La condesa sangrienta

La condesa sangrienta. Alejandra Pizarnik. Ilustraciones de Santiago Caruso. Libros del Zorro Rojo.

la-condesa-sangrienta

Sinopsis

«Sentada en su trono, la condesa mira torturar y oye gritar. Sus viejas y horribles sirvientas son figuras silenciosas que traen fuego, cuchillos, agujas, atizadores; que torturan muchachas, que luego las entierran. Como el atizador o los cuchillos, esas viejas son instrumentos de una posesión. Esta sombría ceremonia tiene una sola espectadora silenciosa».

Acusada del asesinato de seiscientas cincuenta jóvenes, Erzsebét Bathory es una de las criminales más siniestras de la Historia. En su castillo de los Cárpatos, a finales de siglo XVII, la condesa se cierne sobre sus víctimas para desangrarlas y conservar su juventud. Su leyenda maldita y fascinante pervive en el tiempo.

“La Condesa Sangrienta” es una de las composiciones clave de Alejandra Pizarnik, sus páginas construyen un retrato perturbador del sadismo y la locura que las estampas del artista Santiago Caruso recrea con admirable maestría.

Reseña

Es extraño realizar una reseña sobre otra ya que el libro La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik, es la reseña en prosa que la autora publicó en el año 1971, haciendo referencia al libro de Valentine Penrose La condesa sangrienta: libro en el que se recopilaba documentos e información sobre la condesa Báthory —nacida en Nyírbátor, Hungría, un 7 de agosto de 1560—, una aristócrata húngara que asesinó a más de 650 muchachas en su castillo debido a su obsesión por la belleza. La condesa Báthory fue condenada a prisión perpetua en sus aposentos y murió a los pocos años de la sentencia. Corría 1614. 

«…sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los ha refundido en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa.»

Este párrafo es lo que dice Pizarnik al inicio de esta hermosa reseña donde, a pesar de hablar de Penrose y de los horribles crímenes cometidos por la condesa aclarará que,

«La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory son tan evidentes que Valentine Penrose se desentiende de ellas para concentrarse exclusivamente en la belleza del personaje.»

Cosa que hará exactamente Alejandra Pizarnik en su reseña ya que se dejará deslumbrar por la belleza que desprende el libro de Penrose, y de cómo juega ésta con la estética de los crímenes convirtiendo a las niñas allí torturadas y asesinadas —muchas de ellas extremadamente jóvenes— , en hermosas criaturas nocturnas

Todo el libro desprende ese aire melancólico tan propio de Alejandra Pizarnik pero se observará cómo la escritora se deja llevar por la fascinación y la atracción hacia el misterio y la perversidad que envolvía a la aristócrata. La prosa, sumamente hermosa, es también una prosa que en ocasiones resurge firme como si Pizarnik, en según qué momentos, despertara del ensueño perverso y fuera consciente de la malignidad de la persona que ejercía las torturas. 

El libro se dividirá en doce capítulos y la gran mayoría hablarán de los aparatos de tortura que se disponían en el castillo para la diversión de la condesa Báthory. Hablará de los martirios y tormentos infringidos a las muchachas pero todo ello irá acompañado de las magníficas ilustraciones en rojo sangre de Santiago Caruso, que dotarán al libro de una belleza y un encanto cruel. 

Condesa-Caruso

Extraño y hermoso libro, prosa magnífica y maravillosas ilustraciones las de Santiago Caruso. Un libro altamente visual gracias al lirismo de Alejandra Pizarnik y a un conjunto que magnifica, aún más, la historia y la leyenda de La condesa sangrienta.

Biografía

Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936 – 1972), fue hija de un matrimonio de inmigrantes judíos de Europa del este. A los diecisiete años inició estudios de filosofía y periodismo; más tarde se inscribió en la carrera de letras, que también abandonó. Asistió a clases de pintura en el taller de Juan Batlle Planas y a los diecinueve años publicó su primer libro, La tierra más ajena. A este le siguieron La última inocencia (1956), Las aventuras perdidas (1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965), Extracción de la piedra de la locura (1968) y El infierno musical (1971). Entre 1960 y 1964 vivió en París, donde hizo amistad con Julio Cortázar, Octavio Paz y André Pieyre de Mandiargues. Al regresar a Buenos Aires obtuvo el Premio Fondo Nacional de las Artes y la Beca Guggenheim. La condesa sangrienta, su prosa más extensa, entreteje la poesía y la reseña literaria. En un pasaje de sus diarios dejó escrito: «¿Cuál es mi estilo? Creo que el del artículo de la condesa. Insisto, una y otra vez, en la fascinación por el tema de mi nota. Nunca después volvió a sucederme algo parecido». Alejandra Pizarnik murió a los treinta y séis años tras haber forjado una de las obras más profundas y perdurables del siglo xx.

Santiago Caruso (Buenos Aires, 1982), cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes Carlos Morel. A los veintiún años fue distinguido con el Primer Premio de Dibujo en el Salón de Artes Plásticas del Museo Roverano. Desde 2005 colabora como portadista en la revista Caras y Caretas. También ha trabajado para editoriales de Inglaterra y Estados Unidos como Penguin, Nightshade Books y Miskatonic River Press. En 2011 expuso en la Beinart International Surreal Art Collective de Santa Mónica, Estados Unidos. Con notable criterio autodidacta, Santiago Caruso ha sabido estudiar la pintura del siglo XIX dedicando especial atención a la escuela simbolista. Los trabajos de Alberto Breccia, Carlos Nine y Enrique Alcatena también orientaron su formación estética. Su producción, sin embargo, es personal y se destaca tanto por el vigor como por la técnica. Su obra, expuesta en Alemania, España, Estados Unidos y México, se inscribe entre los mejores exponentes de la actual plástica latinoamericana. Para Libros del Zorro Rojo también ha ilustrado El horror de Dunwich, de Howard Phillips Lovecraft, y La condesa sangrienta, de Alejandra Pizarnik.

Deja un comentario