El almirante flotante. The Detection Club.

El almirante flotante. The Detection Club. VV AA. Traductor Axel Alonso Valle. Akal.

Catorce miembros del prestigioso The Detection Club, entre ellos autores de la talla de A. Christie, D. L. Sayers, G. K. Chesterton o R. Knox, recibieron la propuesta de escribir una obra colectiva partiendo del planteamiento inicial de un caso criminal. Cada colaborador se enfrentó al misterio sin saber qué solución tenían en mente los autores precedentes y entregaron en un sobre cerrado su particular solución al crimen. Por primera vez en la historia, los creadores de Hercule Poirot, la Srta. Marple, lord Peter Wimsey y el padre Brown aplicaban conjuntamente su pericia al mismo caso. Así nació “El almirante flotante”, considerada como una de las novelas clásicas del género policiaco. (Diario de Sevilla).

Reseña

Si nombro a Wills Crofts o a Clemence Dane, quizás muchos no los reconozcan sin facilitar más datos pero si cito a R. Knox, G. K. Chesterton, D. L. Sayers, Anthony Berkeley, o a la propia Agatha Christie, la cosa ya cambia. Sí, todos ellos son escritores y escritoras de la Golden Age de la ficción detectivesca —sobre ello ya hablé aquí en su día—, y miembros del prestigioso The Club Detection fundado en 1929. 

¿Qué es The Detection Club? Una asociación privada de escritores de novelas policiacas de Gran Bretaña, cuya existencia tiene como principal objeto la celebración de cenas en común con una adecuada perioricidad y el poder hablar de trabajo a placer. (D. L. Sayers).

Una asociación donde además de ayudarse unos a otros —también criticarse, cómo no—, y de reunirse para eventos diversos, crearon un código deontológico de normas y valores de protección al lector ya que consideraban que éste debía de tener las mismas oportunidades que el propio autor para averiguar la solución del caso y que el escritor no debía incurrir a las trampas a la hora de resolverlo. Estos preceptos fueron sintetizados por R. Knox en diez normas que pueden encontrarse fácilmente por Internet.

En su día dejé escrito que en una historia detectivesca no debería aparecer ningún chino. (R. Knox). 

(Esta es una de las diez normas. ¡Atención!, no se trata de ningún sentimiento racista sino que Knox hace referencia al abuso de clichés sobre chinos en la literatura detectivesca de la época al igual que ahora disponemos de estereotipos en la novela criminal actual).

Este magnífico grupo de autores y pioneros del club se inventaron un admirable juego: catorce de sus miembros escribirían una historia que «se aproximara lo máximo posible a un problema de investigación detectivesca real» y cada escritor iría añadiendo un capítulo a la novela desarrollando así la historia. La solución al caso ideada por cada uno de ellos, sería entregada en un sobre sellado y Chesterton sería el encargado de redactar el prólogo. Anthony Berkeley cerraría todos los cabos sueltos. De esta manera nacería El almirante flotante publicado en el año 1931.

Un suboficial retirado de la Marina Real y aficionado a la pesca, en el momento en que está recogiendo los sedales lanzados el día anterior y se prepara para iniciar su nueva jornada de captura en el río Whyn y cercano a su casa, en la localidad de Lingham, verá como una pequeña barca sin remos y a la deriva, es arrastrada por la corriente. Pronto comprobará que la barca pertenece al párroco de la localidad y que dentro de la barca hay el cadáver de un hombre tumbado en el fondo. Recuperada la barca y poniendo sobre aviso a la policía, se constata que el fallecido es el almirante Penistone. Éste mostrará una herida profunda al haber sido apuñalado en el corazón.

El almirante flotante es un libro divertido e inteligente donde cada autor pondrá su imaginación en cada apartado y lo convertirá en una novela de enigma muy aguda. Aunque los capítulos son algo irregulares en calidad como puede suceder por ejemplo en un libro de relatos de varios autores, aquel lector amante de las novelas detectivescas y de los escritores de la Golden Age, deberá competir con catorce genios para intentar averiguar la solución al caso además de poder comprobar cuál es el estilo de redacción de cada uno. Los autores por orden de capítulos son: Victor L. Whitechurch, G. D. H y M. Cole, Henry Wade, Agatha Christie, John Rhode, Milward Kennedy, Dorothy L. Sayers, Ronald A. Knox, Wills Crofts, Edgar Jepson, y Clemence Dane. Además, tendremos el prólogo de G. K. Chesterton y un capítulo final llamado “Aclarando el embrollo” de Anthony Berkeley.

En la edición de Akal encontraremos también un apéndice de “Soluciones” donde cada autor facilitará su resolución al caso excepto Victor L. Whitechurch y G. D. H y M. Cole, que no ofrecen ninguna. Aparecerá otro apéndice de un extracto de una carta de John Rhode que no expondré para no revelar la trama, y una opinión de un asesor jurídico que tampoco desvelaré para no hacer spoiler

Pero para redondear todo ello, atención a la introducción de mi autora favorita de la Edad de Oro que es Dorothy L. Sayers y que para mí, sólo por eso, ya es impagable este libro. También hay que leer con detenimiento su capítulo así como la solución de la autora sobre El almirante flotante, una de las más extensas y, en mi opinión, tanto la introducción, como su capítulo y la solución, lo mejor de todo el libro. 

Un libro curioso. Un juego de unos autores que podemos tener la suerte de conocer y de leer en una novela única. 

… 

 

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