Los besos en el pan

Los besos en el pan. Almudena Grandes. Tusquets.

 

Por Liliana Souza.

Almudena Grandes nació en Madrid, en 1960. Escribió cuentos y novelas. “Las edades de Lulú”. “Te llamaré Viernes”. “Malena es un nombre de tango”. “Atlas de geografía humana”. “Los aires difíciles”. “Castillos de cartón”. “El corazón helado”. “Modelos de mujer”. “Estaciones de paso”. “Inés y la alegría”. “El lector de Julio Verne”. “Las tres bodas de Manolita”.

Obtuvo diversos galardones. “XI Premio de La Sonrisa Vertical”. “Premio de la Fundación Lara”. “Premio de los Libreros de Madrid”. “Rapallo Carige”. “Prix Méditerranée”. “Premio de la Crítica de Madrid”. “Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska”. “Premio Sor Juana Inés de la Cruz”. “Premio de los Libreros de Sevilla”.

En la actualidad es la escritora de mayor proyección internacional de la literatura española, destacándose también, como columnista habitual del diario El País y en programas de la Cadena SER. Lo que antecede es suficiente motivo para leer con suma expectativa “Los besos en el pan”, su última novela, centrada en la crisis de 2008 que sacudió de forma estructural a todas las clases sociales de su país. Almudena Grandes nos introduce en tema, al contarnos:

«Estamos en un barrio del centro de Madrid. Su nombre no importa, porque podría ser cualquiera entre unos pocos barrios antiguos, con zonas venerables, otras más bien vetustas. Este no tiene muchos monumentos pero es de los bonitos, porque está vivo. Esta es la historia de muchas historias, la historia de un barrio que se empeña en resistir, en seguir pareciéndose a sí mismo en la pupila del ojo del huracán, esa crisis que amenazó con volverlo del revés y aún no lo ha conseguido. En este barrio viven familias completas, parejas con perro y sin perro, con niños, sin ellos, y personas solas, jóvenes, maduras, ancianas, españolas, extranjeras, a veces felices y a veces desgraciadas, casi siempre felices y desgraciadas a ratos. Algunos se han hundido, pero son más quienes resisten por sí mismos y por los demás, y se obstinan en cultivar sus viejos ritos, sus costumbres de antes, para no dejar de ser quienes son, para que sus vecinos puedan seguir llamándoles por su nombre. Muchas tiendas antiguas han cerrado. Han abierto otras nuevas. Por lo demás, en septiembre empieza el curso, en diciembre llega la Navidad, en abril brotan las plantas, en verano, el calor, y entretanto pasa la vida. Vengan conmigo a verla».

La vida unifica toda época, idioma y disciplina. Buena invitación, ineludible, si como lectores nos consideramos merecedores de la emoción, de la inteligencia. Porque quien invita, maneja una prosa clara, fácil de seguir y al mismo tiempo aguda, profunda. Porque hay libros que se dirigen a quien los lee, planteando patrones de empatía, ya sea en la familiaridad de sus lenguajes, de sus escenarios, de sus tramas, de sus personajes o de su propio imaginario. Hay otros libros, que buscan incomodarlo, inquietarlo, alterarlo, desplazarlo de situaciones que se presumen como naturales. Este texto es una conferencia, donde se halla el diálogo natural que hay en lo vivo. En el mar. En la respiración. En el latido. En los besos en el pan.

« … Ahora, todos los días va andando a trabajar. Ha vuelto a llevar traje y corbata, aunque no puede escoger su ropa. La imagen corporativa de la empresa exige traje azul, camisa blanca y corbata oscura para todos los empleados de su departamento. Es demasiada elegancia para pasarse ocho horas dentro de una garita, subiendo y bajando la barrera del aparcamiento, pero a Sebastián no le importa, porque no ha tenido que pagarla él. Aunque Tomás sigue sin creerlo, la verdad es que le está muy agradecido por ese puesto, ese sueldo que no le permite ahorrar para el divorcio, pero sí mandarle dinero a sus hijos todos los meses y pagar su parte correspondiente del sueldo de Daisy, la cuidadora de su madre, doscientos euros que su padre ha puesto por él, sin decirles nada a sus hermanos, desde que empezó su ruina. Además, su nuevo trabajo le deja mucho tiempo libre. El edificio todavía está medio vacío y algunas mañanas apenas tiene que abrir la barrera para dos docenas de vehículos. Durante el resto del tiempo está solo y le sobran horas para leer, para hacer crucigramas, para navegar gratis por Internet con el portátil asignado a su puesto de trabajo. Cada tarde, manda su currículum a todas las ofertas de empleo que ha descubierto en la red por la mañana, pero aún no le ha llamado nadie». 

La realidad descarta azares. Lo que asoma tras el humo es el aroma de lo milagroso, la obra respira. Y el movimiento de esa respiración es palabra pura. Lo que Almudena no necesita, es decirlo de manera más simple, o más clara. Porque sabe trabajar con las luces de una forma precisa y puntual, concentrando toda la atención. Los personajes se entrelazan en esta novela atrapante. Son presencias, a la que sólo diferencian lo vivido y la memoria. Son cuerpos, que necesitan movimiento, fricción, fuerza. Cuerpos y poses, para besar el pan.

***

Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.

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