Memorias de una superviviente

Memorias de una superviviente. Doris Lessing. Traducción de Mireia Bofill Abello. Debolsillo. 

Por Liliana Souza.

“Todos recordamos esa época. No fue distinta para mí que para otros. Sin embargo hoy nos contamos una y otra vez las particularidades de los hechos vividos y, al repetirlos y escucharlos, es como si dijéramos: ‘¿Fue así, también, para ti?’ En ese caso, eso lo confirma, sí, así fue, así debe de haber sucedido, seguramente, no lo imaginé.”

Competimos y disputamos, como gente que ha visto seres extraordinarios durante un viaje:

“¿Viste ese gran pez azul? Ah, el que tú viste era amarillo. En cambio, el mar que cruzamos fue el mismo, el período prolongado de malestar y tensión, antes del fin, el mismo para todos, en todas partes: en los sectores que conformaban nuestras ciudades, las calles, los grupos de altos edificios de apartamentos, en los hoteles, como también en las ciudades, las naciones, los continentes …”

Tal vez no suceda con todos los libros, pero sí, con Memorias de una superviviente. Al ser leído a viva voz, se eleva, se desprende del papel, inunda los cuartos. Se adueña del aire. Cambia el clima. La voz que lo habita es la de quien lo ha concebido y produce un oleaje arrollador. Esa voz es la de Doris Lessing, y la expansión de la palabra, en ella, adquiere otro acuerdo. Dedicada a innovar dentro del campo literario, pero también a observar desigualdades raciales, sociales y de género, y sin duda, plasmándolas. Porque hay autores que escriben para imaginar sucesos. Pero hay otros, cuya vida es toda una aventura y entonces, deciden escribirla. Nació en 1919, en Kirmansha, hoy Irán. Murió en 2013, en Londres. En 1962 publicó su novela más conocida, “El cuaderno dorado”, con la que alcanza un lugar indiscutido en las letras inglesas, que jamás abandonó y le valió el premio Nobel de Literatura 2007. Publica más de cincuenta libros. Novelas, poesía, memorias, cuentos cortos, ensayos, obras de teatro y libretos de ópera. Además del Nobel, recibe, según su opinión, “todos los malditos premios que se dan en Europa”, como el Somerset Maugham Award, el Prix Médicis Étranger, el W. H. Smith Literaty Award, el Premio Internazionale Mondello, el Premio Grinzane Cavour y el Príncipe de Asturias. Porque un relato obedece a un orden, Memorias de una superviviente, es una novela que conquista. Los ojos saltan de una palabra a otra sin arrojar ancla a puntos, comas o paréntesis, porque leer transforma por dentro. El texto es una sumatoria de símbolos. Se arma sobre sí mismo, como un ovillo que se hila y se deshila, en un mismo plano singular y secreto. Hay inquietud, una necesidad de movimiento y de súbitas tormentas.

“…cuando le confirieron vitalidad esos trozos que respondían exactamente al diseño. Aunque no, no vi eso, o bien si lo vi con claridad … ese mundo, al presentarse en mil visiones fugaces, facetas de otra imagen, efímero todo él, se dobló sobre sí mismo en el momento en que entramos en él para luego dividirse, encogerse y desaparecer … todo, árboles y arroyos, pastos y cuartos y personas. Pero la única persona que yo había buscado todo el tiempo estaba allí, sí … allí estaba ella. La verdad es que no puedo decir claramente cómo era. Era bella. Esta palabra es adecuada. La vi tan solo un instante, durante un período igual al de la chispa que se apaga en la oscuridad, una visión apenas percibida. Me miró solo una vez y lo único que puedo decir es … nada. A su lado entonces, cuando se volvió para alejarse y abrir la marcha, mientras el mundo se doblara sobre sí mismo a su alrededor, iba Emily, y junto a Emily, Hugo, y siguiéndolos, Gerald. Emily, sí, pero más allá de sí misma, en una transmutación y en otra dimensión, y la bestia amarilla, Hugo, se adaptaba ahora a su nueva personalidad. Un animal espléndido, hermoso, todo dignidad generosa y dominio, marchando a su lado, mientras ella le apoyaba una mano en el pescuezo. Ambos marcharon rápidamente detrás de ella, la que los guiaba y les mostraba el camino, fuera de ese pequeño mundo hundido, hacia otro enteramente distinto. Ambos, por un instante, volvieron la cara hacia atrás, al pisar el umbral de ese mundo. Sonrieron … y al ver esos rostros Gerald se sintió atraído, aunque seguía sacudido por un terrible conflicto, y miró a su alrededor y a sus espaldas, mientras los fragmentos brillantes giraban a su alrededor. Por fin, en el último instante, llegaron sus niños corriendo, cogiéndose las manos y las ropas, y todos sucesivamente fueron pasando mientras se disolvían las últimas paredes.”

Acabo de transcribir la última página y me pregunto, ¿la última página del libro, revela la historia? Respondo, no. Habrá que leer las que anteceden para conocer el día a día de una mujer de mediana edad y clase media, que queda a cargo de una niña de doce años, a la que debe criar en una ciudad caótica, donde las ratas y las bandas de jóvenes errantes siembran el pánico. Una mujer y su esfuerzo para lidiar con la situación. En Memorias de una superviviente hay una dedicatoria. Reza,

 “este libro es para mi hijo Peter”.

Yo creo, que este libro, es para todos.

***

Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.

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