El nadador en el mar secreto

El nadador en el mar secreto. William Kotzwinkle. Traducción de Enrique de Hériz. Navona Editorial. Impactos.

Por Cristina de @abrirunlibro

William Kotzwinkle es un escritor estadounidense, autor de libros infantiles, novelas de género fantástico y de intriga, y también guionista cinematográfico. En 1977 ganó el World Fantasy Award for de Best Novel por Doctor Rat, publicado por Navona, y fue galardonado asimismo con el National Magazine Award of Fiction. Vive en Maine con su esposa.

SINOPSIS

El nadador en el mar secreto es la historia del arduo nacimiento de un niño contado por su padre. El lenguaje poético de su narración y una contenida emoción se funden para proyectar un potente sentimiento de amor y a la vez de aceptación de una realidad no deseada.

RESEÑA

Existen momentos que no son propicios para leer según qué libros donde se trata un tema en el que no quieres ahondar por tenerlo demasiado presente en tu día a día. Esto es lo que me ocurrió en el momento en que Navona publicó El nadador en el mar secreto con la bonita edición de color naranja allá en el año 2014. En cambio, cuando el mundo se reorganiza y queda en un aparente equilibrio —nunca volverá a recomponerse ni será jamás igual—, sucede todo lo contrario: aunque la mente haya olvidado aquel libro, curiosamente parece que el libro sí tenga memoria y aparece de repente ante tus ojos para que le hagas caso sabiendo que tienes una cuenta pendiente con él. Y esto es lo que ha sucedido con la nueva edición de bolsillo de Navona Editorial de El nadador en el mar secreto con un formato precioso y delicado y, hay que decir también, a un precio excelente.

Este es un libro que siendo casi alusivo, es hermoso. Siendo austero, exquisito. Siendo formal, poesía. Un libro sereno donde su autor relata lo sucedido en el instante en que él y su mujer perdieron al primer hijo cuando éste nació muerto. Una radiografía de dos días donde en estado de conmoción —ese momento en que uno actúa sin ser consciente al 100% y avanzando como un autómata—, donde se nos relata de manera detallada y minuto a minuto cómo actuaron y qué hicieron cuando la vida les giró la espalda.

El nadador en el mar secreto es una narración sin afectación y con una prosa transparente donde habla del dolor puro —la imagen del hielo se nos graba en el cerebro y se podría decir que es un dolor “blanco” como la nieve—, sin artificios y hasta sin lágrimas ya que el dolor desesperado, negro, lacrimoso, llegará después con el duelo y sus etapas. Y William Kotzwinkle hace bien utilizando esos primeros días de la pérdida que serán los más naturales y limpios, aunque parezca paradójico, para expulsar los primeros demonios de lo que será un largo peregrinaje cuesta arriba.

La tragedia, explicada con sencillez y con un lenguaje sobrio, es lo que más llamará la atención de esta pequeña joya que relata una pérdida buscada y deseada como es un hijo. Una desdicha quizás mayor a otras pérdidas pero definida bellamente y hasta de manera tranquilizadora para el protagonista: una especie de rúbrica, de final, no del hijo muerto sino del propio William Kotzwinkle, consciente ya del antes y del después en su vida.

«El viaje hasta el bosque pareció durar años y, mientras subía las colinas que llevaban hasta al asentamiento abandonado, Laski sintió que el espíritu de su hijo se extendía en torno a él. Y al extenderse de aquel modo, integrado en todos los árboles, en cualquier nube, notó que iba perdiendo personalidad, sintió que se disolvía en algo remoto, expandido hasta más allá de su propia capacidad de perseguirlo. Ya se va, pensó Laski, Ha madurado y me abandona. Adiós, adiós, se despidió mirando hacia el hermoso cielo del este, donde el sol encandilaba a los árboles». 

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