La ciudad de la memoria

la-ciudad-de-la-memoriaLa ciudad de la memoria. Santiago Álvarez. Editorial Almuzara.

Santiago Álvarez (Murcia, 1973) reside en Valencia desde 2001. Es el director de contenidos del festival de género Valencia Negra. Se inició en la literatura escribiendo relatos, muchos de los cuales han sido premiados en diversos certámenes. Ha escrito, protagonizado y dirigido musicales y obras dramáticas, y ha grabado varios discos con distintos grupos y formaciones. Asimismo, imparte numerosos talleres sobre escritura creativa y es el primer profesor en España del software para escritores Scrivener. La Ciudad de la Memoria es su primera novela, aunque ya prepara nuevas aventuras para sus protagonistas, Berta y Mejías.

Sinopsis:

Berta Valero, una universitaria ingenua y con apuros económicos, comienza a trabajar casi por azar en la agencia de investigación que regenta un extravagante personaje. Mejías es un detective privado, inconformista y audaz, que se conduce como Humphrey Bogart en un mundo que cambia demasiado deprisa. Juntos indagarán un extraño caso que involucra al muy poderoso clan familiar de los Dugo-Escrich, propietario del mayor grupo constructor valenciano, y cuyas raíces se hunden en un pasado lleno de secretos que todos parecen -o aparentan- desconocer. Mejías desoye las voces que tratan de apartarle del asunto y encadenará situaciones geniales, descabelladas y peligrosas hasta que, finalmente, la caja del tiempo se remueva con el estruendo de una losa mortuoria.
“La Ciudad de la Memoria” es una historia bañada de nostalgia que trasciende el género y sumerge al lector en una feroz lucha de ambiciones y poder, en un relato de amores insatisfechos que pugnan por salir a la luz. Una palpitante novela negra que nos recuerda que el pasado, para bien o para mal, camina siempre junto a nosotros.
Reseña:
 
Mejías es un detective privado de edad indeterminada que sobrevive como puede en la ciudad de Valencia. Pateando las calles con su inseparable gabardina y empuñando una pistola de madera, se comportará como el mismísimo BoogieHumphrey Bogart-, de las cintas de VHS de gánsteres que reproducirá en su vieja televisión Westinghouse en blanco y negro. Escucha jazz en un tocadiscos de maleta que vivió tiempos mejores y tampoco quiere saber nada de Internet porque tiene una longeva Olivetti que funciona a las mil maravillas; aunque si hay algo por lo que Mejías sentirá verdadera pasión es por el whisky de malta Laphroaig. 
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Los encargos que recibirá son aquellos que las grandes agencias de detectives desecharían; su relación con la policía tampoco es demasiado buena y menos aún estará bien visto entre el gremio de detectives. Mejías necesita una secretaria para que pase a máquina los informes y pondrá un anuncio al que responderá Berta, una joven estudiante de periodismo que está pasando apuros económicos. Aunque le sorprende las técnicas extravagantes de su nuevo jefe, Berta contrarrestará con tenacidad y valentía su inocencia e inexperiencia.
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Y así se inicia la ópera prima de Santiago Álvarez con dos personajes potentes que acapararán las páginas de esta novela, La ciudad de la memoria, donde el detective Mejías investigará un extraño caso del que todo el mundo, incomprensiblemente, deseará apartarlo. Un misterio que le llevará por toda la ciudad de Valencia y que destapará, poco a poco, un enigma que se remonta a la segunda República.
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Entre divertida y nostálgica, La ciudad de la memoria ha sido una lectura gratificante por lo divertida que ha resultado -dispone de algunos momentos hilarantes-, pero también por ser una experiencia nostálgica al trasladarnos con mucha pericia a fotogramas de antiguos films noir –de hecho, cada capítulo se inicia con algún diálogo de aquellas insuperables películas-, donde criminales, detectives o gánsteres de los años 30, 40 ó 50 con violencia, cinismo y corrupción, amenazaban a los protagonistas.
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La ciudad de la memoria recoge esa esencia de las antiguas películas pero transportada a la actualidad a la ciudad de Valencia -ciudad que ha vivido durante los últimos años una expansión más que dudosa, aunque hoy en día ninguna ciudad puede aventurarse a lanzar la primera piedra-, y donde los protagonistas se moverán entre calles y  plazas, integrándose éstas plácidamente a toda la trama. Una trama que se inicia de manera algo pausada sin conseguir ver por dónde discurrirá ni como se desarrollará pero que a medida que avanza va cobrando fuerza y credibilidad gracias, principalmente, a los personajes de Berta y Mejías y a una historia bien amañada con una evolución y clímax bien tratado.
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El autor responde y maneja bien tanto la narrativa como los diálogos e incluso incluye unos relatos dentro de la propia trama, a modo de informe, con los que se disfruta del estilo entre irónico y burlón:
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Cuando un cliente llora ante mi mesa diciéndome que soy su única oportunidad es cuando aprecio la importancia de mi profesión.
Entretenida y con curiosos personajes -tampoco faltará alguna pelirroja explosiva-, La ciudad de la memoria podría caer en los viejos clichés pero que, extrañamente, además de regodearse en ellos, los hace suyos y los explota convenientemente en una época actual de manera divertida y con un aire nostálgico a viejas glorias. Una agradable primera novela de la futura saga del detective Mejías.
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