Taxi

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TAXI

Carlos Zanón.

Salamandra.

«Tenemos que hablar», le dice Lola a su marido durante el desayuno. Él le responde que lo harán por la noche, cuando acabe su jornada en el taxi. Sandino es un hombre melancólico, que duda en regresar a casa porque teme que Lola, harta de sus infidelidades, lo deje. No está muy seguro de si desea que eso suceda, como tampoco sabe si le gusta ser taxista, si es capaz de querer a alguien o si todo consiste en seguir rodando y chocando, como una bola en una mesa de billar llamada Barcelona.

Durante siete días y sus seis noches, Sandino recorre las calles y los barrios como un muñeco roto que huye de sí mismo, un depredador que deambula sin rumbo fijo, de sitio en sitio, a criterio siempre del cliente, del tedio o de la ocasión de cauterizar la herida de la forma más carnal. Y mientras dura su particular odisea, en su mente se mezclan y entrelazan las historias de pasajeros, amigos y enemigos, una maraña de recuerdos y fantasmas del pasado que dibujan un mapa existencial de su vida, de la vida de la ciudad y de los personajes que la habitan. Tal vez así, en su fuga hacia la nada, Sandino logre liberarse de sus ataduras, de sus amores espurios y del entorno que lo atenaza para llegar a algún lugar en el que nunca ha estado.

La fuerza narrativa, el ritmo hipnótico imbuido de ecos musicales y el profundo calado psicológico de Taxi suponen un salto cualitativo en la obra de Carlos Zanón. Los avatares de Sandino configuran un personaje inigualable que permanecerá en la memoria de quienes degustan la buena literatura.

RESEÑA por Nieves Abarca

Leemos para drogarnos de irrealidad. Leemos para escapar. Leemos para sufrir y para ser felices. Leemos para no abandonar las noches de la infancia, linterna,  mantas y una novela de Julio Verne en la que los protagonistas se encontraban con un submarino lleno de ira y libertad.

Solo me interesan los escritores cuando son capaces de devolverme a ese estado de trance. El estado de nervios de la búsqueda y el hallazgo. ¿Qué habrá dentro de esa novela? ¿Quiénes serán los protagonistas? ¿Valdrá la pena asomarse a esa ventana? Y en este caso… ¿valdrá la pena abrir las puertas del Taxi de Carlos Zanón?

Definitivamente sí.

El Taxi de Zanón rezuma literatura por todas sus juntas. La chapa es negra como la noche y los asientos, incómodos y feroces. No hay un segundo de calma en ese vehículo nocturno e insomne que nos lleva por la Barcelona desconocida, transitando por las almas de los viajeros y de Sandino, ese conductor triste y culto que se ve forzado a hacer el taxi por culpa de la crisis. Sandino es un marciano en ese mundo duro. Lee para drogarse de irrealidad. Su vida es música. Su mote es música. Y también son música las palabras que usa Zanón para narrar las aventuras de ese cruce entre Marcelo y Travis que es Sandino. De calle en calle y de cama en cama, el taxista huye de todo y de todos en una espiral interminable que no le aleja de nada: de su mujer a la que ama y engaña, de su pasado, de su futuro. Seis noches en las que Ulises reverso se deja ir al albur de los vientos marinos, de los cantos de Sirena, de las llamadas de sus enemigos y de sus amigos. Sandino es el protagonista indiscutible del libro, pero los secundarios no le van a la zaga: la bella Nat, la inalcanzable Isolda de nuestro héroe; Sofía, la taxista inseparable y tacaña; Jesús, el músico loco que protagoniza una de las escenas más perturbadoras de la novela en el cementerio de Les Corts; Valeria y Regina, las dos niñas que lleva Sandino al colegio, infantas rubias adorables que tararean a Los Burros, “Casas tan altas como ataúdes, ríos podridos por la ambición”. Victorias pírricas las de un Sandino que pasa el día entre cenizas, cementerios, hoteles baratos y brazos de mujeres a las que no sabe si ama o detesta y la noche en la playa,  garitos oscuros y carreras sin final. Sandino solo quiere lo que no alcanza, solo ama lo que no quiere y solo sabe que su disco favorito de The Clash ni siquiera es el mejor del grupo. ¿Cómo consigue Zanón que un taxista cobarde, mujeriego y algo fondón sea un héroe irresistible? Eso es parte del misterio de las letras de este escritor barcelonés que vuelan a una altura cada vez mayor. Zanón roba las palabras a los demás escritores y se las queda él para convertirlas en música. Se tiene o no se tiene, y Carlos Zanón lo tiene y por arrobas. Cada libro es mejor que el anterior, cada libro encierra con más fuerza el misterio de la lectura, el estado de trance que buscamos cuando somos niños al abrir las páginas por vez primera. Cuando cerramos Taxi, daríamos lo que fuera para que Sandino nos grabase una cinta casete TDK con su música favorita o para que nos recomendase un libro. Pagaríamos lo que fuera por una carrera en su Prius, engañados en el taxímetro a través de las calles de una Barcelona melancólica que nunca duerme.

Solo me interesan los libros que te devuelven a la ilusión de la infancia. La ilusión de descubrir un mundo nuevo, sentir, odiar, amar. No es fácil que un escritor lo consiga cuando la edad se ha encargado de malear a la niña interior. Pero gracias a Zeus y a los dioses del Olimpo, Carlos Zanón anda por ahí.

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Carlos Zanón (Barcelona, 1966) es poeta, novelista, guionista, articulista y crítico liteario. Publicó sus primeros poemas a finales de los ochenta y ha editado hasta la fecha siete volúmenes, elogiados por la crítica especializada. Como narrador, debutó en 2008 con la novela Nadie ama a un hombre bueno. Luego publicó Tarde, mal y nunca (2009, Premio Brigada 21 a la Mejor Primera Novela Negra del Año), No llames a casa (2012, Premio Valencia Negra a la Mejor Novela Negra del Año), Yo fui Johnny Thunders (2013, Premio Salamanca Negra 2014, Novelpol 2015 y Dashiell Hammett 2015) y la recopilación de cuentos Marley estaba muerto (2015). Su obra ha sido traducida y publicada en Estados Unidos, Holanda, Francia, Italia y Alemania.

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