Corpus delicti

Corpus delicti. Andreu Martín. Verticales de bolsillo.

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ANDREU MARTÍN (Barcelona, 1949) empezó a publicar novelas policíacas en 1979, durante el llamado Boom de la Novela Negra, movimiento indiscutiblemente encabezado por Manuel Vázquez Montalbán.

Se autodenomina autor de novela policíaca, frente a la novela negra y la novela enigma desde la convicción de que el concepto novela policíaca integra a los otros dos, y cree que las nuevas tendencias del género deben fusionar la inteligente complejidad reflexiva de la novela enigma con la acción y el análisis social inherentes a la novela negra.

Web andreumartin.com

Sinopsis

Murió en 1949 colgado de una horca. Tenía 39 años. Había asesinado a varias personas, pero no podían juzgarle porque había hecho desaparecer los cadáveres y, sin cuerpo del delito, no podía haber juicio. Hasta que un forense encontró un pequeño resto. Sólo pudieron condenarle por uno de sus crímenes, pese a que se jactaba de haber cometido muchos más. Su móvil: la necesidad de beber sangre humana. ¿Un vampiro? ¿O una estratagema para que le declararan loco y librarse así de la horca?
En Corpus delicti, Andreu Martín narra en primera persona la vida de John George Haigh, un personaje real que conmocionó a la sociedad británica poco después de la Segunda Guerra Mundial. Pero más allá del mero relato de unos crímenes auténticos, Andreu Martín se sumerge en la mente perturbada de este asesino para enfrentarse a las verdades y mentiras que se presentan en un juicio en el que la fantasía parece apoderarse de la realidad, y los hechos se disuelven en la confusión.

Reseña

Hay libros que despiertan el interés de forma inesperada. Son aquellos que te nombran en conversaciones, redes

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sociales, clubs de lectura o, incluso, en grupos de WhatsApp. La buena disposión por leer Corpus delicti llegó gracias a la presentación en Barcelona de la novela Ful, de Rafa Melero y Alrevés Editorial, presentación a cargo del boss Andreu Martín. En la charla, hablando sobre el recorrido del escritor Rafa Melero, salieron a relucir las novelas de asesinos psicópatas ya que el primer libro con el que se dio a conocer un novel Melero giraba en torno a uno de ellos. Andreu Martín aprovechó para felicitarle por el trabajo realizado ya que él mismo, dentro de su extensa bibliografía, disponía de una novela actualmente descatalogada, sobre el caso real del que fuera llamado “el vampiro de Londres”, John George Haigh, y conocía la complejidad para describir la mente perturbada de un asesino. Inmediatamente me sentí atraída por esa novela, Corpus delicti, y por saber más sobre el asesino real que decía necesitar beber sangre humana desesperadamente. Después de varios intentos en librerías de segunda mano, al final opté por comprar la reedición nueva del libro de bolsillo del que aún se puede encontrar algún ejemplar en librerías.

La angustia de Haigh por beber sangre humana nunca estuvo clara. De hecho fue condenado a muerte en 1949 —año en el que casualmente nació Andreu Martín—, por el juez que llevó su caso, al considerar éste que el móvil de los asesinatos fue simplemente económico y que no se trataba de ninguna psicopatía. “El vampiro de Londres” disolvía a sus víctimas en un baño de ácido para que no quedara rastro del corpus delicti ya que sin cuerpo, no existe delito. En el juicio confesó haber matado a varias personas pero sólo se pudieron identificar los restos de seis de ellas. 

El proceso de desaparición de mistress Lawrence no ha terminado todavía. En la pasta gelatinosa de color oscuro, flota entre espuma y trozos de grasa y hueso, el bolso de plástico recuerdo del difunto coronel. Me quito el abrigo, me pongo los guantes de goma y rescato ese bolso que se anuncia indestructible. Lo tiro al patio. Echo un poco más de ácido en el barril. Sólo un poco más. Para eso no necesito máscara antigás ni mandil de goma. 

Corpus delicti es una historia novelada no lineal sobre John George Haigh, y donde Andreu Martín realiza un trabajo encomiable de documentación al tratar de manera fidedigna los datos sobre la vida, el proceso judicial y posterior ajusticiamiento del homicida.  

En la novela no primará la intriga debido a que ya conocemos qué ocurrió, pero sí existe —y para mí mucho más difícil de dotar a un libro para perturbar al lector—, una excepcional carga psicológica en toda la acción que no decaerá en ningún momento para un libro de 262 páginas. Gracias a estar relatada en primera persona por la voz del asesino, éste nos contará la infancia, paranoias, o delirios y fantasías propias: un gran trabajo en la historia ya que siempre tendremos la duda sobre si lo que nos relata el sujeto es real, son alucinaciones o, incluso, pudieran ser mentiras patológicas.

Andreu Martín recrea crueldades, es evidente, pero lo hace limpiamente gracias a la palabra y a unas diatribas donde el lector podrá ponerse también en la mente del asesino y hasta padecer con él. Utilizando la “empatía”, el autor calzará los zapatos del criminal y describirá la vesania del protagonista, sorprendiendo por su habilidad en recrear a un personaje excéntrico, temeroso y a un individuo que sufre mucho a pesar de su perversidad.

Me lavo las manos. Me lavo las manos, me lavo las manos, me lavo las manos, melavolasmanos, melavolasmanos.

Corpus delicti es un libro que profundiza en la raíz de la psicopatía de John George Haigh y en los treinta y nueve años de su existencia. Una novela negra que bien vale la pena conocer —si es posible, claro, por lo que comenté al principio—, debido a la fuerte carga de criminalidad más lo bien narrada y descrita que está.  

Como curiosidad, el doble de Haigh se encuentra en la Cámara de los Horrores del Museo de Cera de Madame Tussaud en Londres, y él mismo, antes de morir, cedió el traje con el que se debería vestir su figura en el museo de cera. 

 

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