Entrevista a Fernando Gracia, autor de la novela «Un detective en la cocina»

Entrevista a Fernando Gracia, autor de la novela Un detective en la cocina

¿Por qué has situado tu novela negra-criminal en el ámbito gastronómico?

— Me parecía interesante una novela negra gastronómica, término acuñado por la escritora y periodista Yanet Acosta a partir de su novela El chef ha muerto, y que viene un poco a aunar ambos mundos, el de la novela negra social, o incluso detectivesca, y la gastronomía. Es decir, el mundo de los fogones, donde hay un crimen, y así se junta un poco con la experiencia en la cocina para dar a conocer una novela dura que puede reflejar, como es el caso, la situación laboral en España, sobre todo a partir de la crisis que comenzó en el 2007 y que ha hecho emigrar a varios millones de españoles a Europa, Norteamérica, Sudamérica y Asia.

En Un detective en la cocina hablas de la desaparición de la clase media. Explícanos, ¿por qué elegiste este tema central?

— Creo que la polarización que está haciendo la Macroeconomía Financiera de la sociedad en casi todos los niveles profesionales, está llevando a la eliminación de la clase media en la mayoría de las profesiones. En este caso, hablando de una profesión como la de cocinero, lo podemos ver claramente en el hecho de que están por un lado los cocineros de quince estrellas Michelín, y por otro los parias sociales o pobres, la clase baja de la profesión, los mal pagados con contratos basura de setecientos euros o poco más, que son la inmensa mayoría. Los cocineros, en este sentido, hace unos veinte años más o menos, ganaban el doble que hoy día, tenían el triple de poder adquisitivo, vivían mejor, eran clase media. Pero hoy esto no ocurre ni de broma, no, hoy son menos que mileuristas, o si lo son, no llegan siquiera a fin de mes, igual que la mayoría de profesionales. Su sueldo no da para mucho. Ronda los mil euros. Todo esto sin contar con el incremento del nivel del vida, el alquiler y la comida, es una auténtica miseria, pues todo ha subido una barbaridad con respecto a aquél entonces dorado de la clase media. Hoy un profesional de la cocina de categoría está ganando poco más de mil euros y apenas tiene para vivir, no como antes, en que se podía ahorrar. Por eso hablamos de la desaparición de la clase media en la novela. Antes un cocinero era o representaba la clase media, hoy día es un paria  mileurista más, que apenas tiene para pagarse la subsistencia, y que si quiere ganarse bien la vida ha de encontrar un buen puesto de trabajo, tener esa suerte o lotería. Podemos verlo en Italia, por ejemplo, donde los cocineros están siendo cada vez más mal pagados, y esto ha causado que casi todos están emigrando a España e Inglaterra, y su trabajo lo realizan ahora emigrantes súper mal pagados que son los únicos que aceptan esos salarios. Aquí estamos yendo de camino. Lo que antes eran doscientas, trescientas mil pesetas que te llegaban para ahorrar, hoy en día son mil euros pelados, si tienes suerte, mil euros que sólo te alcanzan para pagar la luz, el agua, el gas y el alquiler y poco más.

No es tampoco que sea el tema central de la novela, por supuesto, esto de la clase media: es el trasfondo social. La novela trata de un joven cocinero con estudios al que hacen un contrato basura y trata de abrirse camino en un mundo hostil y oscuro enmarcado en la cocina de un hospital público donde los eventuales con estudios no son muy bien vistos, porque de algún modo el funcionariado se ha convertido en un monopolio oligárquico social donde sólo unos pocos tienen la suerte de permanecer más de algunos meses por temporada.

¿Crees que la clase media ya no volverá a existir?

— Lo que está pasando en Italia, España y Grecia lo demuestra. Gente que son profesionales y cada vez los explotan más, hasta que asqueados tienen que salir a buscarse la vida en otros países donde se valora más su profesionalidad, no es un hecho baladí, ni mucho menos aislado. Es una tendencia laboral universal, una directriz económica y social global marcada por las grandes multinacionales de la economía global. No es cosa para tomarse a broma. Yo no creo que la clase media vuelva a resurgir de sus cenizas tan fácilmente. Por lo menos en los próximos quinientos años. Creo más bien que llegaremos pronto al nivel de Italia, Grecia y demás países con una clase alta explotadora que nos convertirá  muy pronto a los cocineros en parias de las cazuelas y recolectores de uva a euro por quintal, y cosas del estilo que te desloman la espalda cada día por un pedazo de pan duro, cosas así de absurdas, como de un país moderno de negreros y de esclavitud muy evolucionado, eso sí, a nivel tecnológico, pero tercermundista a fin de cuentas. Es la ley de la oferta y la demanda, a mayor oferta de profesionales venidos de todos los rincones del mundo, mayor explotación. Si lo quieres bien, si no emigras. Es así. Así está funcionando en Italia, España, Portugal, Grecia y varios país de la U.E, y no parece que vaya a cambiar.

El protagonista de tu novela es un joven cocinero que hace poco trabaja de eventual en un hospital destartalado, fruto de la crisis. ¿Qué opinas de la precaria situación laboral que tienen que vivir muchos jóvenes?

— Es una infamia tan grande que sólo la historia la catalogará y juzgará como se merece en su justa medida. Hoy no somos capaces de verlo, pero la historia universal hablará de estos empresarios aprovechados, de estas leyes que los ampararon, de estos gobiernos tan diferentes que miraron para otro lado, cada uno a su estilo, de estos sueldos verdaderamente irrisorios y estos contratos basura, de todo el partido que a la crisis le sacó el empresariado y de cómo perdimos derechos a mansalva durante décadas sin que se levantara un dedo por solucionarlo.

¿Te inspiraste en alguna situación real para urdir la trama de tu novela?

— Por supuesto, la novela, aparte de la trama criminal, es muy real, real como la vida misma.

¿Hasta qué punto distorsionas la realidad con la historia ficticia que relatas?

— Lógicamente la trama criminal es ficticia, pero lo interesante de la novela -y hecho a consciencia-, lo que retrata de refilón, es la cruda realidad del día a día en una cocina dura y difícil que ninguna persona aguantaría mucho tiempo, a menos que tuviera el estómago de un cocodrilo del Kalahari.

¿Es el noir el género en el que te encuentras más a gusto escribiendo? En caso afirmativo, ¿por qué?

— Sí, me encuentro muy a gusto en el género negro, porque a través de él se retratan muy bien aquellos aspectos del alma humana difíciles de describir con palabras, incluso desde el punto de vista criminológico.

¿Actualmente estás “cocinando” una nueva novela? En ese caso, ¿nos puedes adelantar sobre qué tratará?

— Es una novela negra, no puedo decir mucho todavía, porque está en pañales y ya tiene varios errores, pero pronto y con ayuda de profesionales podré decir más. También tengo que decir que todavía la tengo que situar enmarcar, y por tanto no sé todavía cómo será en realidad, sólo que será muy fuerte, eso sí…

Por último, ¿qué futuro le auguras a medio y largo plazo al género negro en España?

— Habrá mucha producción, eso es inevitable, y por tanto habrá que escoger, al margen de novelas convencionales al uso, las que con el tiempo demuestren los valores y arquetipos de la novela negra de calidad.

Redacción