Tigres de cristal

Tigres de cristal. Toni Hill. Grijalbo.

Por Cristina de @abrirunlibro

Años 70 en “Ciudad Satélite”: un conjunto de edificios de color verde del extrarradio de Barcelona en el barrio de Sant Ildefons en Cornellà de Llobregat. Hoy, un brazo más de Barcelona capital. Un lugar donde las familias que fueron a vivir a aquellos pisos provenían casi todas de otras regiones de España para un barrio obrero apodado también “La ciudad sin madres”. Un apelativo conseguido de una curiosa manera ya que cuando los cobradores iban a recaudar por los pisos —sí, antes era así y se pagaba en mano los recibos—, siempre abría la puerta un niño diciendo que su madre no estaba. La mayoría de aquellas madres testimoniales y casi siempre ausentes se encontraban trabajando, en su gran mayoría, como limpiadoras en los barrios acomodados de la capital. «Años después fue el barrio de Barcelona con el tanto por ciento más alto de universitarios» me explicaba hace poco una escritora. Y es en este lugar y en esas fechas de finales de los años 70 donde Toni Hill ambienta su última novela Tigres de cristal.

Narrada de manera coral en primera y segunda persona, Tigres de cristal pivota y gira al rededor del distrito y de sus gentes pero, sobre todo, hace de grandes protagonistas a los niños de aquellas familias obreras que se fueron de su lugar de origen buscando, precisamente, mejores posibilidades para sus hijos. Son Víctor Yagüe y Juanpe Zamora, amigos de la infancia compartiendo barrio y aula pero también cómplices de un terrible hecho que sacudió en su momento la conciencia de todos los vecinos. Casi cuarenta años después los dos amigos volverán a encontrarse pero a ambos la vida les ha tratado con suerte desigual: Víctor ha triunfado pero Juanpe dispone de un pasado sombrío que labró un presente turbio. La vuelta al barrio por parte de Juanpe le despierta los recuerdos y necesita saber quién le delató por lo sucedido aquel 15 de diciembre de 1978. Para ello recurre a su amigo Víctor aunque éste ha olvidado lo acontecido llevado, seguramente, por una auto-protección. 

Amistad y culpa moverán los hilos de esta novela que se inicia con una aparente tranquilidad pero que la primera voz narrativa nos vaticinará que la lectura se convertirá pronto en un camino de espinas. 

Desde la cama, el silencio de la casa le resulta extraño, poco acogedor, y apoya los pies descalzos en el suelo sin saber muy bien qué hora es. Se mueve despacio, nota la cabeza embotada después de una siesta profunda. El parquet no está frío, y aun así busca las zapatillas antes de levantarse. Lo hace en dos tiempos, su espalda necesita unos segundos para estirarse del todo; luego camina lentamente hacia la puerta. Cuando sale al pasillo se queda quieto, desconcertado ante una distribución del espacio que no termina de encajarle. Puertas equivocadas a lo largo de un pasillo demasiado largo, demasiado vacío. Puertas blancas que cubren agujeros negros.

Los grandes párrafos descriptivos, la aguda percepción de los sentimientos, el ambiente de aquella época de cromos de “Mazinger Z” y de la serie de “Sandokan, el Tigre de Malasia”, nos conducirá hacia la vida de unos niños inocentes que pronto perderán la alegría. Son niños, y como tal, vulnerables al fin y al cabo. Niños que se quiebran como el cristal cuando el abuso y la maldad les arrebata lo mejor que tienen: la infancia. Pero la misma maldad sigue su curso en el tiempo y vuelve con más fuerza y se multiplica en la época actual. Son tiempos de tecnología, de WhatsApp, y de imágenes y rumores que corren como la pólvora por la red. Otros niños, en el mismo espacio y lugar, volverán a sufrir el hostigamiento, la intimidación, el terror.

Tigres de cristal es un libro que explora la lealtad y la traición pero también la reparación del daño causado por el error, si ello es posible. Toni Hill modula en un espacio casi único, una novela de silencios ante el acoso en una sociedad real de un lugar real con personajes que bien podrían ser también reales porque así lo sabe transmitir. Una ficción que tiene la autoridad de lo auténtico.

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Toni Hill (Barcelona, 1966) es licenciado en psicología. Lleva más de diez años dedicado a la traducción literaria y a la colaboración editorial en distintos ámbitos. Entre los autores traducidos por él se encuentran David Sedaris, Jonathan Safran Foer, Glenway Wescott, Rosie Alison, Peter May, Rabih Alameddine y A.L. Kennedy. Su trilogía del inspector Héctor Salgado se ha publicado en más de veinte países y ha sido un éxito de venta y crítica: El verano de los juguetes muertos (2011),Los buenos suicidas (2012) y Los amantes de Hiroshima (2014). En su última novela, Los ángeles de hielo (Grijalbo, 2016), nos ofrece una magistral historia de intriga psicológica que penetra en los rincones más oscuros de la mente humana, a la vez que nos refleja el ambiente de unos años marcados por la guerra y la tensión social.