Entrevista a Fernando Gracia Ortuño

Entrevista a Fernando Gracia Ortuño, autor de la antología de relatos Holocausto animal

Holocausto animal es una antología de relatos en la que te rebelas contra el sistema judicial. ¿Qué criticas principalmente del sistema?

—Bueno, en realidad no es que el libro se rebele en contra del sistema judicial. Más bien diría que sólo algunos relatos, en todo caso, lo hacen. Pero no se trataría tampoco, en este caso, de una rebelión. Sino del punto de vista de los protagonistas acerca de algunas cuestiones planteadas en algunos  —sólo algunos—,  de estos relatos.  En algunos de estos relatos, en efecto, se critican los fallos del sistema legal, como, por ejemplo, el caso narrado de una mujer ante un tribunal denunciando la escasa atención de la judicatura ante las repetidas incursiones en la ilegalidad de su ex, pero como siempre ocurre en estos casos la ley y el orden llegan tarde, cosa que por desgracia tiene mucho que ver con infinidad de casos en la realidad que nos rodea. Pero como decía, se trata de narraciones de ficción, son relatos, y por tanto cuenta en ellos más el fondo y la forma que no los hechos en sí que pudieran criticar de soslayo. Aunque se denuncien cosas indirectamente, lo esencial es la trama de cada relato, su interés literario. Por ejemplo, en No tienes huevos, un relato negro cuyo protagonista es un dóberman, la legalidad y el mal están presentes veladamente, pero como se trata de un relato negro y se mezclan en él infinidad de elementos del género, con una trama llena de suspense, intriga, clímax, y un desarrollo y un desenlace final trepidante, donde, además, el interés no está tanto en la crítica de lo legal por lo que denuncia, sino en la frenética resolución o el desenlace ante una serie de premisas y unas circunstancias concretas de violencia y asesinatos, lo que se denuncia pierde todo interés, porque esto es lo que pretende la literatura con su ficción y su inventar lleno de abstracción y embeleso. Pierde todo interés o lo gana en absoluto, pero desde la óptica que pretende y busca.

¿Qué pretendes provocar en el lector con tu denuncia?

—En algunos relatos, en los que se podría considerar que está presente cierta denuncia, lo único que se pretende es llamar la atención sobre ello desde un punto de vista concreto, embrujar con las artes de la ficción literaria acerca de esa injusticia, por ejemplo. Pero ya digo, no se trata tanto de reportajes sobre un tema concreto, ni de denuncias, cuanto de tratar de hechizar o impresionar con la ficción acerca de determinados temas. Lo que siempre pretende provocar el arte es eso, impresionar, dejar cierta huella en que la belleza se entremezcle con el pensamiento, la reflexión o el ensueño. Y que la denuncia, en este caso, sea sólo uno de los resultados remanentes, mientras tratamos de centrar la atención en otra cosa.

Muchos de los relatos que contiene tu libro ya habían sido publicados por la revista Sólo Novela Negra. ¿Es un género que escribes a menudo?

—Sí, porque me encanta la novela negra, y me gusta justamente porque explora esas zonas de la mente del ser humano que trata siempre de rehuir, pero que, sin embargo, forman precisamente el bagaje que guía su conducta sin que casi se aperciba de ello. Sin darme cuenta, y por eso, tal vez, siempre me decanto por el género negro. Cada vez me gusta más escribir en este género, empezando con relatos, y finalizando con una novela negra ambientada en un hospital infernal y tenebroso, titulada Un detective en la cocina

¿Sigues utilizando la sátira en tus nuevos relatos para criticar algunos aspectos de la sociedad?

—Sí, como la sátira procede de la experiencia y la reflexión acerca de los hechos de la realidad que nos perturban, preocupan o abruman, la uso casi sin darme cuenta. Está presente en forma de ironía, inteligencia callada o réplica contenida, bajo el prisma de la crítica social o humor. Prácticamente creo que se está convirtiendo en algo así como una marca de estilo en cada nuevo relato.

A nivel técnico, sueles hacer uso de la primera persona para narrar tus relatos. ¿Crees que es una manera efectiva para acercarte más al lector?

—Esta es una pregunta muy interesante. Porque en literatura la primera persona es una de las cosas más difíciles de realizar para un escritor. Puedes hacer una mala novela en tercera persona y no es tan grave el asunto, pero si la haces en primera persona la catástrofe no tiene nombre, porque si algo tiene la primera persona en literatura es que es más subjetiva o personal, y por eso mismo los lectores tienden más a sentirse identificados con el narrador. Como la literatura tiene tanto de identificación como de sugestiva interpretación, creo que la primera persona, al ponerte en el lugar del personaje narrador es una herramienta muy interesante. Pues sólo desde ese lugar específico se puede ver, representar o vivir lo que el escritor quiere contarnos, y que él cree que sólo desde esa óptica concreta lo podrá hacer. 

Casi todos tus relatos están inspirados en hechos reales. ¿Cuál fue el que más te impactó vivir?

—Sin ninguna duda, El Autobusero. Aunque se trata de una historia de amor tragicómica, que algo tiene que ver con el género negro en cuanto a la psicología de los personajes. La manipulación es la expresión de la experiencia del relato que no le recomendaría ni a mi peor enemigo. Luego, hay un relato de terror, El piso maldito, que aunque es de ficción y está basado en hechos reales, todo el mundo que lo ha leído me ha dicho que ha pasado verdadero miedo al leerlo. Y es que yo viví en un piso así, que nadie quería alquilar, y cuando un vecino me contó la historia del piso… Bueno, de hecho ahora vivo en otro lugar…

¿Es cierto eso que dicen de que escribir relatos es mucho más complicado que una novela?

—Para mí no. Lo considero una tarea muchísimo más rápida. Los relatos son como fogonazos instantáneos basados en una idea que te ronda por la cabeza durante mucho tiempo. En cambio una novela requiere mucha más planificación. Aunque te ronde por la cabeza mucho tiempo, no es lo mismo, hace falta un estudio de los personajes, su evolución, sus características, el desarrollo de la estructura de una novela es infinitamente más laboriosa, ya que es muy diferente el tipo de escritura de meses o años que la que puede durar unos minutos tan sólo. 

¿Cuáles son tus autores referentes?

—Tengo muchos. Pero los que más me han impactado son J. D. Sallinger, Chimo y Jim Thompson.

¿Sueles leer más relatos que novelas o a la inversa?

—Por increíble que parezca, relatos sólo leo los de Ana María Matute. Son tan impactantes que no he logrado encontrar un autor mejor al respecto. En cambio, siempre estoy leyendo novelas. La novela, en efecto, embauca más y durante más tiempo, y es por esto que tal vez me gusten más las novelas.

¿Nos puedes adelantar en qué proyecto literario estás enfrascado actualmente?

—Estoy ahora metido en una novela negra tan absorbente, y digamos visceral, que prácticamente no me deja pensar en nada más. Sus personajes son verdaderamente interesantes para mí, algunos son tan malos, por ejemplo, que dan ganas… pero como sabes que tienes que escribirlos, te contienes, claro, ya que el misterio que envuelve la novela es como la mecha que la hace ir avanzando poco a poco. No puedo decir nada más, sólo que creo que es lo mejor que he hecho hasta ahora en literatura.

Redacción

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