Emily Brontë, la escritora solitaria

Emily Brontë, la escritora solitaria

Por Cristina de @abrirunlibro

No podía faltar en esta serie que vengo comentando últimamente sobre mujeres que destacaron en la época victoriana, Emily Brontë: la gran escritora con una única novela, Cumbres borrascosas —Wuthering Heights—, pero también poeta y mujer solitaria de la que se dice padeció síndrome de Asperger. Hermana de las escritoras Charlotte Brontë —autora de la intensa Jane Eyre—, y de Anne Brontë —escritora de la violenta La inquilina de Wildfell Hall o Agnes Grey—, el mundo imaginario de Emily destaca por la pasión en su narrativa tanto con su novela o con sus versos. 

Emily Brontë tuvo una corta vida. Nació en Thornton, Yorkshire, un 30 de julio de 1818 y moriría un 19 de diciembre de 1848. Hija de un sacerdote anglicano graduado en Cambridge, la madre moriría cuando Emily contaba con tan sólo tres años de edad. Tuvo cinco hermanos: Charlotte, María, Elizabeth, Anne, y el único chico, Branwell. Tras el breve período de Emily y sus hermanas en una escuela de Lancashire, María y Elizabeth morirían de tuberculosis en 1825. Dispuso de una corta estancia de formación en Bruselas pero fue el padre quien educaría principalmente a todos los hijos en la casa familiar e instruyéndolos, sobre todo, en la lectura y en el análisis de las obras. En 1838 Emily empezó a trabajar como maestra en una escuela de señoritas cerca de Halifax pero su paso por el lugar fue fugaz y regresó al hogar en los páramos de Thornton. 

Durante la infancia de Emily, ésta, Charlotte, Anne y Branwell, demostraron una gran capacidad imaginativa a pesar de vivir aislados. Se sabe que jugaban creando mundos imaginarios y desarrollando personajes de unos reinos bautizados como «Angria» y «Gondal». Ellos escribirían estas historias fantásticas  en unos cuadernos que han podido llegar hasta nuestros días. Emily escribiría también poemas y aunque pasaron desapercibidos en su momento —sólo llegaron a venderse dos ejemplares—, hoy está considerada una de las mejores poetas de la época. Con Cumbres borrascosas, publicada en 1847 bajo el seudónimo de «Ellis Bel», también desconcertó a los lectores aunque actualmente está estimada como una de las ficciones más poderosas y con mayor calidad respecto a las obras de sus hermanas Charlotte y Anne.

«Si me amabas, ¿en nombre de qué ley me abandonaste?»

Cumbres borrascosas, la feroz novela que describe el amor y el odio más impetuoso y encendido hasta más allá de la muerte entre Heathcliff y Catherine, está considerada una de las novelas más inquietantes, también extraña, que habla sobre venganza y amor. Llevada varias veces a la gran pantalla, el film más recordado por saber transmitir la turbadora pasión de los amantes es la versión de 1939 del director William Wyler con Merle Oberon, Laurence Olivier y David Niven como protagonistas. 

Pero también la poesía de Emily Brontë es imaginativa y hermética. Son poemas góticos donde el tema de la muerte es casi recurrente y demuestra una gran emotividad como en «Recuerdo», Remembrance.

Frío en la tierra, y la nieve apilada sobre ti,
Lejos, muy lejos, el frío en la tumba triste.
¿Me he olvidado de amarte, mi único amor,
Cortada al fin por la implacable ruptura del Tiempo?

Ahora, en soledad, ¿mis pensamientos ya no flotan
Sobre los montes, en esa orilla del norte,
Descansando sus alas en las hojas de helecho
Que cubren tu noble corazón eternamente?

Frío en la tierra, y quince diciembres salvajes
Desde los cerros marrones se han derretido en primavera;
¡Fiel, de hecho, es el espíritu que recuerda
Después de esos años de cambio y sufrimiento!

Dulce amor de la juventud, perdonad, si me olvido de ti,
Mientras la marea del mundo me arrastra hacia adelante;
Otros deseos y esperanzas me atormentan,
¡Las esperanzas que oscurecen, pero no pueden borrarte!

Ninguna luz tardía ha iluminado mi cielo,
Ninguna mañana ha vuelto a resplandecer para mí;
Toda mi felicidad vino de tu vida,
Toda mi felicidad yace en la tumba contigo.

Pero cuando los días de sueños dorados perecieron,
E incluso la desesperación fue impotente para destruir,
Aprendí como la existencia podía ser apreciada,
Fortalecida, alimentada sin la ayuda del placer.

Entonces probé las lágrimas de una pasión inútil;
Destetada mi joven alma de tu anhelo póstumo;
Severamente negó su ardiente deseo de acelerar
El descenso hacia esa tumba que será mía.

Y, aún así, no me atrevo a dejarlo languidecer,
No me atrevo a caer en el dolor entusiasta de la memoria;
Una vez bebida profundamente la divina angustia,
¿Cómo podría anhelar el mundo vacío otra vez?

Emily moriría a los treinta años de edad a cuasa de una tuberculosis. Se encuentra enterrada en The Church of St. Michael and All Angels, en Haworth, West Yorkshire.

Fuentes emilyspoetryblog.com, www.irishtimes.com, El espejo Gótico 

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