El refugio de los canallas

El refugio de los canallas. Juan Bas. Editorial Alrevés.

Por José Manuel López Marañón

Del mosaico de historias que urde Bas en su última novela, El refugio de los canallas (título que menciona una frase de Samuel Johnson sobre el patriotismo que, por vez primera, escuché a Kirk Douglas), destaco dos sobre las cuales pivotan todas. La primera, protagonizada por Margarita Pérez Mendieta (alias «La Pantera»), un trasunto de la bella psicópata Idoia López Riaño, relata un itinerario etarra bastante heterodoxo: adiestramiento, y principales atentados, pero también expulsión de la banda y hasta suicidio en una cárcel tras negarse a pedir perdón a sus víctimas. La segunda trama recrea los orígenes del GAL centrándose enseguida en una de sus actuaciones: la detención, tortura, asesinato y sepultura, de Joseba Zubia (hay ecos aquí del «caso Lasa-Zabala», etarras que en manos de los GAL siguieron idéntico camino). Encubiertos sus impulsores en nombres falsos (detectables a simple vista), no duda el autor a la hora de referirse a los poderes del Estado en la creación de los GAL; así, Fernando Gómez, presidente del gobierno, da la orden a su ministro del interior (Barriouso), quien delega en el director de la seguridad del Estado (Gonzalo Veredas).

La principal pega que puede ponerse a este valiente libro es que, sobre todo para lectores de mi generación –y aún más para quienes hemos vivido en Euskadi durante los «años de plomo»– su lectura puede convertirse en un ejercicio de reconocimiento más que en algo que nos aporte conocimiento. Así, abundan sucesos «de ficción» como el de ese activista que pega dos tiros en la nuca a un concejal de AP que le salvó en su infancia de morir atropellado, o el de ese funcionario de prisiones secuestrado en un zulo. Retrotraen ambos inmediatamente a hechos reales protagonizados, en el primer caso, por Ramón Baglietto, concejal de UCD asesinado en Elgoibar, y, en el segundo, por José Antonio Ortega Lara, 532 días secuestrado por ETA. Que se hayan apurado las casualidades a la hora de entreverar el armazón narrativo, sobre todo en el tramo final, resulta también poco eficaz.

Para Edurne Portela «la literatura no está para derrotar a una banda terrorista», ni tampoco –añado– para caricaturizarla: para eso ya está (y lo digo sin ironía) El Jueves. La literatura debe ir más allá, evitando un frentismo infantiloide. Existen tres poderosas imágenes en la novela de Bas que la colocan en la altura que persigue la gran literatura, y más cuando trata un tema delicado que genera sentimientos encontrados. El mismo día que ETA declaró su «cese de actividad» (20/10/2011) un personaje de El refugio de los canallas deja su caserío para ingresar en el geriátrico. Nacionalista radical y madre de etarra, antes de abandonar para siempre su hogar, la anciana mira enternecidamente el pilón donde se suicidó su marido, la cuesta por dónde aparecía su amante y el roble que le reveló cómo su hijo había sido asesinado. La segunda imagen hace referencia, también en 2011, a un Julián Arnedo (trasunto de José Amedo) alcoholizado y en la indigencia física y moral tras ser echado de la pensión que lo albergaba: el encargado de reclutar y formar a los mercenarios del GAL recurriendo a la mendicidad… Por último asistimos al homenaje, en 2014, de un etarra histórico recién liberado. «Pelufo», duro entre los duros, apenas reconoce a quienes lo vitorean; enardecido, desorientado, termina su discurso de agradecimiento con un rotundo GORA ETA MILITARRA que nadie de los asistentes secunda ya.

Estas imágenes (la anciana; Amedo –perdón, Arnedo–; y el ex preso) enteramente literarias radiografían mejor la desolación que generó este larguísimo conflicto que escribiendo, por ejemplo, que a un etarra le huelen los pies…

Termino esta primera reseña para Abrir un libro citando a Bernardo Atxaga (autor de la, para mí, mejor novela hasta la fecha –y es de 1996– sobre ETA: Esos cielos): «[Sobre Euskadi] no tengo gran cosa que aportar. Además, no nos engañemos, lo que opinemos nosotros [los escritores] no va a ninguna parte. No somos políticos.»

 

Juan Bas  (Bilbao, 1959). Fue guionista de radionovelas de humor, cómic (El Víbora, Cimoc…) y numerosas series de televisión (Farmacia de guardia, Turno de oficio…). Ha publicado, entre otros libros, los volúmenes de relatos Páginas ocultas de la historia (1999), escrito con Fernando Marías, y La taberna de los 3 monos y otros cuentos alrededor del póquer (2000). Las novelas El oro de los carlistas (2001), Alacranes en su tinta (2002), La cuenta atrás (2004), Voracidad (2006), Premio Euskadi de Literatura 2007, y Ostras para Dimitri (2012). Es autor también de los inclasificables Tratado sobre la resaca (2003) y La resaca del amor (2009). Y de la compilación de artículos de prensa El número de tontos (2007). Ha sido traducido al francés, alemán, italiano, ruso, búlgaro, noruego y euskera. Es columnista de opinión en el diario El Correo y otros periódicos de Vocento. Dirige desde 2010 el Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor Ja! Bilbao.

www.juanbas.es

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