Ya no quedan junglas adonde regresar

Ya no quedan junglas adonde regresar. Carlos Augusto Casas. Prólogo Julián Ibáñez. M.A.R. Editor.

Por Cristina de @abrirunlibro

Carlos Augusto Casas (madrid 1971), es escritor y periodista. Vomenzó su carrera en Diario 16 alternando su trabajo en prensa con otros empleos como repartidor de publicidad, ferrallista o realizando el control de calidad de na compañía aérea haciéndose pasar por un pasajero común. Después de pasar por agencia EFE y varios medios locales, ejerció como periodista de investigación para TVE, Antena 3, Cuatro y Teleonco. Actualente compagina el periodismo con la dirección de novela negra y policiaca Estrella Negra, de la editorial Cuadernos del Laberinto.

Ha participado en numerosas antologías de relatos de género negro en Ediciones Irreverentes y M.A.R. Editor. Con uno de estos relatos, El Bar de los asesinos, dedicado a Lisboa, obtuvo el XIV premio Internacional de Relato Sexto Continente, organizado por Radio Exterior de España.

SINOPSIS

Un viejo apodado El Gentleman espera semana tras semana la llegada del jueves. Es el día en el que verá a Olga, una joven prostituta que despliega sus encantos de saldo en la calle Montera. Pero al viejo no le interesa el sexo. Durante el tiempo que pasan juntos, ambos abandonan las pequeñas mezquindades de sus respectivas vidas para convertirse en otra mujer y otro hombre. Irreales y hermosos, como los sueños. Un día Olga es brutalmente asesinada. Cuatro abogados son los sospechosos de haber cometido el crimen y el viejo decide que ya está harto de que la vida le arrebate todo lo que ama. Ya no le queda nada, sólo la venganza. Comienza a hacer planes para matarlos uno por uno. El hombre más peligroso es aquel que no tiene nada que perder… porque ya lo ha perdido todo.

RESEÑA

Un viejo de 72 años. Una prostituta muerta. Una inspectora de la policía alcohólica. Un mafioso que desea ser una persona mejor…  Ya no quedan junglas adonde regresar en una novela negra que nos hablará de soledades. Soledades que dejan de ser hermosas si no tienes a nadie con quién compartirlas.

Teo, un anciano viudo de 72 años, encontrará en Olga, una prostituta joven de la calle, la compañía ansiada y la oyente discreta. Cada jueves quedarán para comer previo pago y sin sexo. Pero a Olga la asesinarán una noche cuatro abogados a los que se le va la mano con sus juegos. Teo, airado por todo lo que le han arrebatado, planificará su venganza y decidirá matar a los cuatro abogados uno a uno.

En el cuarto de baño, el fluorescente no paraba de parpadear, como si tuviera un tic. Oscuridad, luz. Oscuridad, luz. Al viejo no le molestaba. Se desvistió para darse una ducha. No recordaba cuándo fue la última vez que tomó una. Por lógica, imaginó que el pasado jueves. Estaba desnudo, inmerso en la oscuridad. Un segundo de luz le enfrentó a su imagen ante el espejo, de cuerpo entero. […] Entonces pensó en cómo alguien se podría sentir atraído por algo así, cómo alguien podría encontrar atractivo ese cuerpo. No pudo evitar verse estúpido y ridículo. Un pobre viejo iluso. Bajó la vista para dejar de contemplar la imagen del derrumbe de un hombre, apagó la luz y lloró.

Obra ganadora del VI Premio Wilkie Collins de Novela Negra, su autor, Carlos Augusto Casas, recurre al ritmo incesante de frases, párrafos y capítulos cortos con unos protagonistas que traspasarán la línea roja que existe entre el bien y el mal. Ya no quedan junglas adonde regresar es una novela de personajes donde será difícil no empatizar con ellos: de alguna manera todos son corazones solitarios que esconden penas y que quieren poner un nuevo rumbo en sus maltrechas vidas; y si se ha de matar, se hace. Una venganza que los convierte en un potente motor y, como ya se sabe, el que parece el más débil será siempre el más feroz. 

Girando la trama sobre el mismo eje de la vendetta, también hallaremos momentos de humor surrealista que darán un respiro al lector para poder soltar presión en un libro que se lee rápido y que se disfruta. Una trama donde Carlos Augusto Casas juega y cuenta con él para que éste se involucre con el destino de los protagonistas y se regocije con algunas situaciones disparatadas que darán ése algo más a una novela de la que estoy segura que el autor ha escrito porque la habría querido leer él.

Atención al prólogo de Julián Ibáñez como declaración de intenciones y al guiño que encontraremos en la novela hacia el prologuista por parte de su autor Carlos Augusto Casas

Novela negra que bebe del hard-boiled, dispone de situaciones duras pero también cercanas. Ya no quedan junglas adonde regresar, a la que llaman ya la novela negra del año de un autor de este país, es un libro que gustará tanto a los amantes del policial, de la novela negra e incluso, si me apuran, a los lectores de enigma, con perdón de Julián Ibáñez

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