Casa tomada

Casa tomada. Julio Cortázar.

Por Liliana Souza.

«En mi caso los cuentos fantásticos han nacido muchas veces de sueños, especialmente de pesadillas. Uno de los cuentos que la crítica ha trabajado más, al que ha buscado infinidad de interpretaciones, es un pequeño cuento, “casa tomada”, el primer cuento de mi primer libro de cuentos, resultado de una pesadilla que soñé una mañana de verano. Me acuerdo perfectamente de las circunstancias y la pesadilla era exactamente lo que luego fue el cuento, sólo que en la pesadilla yo estaba solo y en el cuento me desdoblé en una pareja de hermanos que viven en una casa en donde se produce un hecho de tipo fantástico. Recuerdo perfectamente el desarrollo de la pesadilla que sigue exactamente el cuento; más bien viceversa: el cuento sigue exactamente la pesadilla. Me desperté bajo la sensación angustiosa del último minuto de la pesadilla y recuerdo que tal como estaba, en piyama, salté de la cama a la máquina de escribir y esa misma mañana escribí el cuento, inmediatamente. El cuento contiene todavía la pesadilla, sus elementos directos; hay simplemente el desdoblamiento de los personajes y los aportes de tipo intelectual, referencias de tipo culto, de literatura, la historia del momento, la descripción de la casa. Todo eso fue incorporado mientras escribía pero la pesadilla seguía ahí presente. Los sueños han sido pues uno de los motores de mis cuentos fantásticos, y lo siguen siendo.» Julio Cortázar dixit, en su libro “Clases de literatura” – Berkeley, 1980.

Escribir suele ser un oficio sin horario ni método seguro, pero sin duda, pone en suspenso cualquier conocimiento previo. Casa tomada, devino de un sueño, y de la habilidad de su autor. A través de él, el lenguaje resulta más real y tentador, hasta más peligroso. La primera publicación data de 1946 en la revista “Anales de Buenos Aires” dirigida por Jorge Luis Borges. Luego, en 1951, inicia el libro Bestiario.

«Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia

Si bien las referencias espaciales son mínimas, la historia se desarrolla en el centro de Buenos Aires. Pero la verdadera casa está ubicada en Chivilcoy. Aseguran aún en pie, sobra las calles Suipacha y Necochea. El cuento parece realista, pero paulatinamente se instala un ambiente de distorsión de las leyes naturales. El punto de incertidumbre es aquel donde algo que forma parte de lo conocido y familiar comienza a transcurrir en un orden diferente, extrapolado por una sutil percepción de las cosas. El texto, debido al carácter abierto, da lugar a múltiples interpretaciones. Permite una lectura sociopolítica, psicoanalítica, y hasta biográfica, invocando el exilio de Cortázar.

«Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia.»

Quien habla es el hermano de Irene, quien oficia de narrador. Quien cuenta, casi ingenuo en la forma y llano en las pequeñas ilusiones o resignaciones que los abordan. Siempre permanecieron juntos en esa casa. La mantienen. La cuidan. La casa, cual útero materno que los protege del exterior, del afuera.

«Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.»

El cuento expresa una especie de invasión que obliga a los personajes a ir abandonando los sectores que están en poder de los intrusos. Como sombras, los hermanos intentan preservarse, subsistir, continuar a como dé lugar. La gran casa de los ancestros representa el último refugio.

«Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza. —No está aquí. Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.»

Narrar también es una forma de exigirle a quien lee, obligarlo a involucrarse, a que preste el cuerpo entero en esa aventura. El desafío consiste en discernir con qué facilidad los hermanos no ofrecen resistencia. Él, es un hombre culto. Ella, una mujer sencilla cuyo único escenario es intramuros. Sin embargo, se resignan a convivir con quienes se apoderan de la casa.

«— Han tomado esta parte— dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.»

Hacia el final, la trama parece decir que nada es por azar. La memoria, las vivencias, la posibilidad de abordar y comprender, será un signo que resuene en lo cotidiano. Casa tomada, un cuento para leer y releer. Su autor, Cortázar.

Un tal Julio, que abrió un nuevo claro en el bosque de la literatura.

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Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.