Arthur Conan Doyle y «El Club de los Crímenes»

Arthur Conan Doyle y «El Club de los Crímenes»

Por Cristina de @abrirunlibro

Arthur Conan Doyle, famoso por ser el creador del infatigable e inmortal detective Sherlock Holmes, dispone de algunas facetas personales bien conocidas por el público. Una de ellas, la de ser un fervoroso creyente del dogma espirita —de gran corriente en la época—. Aunque dicen que se volcó con más vehemencia a partir de la muerte de su hijo Kingsley con el que contactaría durante una sesión con una médium, Doyle perteneció durante treinta y seis años a «La Sociedad Británica de Investigación Psíquica», sociedad dedicada al estudio de fenómenos extraordinarios e inexplicables.


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El escritor sin embargo demostró ser algo candoroso con las fotografías de las primas Elsie Wright y Frances Griffith de Yorkshire, que aseguraban haber visto a unas hadas en el bosque y haberlas fotografiado. Posteriormente confesarían que las fotografías eran todas falsas excepto una que sí era real. De ese hecho surgió uno de los libros más maravillosos de Arthur Conan Doyle:  «El misterio de las hadas», publicado en 1921, y que merece la pena conocer por la presentación que nos hace Doyle sobre estos seres fantásticos y entrañables.

Quizás otra faceta no tan conocida de Doyle fue su pertenencia a «The Crimes Club» —el Club de los Crímenes como así lo apodaron sus miembros—, junto a otros componentes y que se reunirían cuatro o cinco veces al año para comentar e investigar crímenes reales de la época. Algunas de estas investigaciones tuvieron un considerable éxito de resolución como es el caso de George Edalji, hijo del reverendo hindú Shapurji Edalji de St Mark’s Church —en Gran Wyrley, Staffordshire—, y falsamente acusado de herir a varios animales y, entre ellos, de mutilar a un pony.

 George Edalji fue condenado a siete años de trabajos forzados.

Arthur Conan Doyle creyó firmemente que se trataba de un caso claro de racismo y escribió varios artículos en Daily Telegraph haciéndolo constar y rebatiendo algunas de las acusaciones que se habían hecho durante el juicio demostrando que eran imposibles. Finalmente el Ministro del Interior y después de tres años y gracias a la insistencia de Doyle, dejó en libertad a George Edaljive en 1907, tras ver éste su carrera de abogado arruinada. 

Otro caso en el que intervino Conan Doyle fue en el de Oscar Slater, un delincuente menor que fue acusado de la muerte de una anciana de 82 años, Marion Gilchrist, en su casa de Glasgow en 1908. Marion Gilchrist fue brutalmente asesinada y se echó en falta documentación —exactamente sus últimas disposiciones—, y un broche de diamantes. A los pocos días la policía anunció que buscaba a Oscar Slater al haber sido visto intentando vender el broche y que se encontraba huido del país. Slater, que había estado en Glasgow 6 semanas para zarpar posteriormente en el Lusitania en Liverpool con destino a Nueva York, fue arrestado a su llegada en el muelle y Slater consintió en volver a Glasgow para demostrar su inocencia.

Éste tuvo un juicio muy irregular y el jurado lo condenó a muerte. Doyle consideró que las pruebas presentadas se tambaleaban, desde el arma del crimen hasta la declaración de los testigos, y que Gilchrist posiblemente había conocido al asesino y lo había dejado entrar en su casa. Después de diversos artículos de Doyle reclamando la verdad —se cree que el asesino era un conocido de la víctima, posiblemente su sobrino, y que habían discutido por el testamento, llegándola a matar en un acto de furia—, publicó «The Case of Oscar Slater» en 1912 y se dirigió con diversas cartas a los periódicos exponiendo su desconfianza sobre la decisión del jurado y del propio juicio. Finalmente el periodista Glasgow William, después de investigar también el caso, llegaría a la misma conclusión que Doyle y los periódicos volvieron a hacerse eco del suceso. Por fin, en 1927, el secretario del Estado de Escocia liberó a Oscar Slater pero no lo indultó. Conan Doyle siguió persistiendo en su inocencia y al poco tiempo Slater fue también absuelto de los cargos y se le concedieron 6,000£ como compensación.

Tanto el caso de George Edalji como el de Oscar Slater, fueron dos casos que bien podrían haberse sumado a cualquiera de las aventuras de Sherlock Holmes. «El Club de los Crímenes» creado en 1904 como un club social de escritores de la época para investigar delitos y que podría parecer a simple vista un club de ociosos intelectuales, dio sus buenos frutos como se puede constatar y Arthur Conan Doyle no sólo pasaría a la historia por el ser el creador de Sherlock Holmes y un ferviente espirita sino también como un criminólogo con una gran intuición de sabueso.

Fuentes www.westminsteronline.org @MarcosGGuerre lapiedradesisifo.com

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