La isla de las últimas voces

La isla de las últimas voces. Mikel Santiago. Ediciones B.

Por Cristina de @abrirunlibro

Una isla alejada de la civilización en el mar del Norte. Es casi Navidad y el ferry hace su última salida hacia tierra más acogedora antes de la brutal tormenta que se avecina. En St. Kilda sólo quedarán unos pocos habitantes, aquellos que por algún motivo han preferido pasar las fiestas en esa isla abrupta y solitaria, azotada por el viento. Una caja misteriosa es arrastrada por las olas hasta los acantilados de St. Kilda; los pescadores querrán saber qué contiene el enigmático contenedor metálico y verán en él la esperanza de una vida mejor.

La isla de las últimas voces, lo nuevo de Mikel Santiago, es un libro que dispone de un alto suspense, diversas voces narrativas, protagonistas que cargarán culpas secretas, y un entorno opresivo que nos recordará más a la primera novela con la que se dio a conocer el autor, La última noche en Tremore Beach, pero, y según sus propias palabras, con una trama «Lovercraftiana» que contiene el germen del escritor de los primeros relatos cortos: misterio con algo de terror y fantasía. Un libro, La isla de las últimas voces, del que el propio autor también ha confesado a través de las redes sociales que después de «escribirlo, releerlo, odiarlo, amarlo…», por fin ya podía tocarlo —podemos tocarlo todos ya que está a la venta desde el 20 de septiembre—. Un libro generoso de título sugerente de 522 páginas donde no habrá tregua en el desarrollo de la trama y de los personajes, y donde el suspense no decaerá durante toda la extensión del relato en un trabajo ingente y bien estructurado. La ambientación desapacible del entorno así como la propia isla de las Hébridas, es otro punto fuerte que siempre ha sabido dominar muy bien el escritor en todos sus libros. Adaptando la voz narrativa a cada protagonista según su perfil como ocurre con la voz del soldado Dave, reconoceremos rápidamente el estilo fresco e insolente marca de la casa. 

Dave

«No recuerdo demasiado del «antes». Quizás mi mente se cerró, o los recuerdos tropezaron en la caída y se desbarataron, se almacenaron en lugares inhóspitos de esta cabeza de chorlito. Puede que sea eso, o quizás todo tenga que ver con aquel sueño que tuve durante el vuelo. Eso sería, contra todo pronóstico, lo primero que querría contar si alguna de estas «mentes pensantes» me preguntara. ¿Dónde comenzaría usted su narración, sargento Dupree?

Pues verá, señor genio, íbamos diez personas a bordo de un avión que no existía. ¿Ha oído hablar de un pájaro negro? Vuelos que no tienen registro en las pantallas de las torres de control. Etiqueta vacía y no hagas preguntas. Ni siquiera nosotros sabíamos el destino. El caso es que llevábamos aquello: La Caja. Algo que había salido de alguna boca del infierno, por lo menos. Yo, que he transportado gente metida en jaulas, coches bomba, depósitos completos de veneno, le diré que aquello tenía un mal aspecto cinco estrellas. ¿Conoce esas teorías que hablan del «aura» de las cosas? Pues aquello tenía un karma tirando a «negro mierda».

Además de Dave, Carmen, y otros personajes de la novela como Amelia Doyle o Bram —¿guiños?—, Mikel Santiago explorará aquellos pecados ocultos que permanecen enquistados en cada uno de los protagonistas y que los atormentará de manera inexorable día a día pero que, de manera incomprensible, saldrán a la luz con la llegada de «La Caja»: son “las voces”. Y es entonces cuando el escritor hurga en el alma de los personajes y nos inquieta y turba a partes iguales con las confidencias de los habitantes de St. Kilda llegando a crear instantes de gran tensión y congoja al conocer, nosotros los lectores, la culpa que ha permanecido encubierta.

Los capítulos cortos de ritmo incansable, favorecerá una lectura de la que desearemos saber más. El personaje del soldado Dave —apartándose en esta ocasión Mikel Santiago del protagonista bohemio de sus anteriores novelas—, pondrá aquel punto de “lobo solitario” de western y dotará aún más de acción a una novela ya de por sí, más que enigmática.

Un dominio de personajes y del tempo de la pieza realmente buenos donde Mikel Santiago vuelve a demostrar con La isla de las últimas voces que puede, y debe, codearse de tú a tú con los grandes autores internacionales del thriller y del suspense. 

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Mikel Santiago nació en un pueblo marinero de Vizcaya en 1975. El piano de su hermana, que siempre resonaba por la casa, despertó en él un apetito muy temprano por la música. De sus primeras lecturas recuerda las obras de Sherlock HolmesLos Cinco y Edgar Alan Poe. Ha vivido en Irlanda, de donde sacó las ideas para escribir esta novela, y actualmente reside en Amsterdam, donde trabaja en el mundo del software. Cuando no está entre ordenadores, se dedica a escribir y a tocar la guitarra con su banda de blues-rock.