Una habitación propia

Una habitación propia. Virginia Woolf. Traducción Laura Pujol. Seix Barral.

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Por Cristina de @abrirunlibro

Virginia Woolf, Londres, 1882. Hija del conocido hombre de letras Sir Leslie Stephen, Virginia Woolf nace en Londres el 25 de enero de 1882, y vive, desde su infancia, en un ambiente densamente literario. Al morir su padre, Virginia y su hermana Vanesa dejan el elegante barrio de Kensington y se trasladan al de Bloomsbury, más modesto y algo bohemio, que ha dado nombre al brillante grupo formado alrededor de las hermanas Stephen. En 1912 se casa con Leonard Woolf y juntos dirigen la Hogarth Press. El 28 de marzo de 1941, la genial novelista sucumbe a la grave dolencia mental que la aqueja desde muchos años atrás y se suicida ahogándose en el río Ouse. Además de Las olas (1931), Virginia Woolf fue autora de novelas tan importantes como El cuarto de Jacob (1922), La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando (1928), Los años (1937) y Entre actos (1941).

Sinopsis

En 1928 a Virginia Woolf le propusieron dar una serie de charlas sobre el tema de la mujer y la novela. Lejos de cualquier dogmatismo o presunción, planteó la cuestión desde un punto de vista realista, valiente y muy particular. Una pregunta: ¿qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? Una sola respuesta: independencia económica y personal, es decir, “Una habitación propia”. Sólo hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer y aún quedaba mucho camino por recorrer.

Son muchos los repliegues psicológicos y sociales implicados en este ensayo de tan inteligente exposición; fascinantes los matices históricos que hacen que el tema de la condición femenina y la enajenación de la mujer en la sociedad no haya perdido ni un ápice de actualidad.

Partiendo de un tratamiento directo y empleando un lenguaje afilado, irónico e incisivo, Virginia Woolf narra una parábola cautivadora para ilustrar sus opiniones. Un relato de lectura apasionante, la contribución de una exquisita narradora al siempre polémico asunto del feminismo desde una perspectiva inevitablemente literaria.

Reseña

Una habitación propia  es un ensayo basado en dos conferencias que Virginia Woolf realizó para la Sociedad Literaria de Newham y Odtaa de Girton en octubre de 1928 —contaba con 46 años de edad—, y donde se le pedía su opinión sobre el papel de la mujer escritora y la ficción, en un mundo que, en su mayoría, estaba dominado por los hombres. Las conferencias trataban sobre «La Mujer y la Novela», y es de aquí de dónde surgirían dos de las máximas más repetidas y conocidas de la autora. Una de ellas es la que dará el nombre al título del libro y que hace referencia directamente a la autonomía de la mujer en la narrativa:

Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir novelas; y esto, como veis, deja sin resolver el gran problema de la verdadera naturaleza de la mujer y la verdadera naturaleza de la novela.  

La frase hará referencia al papel de la mujer que en siglos anteriores no disponía la posibilidad de una habitación propia y abogaba en su conferencia por la necesidad de una habitación privada donde poder echar el pestillo y dejarse llevar por la creatividad en un entorno íntimo. Pensemos en las condiciones actuales e imaginemos las mujeres escritoras de los siglos anteriores —no en los hombres ya que el rol en la sociedad era muy diferente—,  y, como ejemplo, explicará las sórdidas condiciones en que tuvieron que escribir algunas de ellas como Jane Austen o Emily Brontë: la imaginación que tuvieron que desplegar ésta última o su hermana Charlotte para componer las obras que recrearon, teniendo en cuenta que fueron mujeres que no conocieron apenas otros lugares salvo su propio hogar. De ahí, otro aforismo célebre que también quedará recogido en Una habitación propia sobre la imaginación y el poder de la creatividad en la ficción:

No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.

Wirginia Woolf en este ensayo —muy liviano y ameno y que cuenta con 153 páginas—, recorrerá la literatura inglesa por diferentes siglos, desde las primeras autoras hasta sus días, y hará una conjetura muy interesante sobre Shakespeare y una hipotética hermana aludiendo que en el caso de que ésta hubiera tenido la misma habilidad que su hermano William para componer, jamás hubiera podido desarrollarla ni dedicarse de la misma manera que pudo hacer él en el s. XVI, donde las mujeres tenían que realizar las tareas propias de una “mujer”.

Muchos coinciden en denominar a Wirginia Woolf como “feminista” y “sufragista” aunque quizás el adjetivo más apropiado sería el de “inconformista”. Rodeada de un ambiente culto y literario de excepción —fue gran amiga de James Joyce o Marcel Proust y perteneció al Círculo Bloomsbury—, la escritora reflexiona sobre el papel de las féminas en la sociedad durante años:

Las mujeres han servido todos estos siglos de espejos que poseían el poder mágico y delicioso de reflejar la figura de un hombre el doble de su tamaño natural.

Wirginia Woolf, considerada como una de las mejores literatas de su tiempo, terminó con su vida lanzándose al río Ouse, en Sussex, cargada de piedras en los bolsillos de su abrigo para no salir a flote. Era 1941 y contaba con 70 años de edad.

Una habitación propia es un sutil ensayo que, como tal, evalúa y analiza a la mujer y a la novela bajo los argumentos de la autora del mismo. Existen voces que indican que hoy en día esta tesis ha quedado obsoleta. Esto quedará siempre bajo el prisma del lector ya que será él quien deberá extraer sus propias conclusiones sobre el razonamiento volcado por Virginia Woolf. Igualmente, aquí se ha tratado el texto como una reseña y no como un análisis pero sí se debe indicar que esta lectura proporciona una concepción sobre la naturaleza de la mujer y de la novela muy sugestiva, facilitando una buena base para conocer el desarrollo de la literatura clásica a la moderna, las dificultades de la mujer en este campo y, todo ello, desde el punto de vista de una de las más destacadas escritoras de todos los tiempos. 

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