Oliverio, siempre Girondo

«Oliverio, siempre Girondo»

Por Liliana Souza.

Oliverio nace y muere en su amada Buenos Aires. Los extremos de ese acontecimiento son el 17 de agosto 1891 y el 24 de enero de 1967.

Creció dentro de una familia adinerada que le permitió una educación excelente. Fue abogado. Como periodista, colaboró con las revistas Proa, Prisma y Martín Fierro. Pero la madre poesía, lo asistió. De su obra trasciende una entrega vital, un largo proceso creativo, una moral poética. En ella reverbera la expresión de un espíritu ávido por la vida y una ardiente sinceridad. Siempre al borde de la catástrofe, pero intensamente tierna.

Su poesía es una gran imagen donde el verbo alcanza un valor sensual, logrando sin ataduras la autonomía del lenguaje. Oliverio Girondo es uno de los poetas más avanzados de la vanguardia artística. Amigo de Enrique Molina, Aldo Pellegrini, Olga Orozco, Francisco Madariaga, Edgar Bayley, Mario Trejo, entre otros grandes. El paso del tiempo lo muestra cada vez más intransigente en la búsqueda.

 

 

Su bibliografía: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía; Calcomanías; Espantapájaros; Interlunio; Persuasión de los días; Campo nuestro; En la masmédula, obra que constituye su trabajo más audaz, afirmándolo como un poeta con filo en las palabras. Un poeta que sorprende por la sagacidad de su estructura y la madurez de su estilo.

Dice Iván Thays: «Girondo libera las palabras y deja también en libertad la poesía, que de su mano ingresa en un territorio maravilloso, entre la emotiva sensibilidad y el franco sentido del humor. Con él, nuestra boca se llena de palabras. Es un festín». Y sin duda lo es. Una verdadera fiesta, por las sinuosas líneas que traza, porque logra que viajen paralelos, la ternura y el sarcasmo. El modo más alto de vincularse con la lengua es la escritura. Detrás de esos focos que la alumbran, está Girondo arrastrando al lector dentro de sus historias, casi sin preámbulos, como un juego de máscaras o una expresión de desdén, de suspiro privado.

“Dicotomía incruenta”

 

Siempre llega mi mano

más tarde que otra mano que se mezcla a la mía

y forman una mano.

 

Cuando voy a sentarme

advierto que mi cuerpo

se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse adonde yo me siento.

 

Y en el preciso instante

de entrar en una casa,

descubro que ya estaba

antes de haber llegado.

 

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,

y que mientras me rieguen de lugares comunes,

ya me encuentre en la tumba,

vestido de esqueleto,

bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

Siempre llega su mano, para establecer un vínculo de seducción y engaño con quien lo lee. Para observar cómo se alargan las sombras y declina el sol. Cual barco encallado, que no se mueve pero lo intenta. Como voces que rodean una historia llena de interrogantes, existencias incompletas y memorias fragmentarias.

En 1961, sufre un grave accidente que disminuye sus condiciones físicas. En 1965, se anima a viajar a Europa por última vez, con su esposa, Norah Lange. En 1967, muere. Una suerte de abolición de la lógica de los relojes.

 

“Escrúpulo”

Me parece que vivo,

que estoy entre los ruidos,

que miro las paredes,

que estas manos son mías,

pero quizás me engañe

y paredes y manos

sólo sean recuerdos de una vida pasada.

He dicho “me parece”. Yo no aseguro nada.

Oliverio Girondo, un hombre gris a todas luces, que nos interna en sus libros, en sus dudas, en los destellos de la poesía. Con cada libro suyo, ocurre. Una telaraña interminable. Imposible evitarlo.

***

Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.

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