Alcohol de 99º

Alcohol de 99º. Manul López Marañón. Ediciones Oblicuas.

Manu López Marañón nació en Bilbao en 1966. Es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. Jorge Urízar es el pintor del cuadro que aparece en la portada: La fuente del parque.

Sinopsis

Arturo Basabe y Asís Romerales son dos traficantes de droga que huyen de un acreedor a quien no pueden pagar. Detrás dejan un pasado de robos, reformatorios y cárceles. Los acompaña Fredi, un timador a quien conocieron en prisión y que convence a sus amigos para ir tras los pasos de su novia, Dora, que lo espera en Barcelona. Durante este viaje se toparán con un elenco de estrambóticos personajes entre los que destaca un fuguista, un ex bolerista, una prostituta reconvertida en atracción del restaurante de moda en la capital catalana y un terrorista. Estos nuevos «siete locos», del mismo linaje que aquellos erigidos por Roberto Arlt (y no menos turbulentos), tratan de abrirse paso, a tiro limpio si fuera menester, en la narrativa española.

Reseña

Los años 80 en este país se recuerdan como los años del auge creativo en varios campos como en el de la música, el teatro, en la moda —aquellas estrafalarias hombreras o los cardados en el cabello entre muchas otras cosas—, en las célebres fiestas nocturnas —la famosa Movida madrileña—, pero, también, ésos años serán recordados como la época del auge de las drogas, el nacimiento de un virus mortal en aquel entonces como el VIH, los atracos y también el llamado lumpen, grupos sociales urbanos marginales compuestos en su mayoría por los apodados quinquis. Manu López Marañón nos retrata aquella época en su primera novela Alcohol de 99º, ambientada en el Bilbao de barrios periféricos y con dos protagonistas, Artur, sin padre e hijo de drogadicta, y Asís, hijo de policía alcohólico y maltratador. Dos adolescentes que sueñan con poder pegar un palo y cambiar de vida.

Arturo Basabe y Asís Romerales, amigos desde la infancia, viven en Bilbao y tienen un pasado de reformatorios, cárceles y de camellos de poca monta. Su afán por ir más allá les llevará a un problema con un dealer y deberán emprender una huida hasta Barcelona. Irán acompañados por Frendi, un colega de la cárcel que desea encontrar a su novia Dora que se ha instalado en  ésa ciudad. Una vez ya en la capital catalana se unirán a un grupo del hampa, incluido un terrorista del GRAPO, e iniciarán un camino de dudoso retorno.

El autor desarrolla Alcohol de 99º utilizando dos estilos narrativos diferenciados aunque la novela se encuentra relatada toda ella por una voz omnisciente en tercera persona. Al inicio, donde se irán presentado a los personajes y se irá desentrañando tanto el origen de Artur como el de Asís, el libro se encuentra relatado con un estilo ejercitado con un lenguaje rico en matices que no abandonará durante la novela pero también, paralelamente, ésa voz narrativa, y a medida que los protagonistas van creciendo y van moviéndose cada vez en entornos más marginales, el lenguaje se irá adaptando al mundo de los dos muchachos y se convertirá en un lenguaje coloquial de quinquis a medida que la trama avanza y también con la inclusión de nuevos personajes.

Una desolación envenenada bullía por sus venas mientras los años, siempre inclementes, mellaban su carácter con las muestras de la pubertad. Y es que a diferencia de su amigo Asís, y a diferencia también del resto de la humanidad, pensaba sintiéndose un marciano, él no sabía quién era su padre.  

La acción y el argumento nos trasladará el lado oscuro de los sueños imposibles, aquellos que surgen con la fantasía por huir de un entorno social, de un barrio, de una infancia ardua. Son sueños de unos adolescentes con un futuro ya marcado aunque ellos, Artur y Asís, sólo verán oportunidades en los tiempos nuevos, tiempos salvajes de los años 80 donde no hay que pararse sino avanzar hacia lugares de incierto universo.

El último tercio de la novela se convierte en una acción constante, un progreso o, quizás mejor dicho, un desequilibrio profundo y cada vez más rápido donde lo de menos ya no es el cómo ni el porqué de la situación de los protagonistas sino que lo más importante es conocer la huida sobre ellos mismos en una existencia vivida a mil revoluciones y quemada con Alcohol de 99º.

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