La sustancia del mal

La sustancia del mal. Luca D’Andrea. Alfaguara.

Luca D’Andrea nació en 1979 en Bolzano, Italia, donde vive y trabaja como profesor. Tras escribir la trilogía juvenil Wunderkind, en 2013 fue guionista de la serie documental Mountain Heroes sobre el equipo de rescate alpino, que inspiró su primer thriller, La sustancia del mal, vendido a más de treinta países aun antes de su publicación y convertido en un fenómeno editorial sin precedentes. Publicado en Italia en 2016, entró directamente en la lista de más vendidos, está siendo traducido a treinta y cinco idiomas y será adaptado como serie de televisión internacional por los creadores de Gomorra.

Sinopsis

En 1985, durante una terrible tormenta, tres jóvenes son brutalmente asesinados en el Bletterbach, un enorme cañón tirolés cuyos fósiles cuentan la historia del mundo. Treinta años más tarde, el documentalista estadounidense Jeremiah Salinger se instala en la pequeña localidad alpina junto a su mujer y su hija pequeña y, a medida que va conociendo a los habitantes de la comunidad, se obsesiona con ese caso nunca resuelto. Nadie a su alrededor desea remover el pasado, como si aquel sangriento acontecimiento llevara consigo una maldición, y todos parecen esconder secretos inconfesables.

Reseña

En ocasiones un thriller llama la atención sencillamente por el lugar donde se encuentra ambientado. Y hablo en esta ocasión de un lugar tan magnífico como los Dolomitas, unas montañas de la cordillera alpina en Italia que son espectaculares y que pueden disfrutar tanto los amantes de los deportes de montaña como aquellos que prefieran sencillamente relajarse y disfrutar del paisaje. Es en ese lugar donde se enmarca La sustancia del mal, la novela de Luca D’Andrea y de la que se dice es ya un boom editorial al ser vendida sus derechos a 35 países. 

En un pueblo de la región del Bletterbach en el año 1985 se sucede una terrible masacre y mueren asesinados tres jóvenes. Nunca se encontró al culpable. Treinta años después,  Jeremiah Salinger se instala en un pequeño pueblo alpino junto a su mujer y su hija. Salinger es documentalista y mientras está rodando el rescate que está llevando a cabo el socorro alpino para recuperar una mujer en una grieta de un glaciar, Salinger vivirá una terrible experiencia que le marcará profundamente. Pronto se obsesionará con la montaña y con la muerte de aquellos tres muchachos sucedida en 1985 e iniciará una investigación por su cuenta.  

«Rasca por debajo de la superficie de un pueblecito de setecientas almas y encontrarás un nido de víboras».

La sustancia del mal es un libro estudiado y trazado para ser altamente adictivo. Frases cortas, capítulos muy reducidos, cliffhangers, giros innumerables, narración en primera persona por el protagonista con ciertas reminiscencias al rey Stephen King, más una ambientación impecable y muy visual, proporcionará una inmersión total en la lectura a los pocos minutos de haberla empezado. De hecho, el primer tercio del libro es francamente vibrante aunque como es lógico, mantener el suspense a lo largo de las 472 páginas que componen La sustancia del mal puede ser muy complicado y el lector podría empezar a flaquear ante los excesos de giros y de sorpresas; más, si es una narrativa sencilla como es este el caso. Los problemas personales de Salinger con su familia —el personaje es como una bomba de relojería andante—, y los innumerables precipicios narrativos, harán que un tipo de lector que desee algo más que distracción, pierda esa impaciencia por saber más. Un “quién lo hizo” en toda regla que saltará de sospechoso en sospechoso en una única línea narrativa. 

Este es un libro destinado a aquellos lectores que disfrutaron, por ejemplo, con todos los giros y enredos que ofrecía La verdad sobre el caso Harry Quebert. También para aquellos que no les importe conocer la resolución hasta la última página y que deseen una lectura ligera para las vacaciones ambientada en un espectacular paraje. 

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