Los superpoderes que concede la escritura

Por @hojaenblanco1

Siempre me recuerdo contando historias, me publicaron mis primeros relatos allá por 2007 y todos los días, llueva o nieve, escribo. Es la única cosa cierta. E igual yo siempre quise aprender a escribir porque deseaba tener superpoderes, sobre todo los de los villanos de las historias que leía, pero superpoderes al fin y al cabo. Y es que la escritura, la buena, concede algo parecido a esos superpoderes, cada uno sabrá si son malvados o no.

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El poder más obvio es el de crear emociones, ¿y para qué? Preguntan los que no entienden. Pues para conseguir cualquier cosa, porque si puedes crear la emoción adecuada, no necesitas otra llave en alguien. La racionalidad no sirve de nada, la emoción lo es todo y una buena historia es la clave para invocarla. Sin embargo, hay otros dones no tan obvios.

Hemingway siempre hablaba de lo importante que era lo que no se contaba, lo que se implicaba, ese espacio vacío de las entrelíneas donde muchas veces sucede lo más importante.

Cuando uno reconoce eso en la escritura, también lo empieza a reconocer en lo que se habla, en las historias que cuentan los demás, a usarlo en las que cuenta él. No hace falta ser un genio para saber que la gente miente cuando habla, que exagera, que muchas veces como dijo la película, lo importante es lo que nunca se dice. Pero flota ahí, en esos vacíos. Aprender sobre ello y su uso permite comprender la comunicación a otro nivel que muchos ignoran.

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Contar historias, yo no conozco otra habilidad más útil para cualquier cosa. No me he encontrado a nadie interesante que no fuera un excelente contador de historias. Al fin y al cabo la esencia de escribir es esa, tras todo el estilo y los trucos y las técnicas, lo que importa es la historia y saber contarla, no importa lo que diga Nabokov. Uno de los personajes más novelescos que conozco ha pisado incontables países del mundo, es un errante y colecciona aventuras, pero sobre todo sabe contarlas. Las inflexiones, la emoción que transmite, la capacidad innata de preparar el terreno para lo importante…

Desde que el mundo el mundo, contar historias atrae, da igual que los medios hayan cambiado, que se cuenten alrededor de una hoguera, en una pantalla o inmersos en un juego. El que tiene las buenas historias y las domina, tiene la atención, y esa, basta con mirar alrededor, es la mercancía (y la droga) más valiosa que existe hoy.

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