Mary Shelley, la niña que aprendió a leer entre las lápidas de un cementerio

Mary Shelley, la niña que aprendió a leer entre las lápidas de un cementerio

Por Cristina de @abrirunlibro

Poco o casi nada se sabe sobre la infancia de Mary Shelley excepto algunos datos sobre su origen, la pérdida de la madre después de su nacimiento a causa de una fiebre puerperal, la posterior boda de su padre, la enemistad con su madrastra, y progresivamente el noviazgo y matrimonio con Percy Shelley.

Los biógrafos apuntan que Mary Shelley, Mary Wollstonecraft Godwin, nombre de soltera, tuvo una infancia más o menos feliz a pesar de las deudas del padre —estuvo a punto de ingresar en la cárcel por deudor—, y de la ausencia de su verdadera madre a la cual idolatraría a medida que fue conociendo su obra y la pasión que sentían por ella en círculos intelectuales. Mary nació en Londres un 30 de agosto de 1797. Hija de Mary Wollstonecraft, filósofa y sufragista, autora de Vindicación de los derechos de la mujer —publicada al año de su muerte—, y de William Godwin, novelista y político, autor de Caleb Williams entre otras obras, ambos eran liberales para la época pero decidieron casarse al tener conocimiento del futuro nacimiento de una criatura.  Mary Wollstonecraft ya era madre de Fanny Imlay, hija de una anterior relación. 

A partir de aquí se sabe que William Godwin contrajo matrimonio a los tres años de la muerte de la madre de Mary. A medida que ésta se iba haciendo mayor y la familia aumentaba —Mary Jane Clairmont, la nueva esposa, aportó dos hijos más un tercero que nació del matrimonio—, Mary Jane Clairmont demostró que se encontraba muy por debajo intelectualmente a Mary Wollstonecraft. Mary empezó a aborrecer a su madrastra y tanto ella como su hermana se vieron desplazadas en la familia con los nuevos hermanos llegando incluso, en el caso de Mary, a sufrir abusos verbales por parte de su madrastra. Se cree que llegó a enfermar tanto física como mentalmente y ante esta situación, en 1812, William envía a Mary a Dundee, Escocia, con la familia de William Baxter donde se restableció y pudo conocer lo que era realmente una familia feliz. 

En 1814 y ya de regreso a la casa familiar después de otros viajes intermitentes a Escocia, Mary conoce a Percy Shelley, un joven casado y padre de dos hijos, escritor inglés romántico discípulo de William Godwin. Mary y Percy empezarían a vivir un romance apasionado teniendo citas secretas ante la tumba de Mary Wollstonecraft, en el cementerio de Saint Pancras, y dando largos paseos por el camposanto. William Godwin al enterarse del noviazgo, prohibiría a su hija seguir viéndose con Percy Shelley pero ante la amenaza de suicidio de éste, ambos huirían juntos en julio a Francia. Contaba ella con diecisiete años de edad y él con veintidós. Después de varios periplos, viajes, percances económicos, amantes (ambos), embarazos fallidos o una hija muerta al poco de nacer, los dos se moverían por ambientes intelectuales de la época, llegando por fin al célebre verano de 1816 en Villa Diodati, Suiza —ya como esposos—, donde residía Lord Byron. Allí nacería el monstruo de la literatura más universal. (Ver El año del verano que nunca llegó).

«¡Qué extraña cosa el conocimiento! Una vez que ha penetrado en la mente, se aferra a ella como la hiedra a la roca». Frankenstein, de Mary Shelley.

La creadora del ser mítico Frankenstein estudió de niña en la casa familiar de la mano de su padre aunque su madrastra nunca animó intelectualmente a una niña con un gran potencial creativo como seguramente habría hecho la propia madre Mary Wollstonecraft de haber vivido ésta. Según Esther Cross, en su libro La mujer que escribió Frankenstein, la niña Mary Shelley vivió de manera muy intensa el ambiente del Londres negro y el de los «resurreccionistas» —ladrones de cadáveres para fines de estudios anatómicos—, reflejando en su obra Frankenstein algo muy característico a lo que supuestamente viviría ella como es la profanación de tumbas y la morfología del cuerpo humano. También alude a la corriente de aquel tiempo sobre los libros que existían en todas las casas como puede ser la Biblia y el Newgate Calendar —un boletín mensual de ajusticiamientos escrito por el vigilante de la prisión Newgate de Londres y donde se relataba las atrocidades que habían cometido los criminales allí presos— viendo desarrollar así una morbosidad por la muerte algo inquietante como manifestaría posteriormente al conservar el corazón de Percy tras la muerte de éste.  

El padre de Mary Shelley, que completaba un diario con el progreso de sus hijos, explicaría allí cuál era el lugar de evasión y de recreo de Mary: el cementerio de Saint Pancras y la tumba de su madre. En el libro de Esther Cross, podemos leer:

«William Godwin llevaba con frecuencia a Mary y a Fanny al cementerio, a la tumba de su mujer, centrada entre dos sauces que había mandado plantar. Fanny y Mary practicaban lectura con las lápidas. Era algo que hacían los chicos. Pero Mary aprendió a leer y escribir su nombre leyendo el nombre de su madre escrito en una tumba: Mary Wollstonecraft Godwin».

 

 

A continuación Esther Cross añadirá:

Hay lugares que son un imán en la vida de las personas. Van sumando razones de atracción que los convierten en lugares necesarios. De chica, Mary siempre iba a Saint Pancras. Aparecerá en sus recuerdos como un lugar de paseo, como un refugio, como un recurso. Se sentaba en la tumba de su madre y leía los libros de su madre y su padre».

Mary Shelley, una escritora que demostró sentir una extraña fascinación por la muerte tanto con su obra Frankenstein como guardando reliquias de sus hijos muertos o el corazón de su marido. Una escritora que aprendió a leer en un cementerio y en un cementerio se enamoraría de Percy Shelley. 

El cementerio, con la tumba sagrada, fue el primer sitio donde el amor brilló en tus ojos. Nos encontraremos de nuevo […] Un día vamos a unirnos. La naturaleza te nombra. En las ciudades y entre la gente no siento tu presencia, pero ahí estás conmigo, mío, inseparable… (Del diario de Mary Shelley). 

Fuentes La mujer que escribió Frankenstein de Esther Cross y Victorian Web.

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