Diseñando personajes: el villano

Por @lojuroxtatuaje

Tal vez lo que más me gusta de escribir es crear villanos para mis relatos. Son de lejos los personajes más interesantes. Y los que más fácilmente pueden cargarse un buen relato, claro. El villano define por oposición los rasgos del héroe, y en gran medida lleva la carga dramática, la tensión de la historia. Cuantos menos límites tenga en su actuación, más recursos dejará libres al autor.

Por supuesto, el villano ha de tener una dimensión adecuada al relato. Supervillanos como los malos de James Bond, siempre deseando conquistar el mundo (aunque uno nunca tiene muy claro qué harían luego con él), exigen héroes con infinitos recursos y pocos límites morales. Héroes que, como 007, se parecerán mucho a sus enemigos porque no les queda otro remedio.

9mm

 

Otros definirán claramente al héroe, como el caso de Moriarty. Nunca supimos lo listo que era Holmes hasta que se enfrentó a él, nunca el detective fue tan heroico. Ni tan humano como en su confrontación con Irene Adler, que tocó su corazón y su cerebro.

 

Caso aparte, los villanos que construyen al héroe. En El Silencio de los Corderos podemos afirmar que Clarice nunca habría pasado de empollona de primera fila sin la intervención de Hannibal.

Por eso creo que a la hora de definir nuestro villano hemos de preguntarnos, ¿qué busca, qué objetivo tiene?

Si es de los conquistadores de mundos, la cosa está clara. Tecnología a raudales, un ejército de pardillos enmascarados y mucho fanatismo. El bueno no tiene más que enfrentarse a él, hacerle contar su plan de cabo a rabo (es un egocéntrico que se cree invencible) y atacar los puntos débiles de ese plan mientras la cuenta atrás avanza. O retrocede, que es cuenta atrás.

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En caso de un señor del crimen, jefe de mafia o similar, el villano será más complicado e interesante, un tipo listo que deberá trabajarse cada paso con sutileza e inteligencia, mucho más entretenido en mi opinión. Casi como una madre que te convence de que te comas la verdura porque es sana y tal.

El sociópata o psichokiller tiene más gracia en el desarrollo que en el desenlace. Pistas chulísimas que sólo resolverás consultando la Wikipedia, asesinatos y crímenes con macabros adornos y análisis forenses detallados hasta el desespero, que suelen terminar con un duelo a garrotazos de los de toda la vida.

En todos los casos, no os fieis nunca de un autor que diseña grandes villanos. Pasa mucho de su tiempo libre pensando cómo conquistar el mundo, pero tampoco sabrá qué hacer con él. 

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