Mañana, lector, busca la firma de un escritor que te sonría

Mañana, lector, busca la firma de un escritor que te sonría

Por Cristina de @abrirunlibro

Mañana, 23 de abril, es un día muy importante para muchos: escritores, libreros, editores, traductores, agentes y, en general, para todas aquellas personas que trabajan en el difícil e inestable mundo del libro. Y cómo no, será un gran día para cierto tipo de lector que quiere conseguir la rúbrica de su escritor favorito*. Se trata de un lector que compra libros habitualmente pero también puede ser un consumidor ocasional. Alguien que regresará a casa con uno o más libros firmados bajo el brazo. Es hasta incluso posible que pueda hacerse un selfie con el autor, si la caseta donde se encuentra lo permite y las colas no son excesivas. Pero esos lectores también esperarán otra cosa de la persona que despierta su admiración. 

No soy una cazadora de firmas aunque en otro tiempo sí lo fui. Preparaba mi ruta de Sant Jordi con días de antelación, con los horarios y los lugares donde se encontraban mis escritores predilectos para conseguir mi trofeo. Ahora, en mucha menor medida, antes de perseguir una firma me aseguro de cumplir con otras expectativas desde que un escritor, en otro Sant Jordi de hace unos pocos años y después de una cola desmesurada bajo un sol abrasador, me miró extrañado porque le tendí la mano para estrechársela como despedida una vez conseguido mi propósito. Me devolvió la mano con cierta cara de hastío y no fue un apretón firme sino que devolvió mi entusiasmo con una mano lánguida desviando la mirada hacia la cola, nervioso por la pérdida de tiempo que representaba un gesto de respeto al verse obligado a soltar la pluma y romper su indiferente ceremonia. Yo sabía que no podía esperar mucho de aquel autor que me gustaba, y me sigue gustando, pero me sorprendió su mano floja y poco expresiva. Es desde entonces que busco algo más que no sea sólo una firma: busco a escritores que sé perfectamente devolverán mi gesto de deferencia. Son aquellos a los que no les molesta estrechar mi mano o que, incluso, me devuelven un par de besos, en su mayoría lanzados al aire, pero besos al fin y al cabo.

 

 

Me viene ahora a la memoria las sonrisas de autores en otras muchas firmas mientras escribo esto. Todas son sonrisas diferentes que van acompañadas de pequeños, o grandes, gestos de comunicación no verbal. Hay sonrisas y brillos en los ojos mientras te miran, o las hay tímidas que aprovechan la dedicatoria para bajar la cabeza y esconderse abrumados por el cariño. Algunas son esperanzadoras, aunque hay también sonrisas que no pueden ocultar una expresión de asombro a causa de la admiración que despiertan. Algunos autores no tienen miedo de estrecharte la mano y hasta pueden ejecutar una casi imperceptible inclinación de cabeza. Los hay que firmarán con una sonrisa segura, con la cabeza alzada, y casi rasgando la hoja sabiendo que han hecho un buen trabajo en su libro.

El lector sabe perfectamente quiénes son los escritores asertivos al igual que yo sabía aquel día que no iba a recibir un gesto más amable de aquel autor  —aunque sí esperaba, lo reconozco, un fuerte apretón de manos —. La suerte es que los escritores que sí sonríen son perfectamente reconocibles. Por eso, lector, cuando traces tu ruta para conseguir una rúbrica mañana, busca siempre la del autor que te sonría y el día será más fantástico aún si cabe.

*Aclarar que el género al que hago referencia es tanto masculino como femenino. No considero necesario especificar “escritores y escritoras”.

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