su crimen podría no haber sido denunciado por la víctima. Metió la ropa dentro de un recipiente para basura que había delante de la puerta de la cocina y se sintió aliviado. Tal vez por descuido de los turistas, o por pereza del encargado, no estaba vacío. Al presionar el atado, sintió ruido a papel húmedo. La tapa no cerraba bien. Pero esto no le preocupó. Después de treinta pasos se volvió. Le pareció que un enjambre de mariposas nocturnas revoloteaba en medio de la niebla cerca del recipiente de basura. Al detenerse y a punto de volver sobre sus pasos, la plateada visión se disipó, dejando una luz tenue y azulada entre los pinos que se alzaban sobre su cabeza. Los árboles formaban una hilera en la avenida, al final de la cual había un arco con luces a modo de decoración. Era la entrada a un establecimiento de baños. Al ingresar en el jardín, Gimpei se pasó la mano por la cabeza. Estaba prolijo. De hecho, la gente a menudo se sorprendía por la destreza con que él mismo se cortaba el cabello con una navaja. Una empleada lo condujo a la sala. Y tras cerrar la puerta, se quitó una chaqueta blanca. Sólo una banda de tela le cubría …”

El relato arroja destellos de un protagonista miserable, atento a la fealdad de sus pies y a las muchachas que intenta conquistar. Sinuoso paralelismo. El lago, desordena y arma nuevas constelaciones. Es el sitio donde la memoria se multiplica, en una ambientación difusa y saltos temporales. La prosa de Kawabata, sumamente atractiva, expone historias del Japón de posguerra y el giro radical en la vida de sus hombres.

… me gusta escribir según una corriente de asociaciones, que emergen una después de otra mientras trabajo …

A Yasunari Kawabata, ciento cuarenta y dos páginas le alcanzaron para aceptar que su lengua se nutre de las propias llagas. Limpio de culpas, hizo su trabajo. “En el lago”, se lee con inquietud pero sin opacar lo que transcurre de principio a fin. Ciento cuarenta y dos páginas, alcanzan.

***

Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.

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