Días sin final

Días sin final. Sebastian Barry. Traductora Susana de la Higuera Glynne-Jones. Alianza Editorial.

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Por Cristina de @abrirunlibro

Cuando una historia de ficción araña la sensibilidad de un lector, cabría la posibilidad de que éste se encontrara en un momento especial para que eso ocurriera. O podría ser que la novela en realidad fuera una gran historia. E, incluso, que ambas casualidades concurrieran a la vez. O no. Sí es, casi seguro, que aquel que decida leer Días sin final es posible que no salga ileso de un libro que dispone de una conmovedora ternura. 

La historia sobre La Gran Hambruna en Irlanda da el inicio a la ficción de Sebastian Barry premiada con el Costa Book Award 2016 y seleccionada como una de las diez primeras mejores novelas por la revista Time en 2017. Narrada por un joven Thomas McNulty que huye de Irlanda y que ha visto morir a toda su familia de inanición —escalofriantes las imágenes que recurren constantemente a su cabeza—, conocerá ya en EEUU a otro joven de similar edad, John Cole, —aunque ambos desconocen exactamente la fecha de nacimiento es posible que ronden los quince años—, y se harán amigos. Para poder sobrevivir, primero trabajarán bailando travestidos en un «Saloon» en Daggsville ante los mineros del lugar. Mientras su físico les permite vivir de ello —son aún imberbes y han estado mal alimentados—, dispondrán de una vida mucho mejor de la que han tenido hasta entonces. Aunque llegará un momento en que, transcurridos dos años, la madre naturaleza seguirá su curso y el físico les cambiará por lo que no podrán seguir representando su papel de chicas cada noche. La única posibilidad que disponen en aquel momento será la de alistarse en el ejército de los Estados Unidos. Así empezará una serie de horrores como la colonización de las tierras de los nativos americanos o la Guerra Civil estadounidense y donde ambos chicos consolidarán su amistad en un amor homosexual. 

Lo primero que sorprende es la manera en que se encuentra relatada Días sin final. La voz narrativa y en primera persona de Thomas McNulty es primero desconcertante ya que se encuentra escrita casi con dificultad. Pero es entonces cuando uno comprende que se halla ante el hecho de que McNulty no es una persona instruida. A pesar de ello y de las extrañas oraciones, la narración dispone de una belleza lírica inesperada que hará que se observe la novela bajo otro prisma y se valore aún más el esfuerzo del autor y la gran pericia que demuestra. Hay que destacar sobre todo la gran traducción de Susana de la Higuera Glynne-Jones y la habilidad para mimetizarse con la obra atendiendo a las peculiaridades de la misma.

La forma de preparar un cadáver en Misuri se llevaba la palma, desde luego. Era como si engalanaran a nuestros pobres soldados de caballería caídos más para el matrimonio que para la muerte. Cepillaban los uniformes y los untaban con parafina hasta darles un aspecto jamás visto cuando estaban vivos. Los rostros mostraban un apurado afeitado, como si el embalsamador se empeñara en que no apareciera asomo de bigote o barba. […] De todas maneras, a la muerte le gusta convertir la cara de uno en la de un extraño. 

El libro, a pesar de contener un emotivo relato, dispone también de una gran dureza. Nos encontramos en mitad del siglo XIX donde muchos irlandeses huyendo de las hambrunas de su país —murieron más de un millón de personas y otro millón tuvo que emigrar—, se vieron inmersos en otras guerras en América como la Guerra de Secesión pasando antes por las Guerras Indias. Las aventuras de los dos muchachos en su peregrinaje y el fuerte lazo que los une no les exime de vivir verdaderas carnicerías y holocaustos. Unos campos de batalla en el oeste americano donde las atrocidades se suceden pero que siempre dejarán espacio para la esperanza y el amor. Una historia realista narrada con una simpleza visual admirable donde Sebastian Barry dota de una fuerza inusual al protagonista principal, obviando y siendo alusivo con su pareja «el guapo John Cole» y a una tercera persona que tendrá mucho que ver en esta historia, una niña de una tribu sioux. 

Una efectiva, y afectiva, novela que el autor dedicará a su hijo homosexual en la primera página del libro. 

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