Tres días y una vida

tres_dias_y_una_vidaTres días y una vida. Pierre Lemaitre. Traducción de José Antonio Soriano Marco. Salamandra.

Escritor y guionista nacido en París en 1951, Pierre Lemaitre estudió Psicología, creó una empresa de formación pedagógica y ha impartido clases de literatura. Autor tardío, en 2006, a los cincuenta y cinco años, ganó el premio a la primera novela en el festival de Cognac con Irène, un libro en el que presentó a Camille Verhoeven, el que sería el protagonista de una serie policíaca que incluiría también Alex (2011), Rosy & John (2011) y Camille (2012). A esa primera obra y ese primer galardón le siguieron otros muchos hasta llegar al Premio Goncourt 2013, el Premio Roman France Télévisions, el Premio de los Libreros de Nancy-Le Point, el premio a la mejor novela francesa de 2013 de la revista Lire y el premio a la mejor novela del año según los libreros franceses en la revista Livres Hebdo por Nos vemos allá arriba (Salamandra, 2014).

Sinopsis

Conjugación perfecta entre el Lemaitre literario y el Lemaitre policíaco, Tres días y una vida combina una historia de suspense, donde la tensión no decae en ningún momento, con la riqueza de una prosa que nos sumerge en un mundo de emociones soterradas y nos invita a reflexionar sobre la cara más sombría de la condición humana. En cualquier caso, al final del libro quizá no nos sintamos más sabios, pero sí más conscientes de la dificultad de llevar una vida honesta, gratificante y en paz con uno mismo.

Reseña

Cuando Antoine, un muchacho de doce años, en un extraño y precipitado ataque de furia, mata a Rémi un niño de seis, todo su mundo empieza a desmoronarse. Antoine ocultará el delito cometido pero sufrirá durante todos los años siguientes al suceso, el horror y la culpabilidad por el impulsivo arranque de locura que vivió en ese instante. 

Tres días y una vida aúna algo de novela negra y de narrativa intimista sobre la vida de Antoine Courtin, un casi adolescente que mata a un niño en un pueblecito de Francia llamado Beauval, y donde todos los vecinos y la vida de cada uno de ellos es conocida por todos. La carga de culpabilidad que se nos relatará durante las tres partes que comprende el libro y que son los años 1999 —desde donde arranca el argumento—, 2011 y 2015, será la trama de esta nueva novela de Pierre Lemaitre recién publicada en este país.

Son varios los autores que exploran en sus ficciones la culpa que arrastran sus personajes. Y algunos, de este país, con excelentes resultados. En esta ocasión debo decir, muy a mi pesar, que éste no es el mejor libro de Pierre Lemaitre ni ésta, Tres días y una vida, su mejor novela. 

Los personajes de Tres días y una vida no disponen de una característica que los haga destacar y tampoco despiertan sentimientos de empatía o de reconocimiento. La trama —casi inexistente—, es también una llanura con intentos de giros o vuelcos que en vez de cambios se convierten en circunvalaciones o rodeos hacia siempre lo mismo: hacia una culpa que no alcanza al lector como un rayo ni la siente en su piel.

Hay veces que aunque la trama de un libro no se sostenga por ningún lado, o el argumento sea poco creíble, la narrativa puede llegar a ser tan excelente que el lector puede olvidar la ficción para disfrutar del lenguaje o del estilo —de hecho tenemos ejemplos gloriosos—, pero es que aquí tampoco. El lector podrá encontrar alguna frase repetida o similar párrafo sí, párrafo también, en una narrativa poco consistente y escrita casi con apatía; sin fondo y sin alma. Sin el tan deseado mazazo que espera el lector en su cabeza. 

Como positivo hay que reconocer que la idea original, el argumento, es bueno. Un acto de ira de un muchacho hacia un niño con terribles consecuencias y además en un pequeño pueblo, es un incentivo. Las tres épocas para conocer cómo han evolucionado los protagonistas también. En general, el esquema, la base de la novela es buena. Lo mejor del libro, las primeras veinte páginas.

Esta es mi impresión sobre un libro en el que quizás tenía muchas expectativas puestas aunque no considero que éste sea el motivo principal por el que no me haya llenado su lectura. Y muy a mi pesar lo escribo.

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