Antes del huracán

Antes del huracán. Kiko Amat. Anagrama.

Por José Manuel López Marañón

Para su quinta y sobresaliente novela, Kiko Amat (Sant Boi de Llobregat, 1971) ha elegido como tema principal la enfermedad mental. En efecto, tanto a su principal protagonista –Curro Abad Colet– como a su madre, les ronda una locura que acabará cebándose con ellos. Otros personajes no menos decisivos de Antes del huracán como el abuelo Sebastián o el amigo de Curro en el manicomio –Plácido– resultan ser también locos manifiestos.

Para tranquilidad de los lectores habrá que decir que no nos encontramos ante una novela difícil, cuando no hermética. Suele ser algo relativamente habitual describir enajenaciones mentales usando un lenguaje científico que crea trabajosas barreras entre autor y lector. Aquí Amat usa palabras que a todo el mundo suenan, encargándose él de ampliar luego conocimientos, con rigor y amenidad narrativa sobre –por ejemplo– el estrés postraumático, la esquizofrenia o la neurastenia.

Nacido en 1970 en un pueblo de la periferia barcelonesa Curro lleva veinticuatro años ingresado en el manicomio «Congregación Hermanas Hospitalarias Santa Dympna» (la santa irlandesa es patrona tanto de los enfermos mentales como de la psiquiatría). Allí sufre Curro las espectrales apariciones de su madre. La muerte de ésta es el inicio, según el doctor Avelino Quincoces, de un largo proceso de entradas en psiquiátricos para adolescentes, que acaba –en 1983– con un ingreso ya definitivo.

La manía persecutoria del paciente se refleja en las órdenes que recibe por televisión o en cómo ETA le ordena que asesine en Cataluña. El tratamiento psicótico esquizofreniforme requiere, en su fase agresiva, de Haloperidol y Clorpomazina, bastando la Clozapina para fases más estables.

«Otra gente ha sufrido traumas similares y nunca se quebraron. Se enfrentaron a ellos de otro modo, o la tragedia les proporcionó una voluntad y una energía férrea, les trazó un camino de hierro. Una incapacidad perpetua para el desaliento. A mí no me sucedió eso. Yo me rompí de inmediato.» (Curro Abad)

Antes del huracán alterna los capítulos del manicomio (narrados en tercera persona) con otros, en primera persona, que cuentan las vicisitudes de Curro Abad, desde su infancia (que acaba a los 11 años) hasta el violento suceso que originará su definitiva caída. La vida familiar es mostrada durante los ochenta. Acontecimientos de peso como el Mundial de fútbol de 1982, celebrado en España, o la aplastante victoria del PSOE, en octubre de ese mismo año, ponen adecuado marco para revelar la complicada convivencia entre los miembros de una familia de clase media-baja.

A los Abad les caracteriza, aparte de los apuros económicos, una crispación permanente entre sus cuatro miembros y el perro (quien, al igual que la madre, muestra evidentes síntomas de chaladura). Este tenso equilibrio se va al garete cuando se descubre cómo el padre –Sebas Abad– aprovecha sus «sesiones de footing» para acostarse con Luisa en su Seat 124 (los Hurtado –Héctor, Luisa y su hijo Mateo– fueron amigos íntimos de los Abad: Sebas hasta compartió con Héctor una empresa de reformas). Aunque lo sabe por haber descubierto in fraganti a los fogosos amantes, Curro tratará de silenciar la infidelidad paterna porque teme que, de enterarse, su madre pueda enloquecer definitivamente.

«Nunca te quejes y nunca des explicaciones.» (Frase de Benjamin Disraeli citada a menudo por Winston Churchill.)

En Santa Dympna alambicados propósitos de fuga y llegadas de nuevos pacientes (así como los inevitables suicidios) entretienen a Curro y a Plácido. Entre ambos se ha establecido una relación amo/mayordomo (basada en la dialéctica negatividad/pragmatismo) que los satisface. El uniforme de Plácido (chaleco rayado en amarillo y negro; plastrón y chaqueta de gala; afeitado reluciente; zapatería acordonada y calcetinería de calidad) contrasta vivamente con los ropajes desquiciados de Curro: trajes mil rayas de pantalón acampanado, chaqueta de un solo botón, fular de cortina y zapatos sujetos con cinta aislante.

Aunque hay momentos de mucha tristeza y desolación, la vida manicomial viene apuntada con un sentido del humor carnavalesco, como salido de la pluma de Valle Inclán.

«En un mundo como este, Plácido, sólo puedes beber o enloquecer. Yo hice lo primero, y luego, cuando eso ya no bastaba, lo segundo.» (Curro Abad)

Pivota, por lo tanto, esta novela, sobre dos escenarios caracterizados con saludable quietud: el pueblo de Sant Boi del Llobregat, congelado a comienzos de los años ochenta, y su trastornado manicomio en fechas más actuales. A pesar de que la locura heredada de Curro sea el gran tema, Amat no lo desarrolla con una escritura rápida y temiblemente esquizoide; alejado de la incomprensibilidad él narra pausado y cabal, indagando al detalle las complejísimas vidas de sus personajes.

Frente a tantas otras desquiciadamente rápidas e inanes, estamos ante una investigación regocijante y reposada. Antes del huracán atrapará a quienes gustan de la gran literatura. No se nos ocurre mejor recomendación para estas próximas vacaciones estivales.

***

Kiko Amat (1971) nació en Sant Boi de Llobregat, en la periferia barcelonesa. Su padre era rugbista, y su madre, auxiliar del manicomio local. Abandonó los es­tudios a los diecisiete años para ser mod, cleptómano, disquero, cajero en McDonald’s, operario de cadena de montaje en Seat Martorell, vigilante de camping, cartero comercial y camarero de un gran hotel. Ha pu­blicado las novelas El día que me vaya no se lo diré a nadie (2003): «Una historia divertidísima y arriesga­da» (Lolita Bosch, Rockdelux); Cosas que hacen BUM (2007): «Les pido, les suplico, que lo dejen todo y va­yan a comprar, o mejor dicho a devorar, Cosas que hacen BUM. No se arrepentirán, en serio» (Ernest Folch, El Periódico); Rompepistas (2009): «Inteligen­te, emotiva, divertida y a la vez melancólica. Un Trainspotting (casi) sin drogas. Un guardián en la fábrica La Seda. Un Graham Swift sin Guinness (con Estrellas). Una novela excelente» (Carlos Zanón); «Poderosa, emocionante, fundamentalmente honesta y rabiosa­mente pop» (Philipp Engel, Qué Leer); «Cierrra de ma­nera magistral su ciclo sobre los hostiles años 80… El autor da su do de pecho narrativo» (Matías Néspolo, El Mundo); Eres el mejor, Cienfuegos (2012): «Tal vez la forma más precisa y la más elogiosa de describir la cuarta novela de Kiko Amat es asegurar que es una no­vela 100 % Kiko Amat. Cienfuegos representa lo peor de nuestra generación: Amat, por lo menos en litera­tura, es seguramente lo mejor» (Javier Calvo), todas en Anagrama. También es autor de dos libros de no-ficción, Mil violines (2011) y Chap chap (2015). Escribe regularmente para «Babelia» de El País, El Periódico y «Cultura/S» de La Vanguardia, y desde el año 2011 codirige el festival Primera Persona en el CCCB.

Foto: © Eugenia Broggi