Müller

Müller

Por Liliana Souza.

«¿TIENES UN PAÑUELO? preguntaba mi madre cada mañana en la puerta de casa. Yo no tenía el pañuelo, y como no lo tenía, regresaba a la habitación y tomaba uno. No tenía el pañuelo cada mañana, porque aguardaba la pregunta.

El pañuelo era la prueba de que mi madre me protegía, a otras horas del día, quedaba a merced de mí misma. La pregunta era una ternura indirecta. El amor se disfrazaba de pregunta.

Cada mañana estaba yo una vez sin pañuelo en la puerta, y una segunda vez con pañuelo.

Sólo después salía a la calle, como si con el pañuelo, también estuviera mi madre».

Porque Herta Müller tenía un pañuelo, lo extendió sobre el descanso de una escalera y comenzó a escribir, generando un lenguaje preciso y de crudeza absoluta.

«… en torno al monumento a los caídos han crecido rosas. Forman un matorral tan espeso que asfixian la hierba. Son flores blancas y menudas, enrolladas como papel. Y crujen. Está amaneciendo. Pronto será de día. Cada mañana, cuando recorre en solitario la carretera que lleva al molino, Windisch cuenta qué día es. Frente al monumento a los caídos cuenta los años. Detrás de él, junto al primer álamo donde su bicicleta cae siempre en el mismo bache, cuenta los días. Por la tarde cuando cierra el molino, Windisch vuelve a contar los días y los años.

Ve de lejos las pequeñas rosas blancas, el monumento a los caídos y el álamo. Y los días de niebla tienen el blanco de las rosas y el blanco de la piedra muy pegados a él cuando pasa pedaleando por en medio. La cara se le humedece y él pedalea hasta llegar. Dos veces se quedó en pura espina el matorral de rosas, y la mala hierba, debajo, parecía herrumbrada. Dos veces se quedó el álamo tan pelado que su madera estuvo a punto de resquebrajarse. Dos veces hubo nieve en los caminos.

Windisch cuenta dos años frente al monumento a los caídos, y doscientos veintiún días en el bache, junto al álamo. Cada día, al ser remecido por el bache, Windisch piensa: «el final está aquí». Desde que se propuso emigrar ve el final en todos los rincones del pueblo. Y el tiempo detenido para los que quieren quedarse. Y Windisch ve que el guardián nocturno se quedará ahí hasta más allá del final. Y tras haber contado doscientos veintiún días y ser remecido por el bache, Windisch se apea por primera vez. Apoya la bicicleta contra el álamo. Sus pasos resuenan. Del jardín de la iglesia alzan el vuelo unas palomas silvestres. Son grises como la luz. Sólo el ruido permite diferenciarlas. Windisch se santigua. El picaporte está húmedo. Se le pega en la mano. La puerta de la iglesia está cerrada con llave. San Antonio está al otro lado de la pared. Tiene un lirio blanco y un libro marrón en la mano. Lo han encerrado. Windisch siente frío. Mira a lo lejos. Donde acaba la carretera, las olas de hierba se quiebran sobre el pueblo. Allí al final camina un hombre. El hombre es un hilo negro que se interna entre las plantas. Las olas de hierba lo levantan por encima del suelo …»

…“el bache” de “el hombre es un gran faisán en el mundo”.

Herta Müller es novelista, poeta, ensayista. Entre innumerables premios, fue también galardonada con el Premio Nobel de Literatura de 2009. El estilo es sumamente particular. Transita los universos de la literatura, un espacio donde no cabe la inocencia, con el empeño de una escritora al servicio de luces y sombras entrañables. Su narrativa deviene en prosa poética. Busca las palabras precisas, las elige, las evoca.

«…cada palabra en el rostro sabe algo del círculo vicioso y no lo dice» Pero ella sí dice: «me gustaría decir una frase para aquellos, que todos los días son despojados de su dignidad. Aunque sea una frase con la palabra pañuelo, aunque sea la pregunta: ¿TIENES UN PAÑUELO? Puede ser que, desde siempre, la pregunta por el pañuelo no se refiera en absoluto al pañuelo, sino a la extrema soledad del ser humano.»

Herta Müller es pequeña, muy blanca, de pelo negro, ojos azules y viste ropa oscura. Creyó que había nacido en un lugar equivocado, pero nació en Rumania en 1953. El 17 de agosto cumplirá 65 años.

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Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.