El libro de las cosas perdidas

El libro de las cosas perdidas. John Connolly. Traducción de Pilar Ramírez Tello. Ilustraciones de Riki Blanco.

 

Por Anna Miralles

 

John Connolly (Dublín, 1968) es conocido por ser el padre literario de Charlie Parker, protagonista de hasta el momento diecisiete libros de la serie. Paco Camarasa en su genial e imprescindible guía de novela negra Sangre en los estantes lo engloba en el término acuñado por él mismo como autor de género negrocriminal aunque sorprende en Connolly la introducción de elementos fantásticos o de naturaleza sobrenatural en una trama detectivesca. Y el equilibrio que consigue es lo que hace de él un escritor brillante de una apabullante capacidad narrativa.

El libro de las cosas perdidas es una de sus novelas independientes (junto a Malvados, Nocturnos y Música nocturna) que nada tiene que ver con su protagonista estrella, Parker, aunque sí se reconocen rasgos característicos de su estilo, de los cuales se hablará más adelante.

El inicio de la narración, como si de un cuento se tratara, ya es impactante de por sí: «Érase una vez, porque así es como deberían empezar todas las historias, un niño que perdió a su madre». Desde la primera oración queda claro cuál es el tema principal de la historia, el de la pérdida, y lo que hace especial este libro es el tratamiento del tema, la muerte de la madre y lo que esta conlleva, desde el punto de vista de un niño.

El personaje principal es David que con 12 años pierde a su madre víctima de una grave enfermedad. La tristeza y desamparo de David por esta pérdida se agudizan cuando su padre le anuncia que ha conocido a una mujer, Rose, que pasará a formar parte de sus vidas. Cuando Rose se queda embarazada y nace Georgie, la sensación de abandono que tiene David se le hace insoportable.

David se refugia en los libros para aislarse de la realidad que le rodea y que él rechaza. La literatura es el vínculo que lo une a su madre. Esta le leía cuentos de pequeño, y estando su madre enferma es David quien se los lee para entretenerla. Muerta su madre, David sorprendentemente escucha cómo los libros le susurran y le hablan, y empieza a sufrir una serie de desmayos de los que se recupera con la sensación de haber estado en otro lugar, «que lo dejaban con extrañas imágenes en su cabeza». En estos momentos de inconsciencia, y también en sus sueños, es cuando aparece el Hombre Torcido, personaje esencial en la historia.

Y esta sería la primera parte de la novela. Otra novela empieza a partir de la desaparición de David a través de una grieta en el jardín hundido, una construcción algo peculiar que hay en el césped del patio de la casa a la que va a vivir la familia; algo así como la puerta que le permite cruzar a otra realidad y a la que David se lanza de cabeza y sin dudar al responder a la llamada de su madre muerta. A partir de aquí los elementos fantásticos cobran todo el protagonismo y empieza para David un viaje iniciático en el que deberá aprender a tomar decisiones, saber en quién confiar y en quién no, a valerse por sí mismo; en definitiva, a madurar y a mudar de piel, dejar de ser un niño para convertirse en un hombre: «En aquel momento era más hombre que niño, y su paso a la edad adulta comenzó realmente».

Son muchos los temas que trata esta novela de Connolly, sin embargo, el más importante sería el de la pérdida, como ya se ha dicho antes. David pierde a su madre, pero también siente que su padre está cada vez más ausente puesto que tiene que compartirlo con Rose y con Georgie, y David se siente relegado a un segundo plano. Y aceptar esas pérdidas, incluyendo la de la vida que llevaba antes de la muerte de su madre, será lo más difícil para el protagonista.

La originalidad de esta novela radica en el uso de la metaliteratura como recurso narrativo. El autor reelabora algunos de los cuentos tradicionales más conocidos (Rumpelstiltskin, Caperucita Roja, Hansel y Gretel, Ricitos de Oro, Blancanieves y los siete enanitos …) y los pone al servicio de la historia, versionándolos de manera que introduce elementos inquietantes y transgresores, como el componente sexual evidente en el personaje de Caperucita que seduce al lobo. Para David la literatura es una forma de conocer el mundo y de conocerse a sí mismo, de exorcizar sus miedos, una forma de salvación. La fantasía y la imaginación llegan a ser tan reales que la línea divisoria que las separan de la realidad se confunde; es tan real el mundo que David deja atrás como el que se encuentra tras la grieta.

Es una novela en la que la violencia está muy presente, aunque no va a extrañarle a quien haya leído otros libros del autor porque es una de sus señas de identidad. Resulta chocante como un hombre tan afable, encantador y cercano como Connolly puede escribir escenas de una brutalidad increíble. En los libros de la serie del detective Charlie Parker las descripciones detalladas de escenas de una gran violencia son abundantes. Parker ejerce la violencia sin dudar para luchar contra el Mal, y en El libro de las cosas perdidas la brutalidad también aparece. Son muchas las referencias a la sangre derramada, por ejemplo. Y la muerte está presente a lo largo de toda la historia. Además, la acción se sitúa en un Londres convulso en plena Segunda Guerra Mundial.

Y junto a la violencia, la presencia tangible del Mal también es un clásico en sus novelas por lo que no sorprende la presencia de personajes que lo personifican. En El libro de las cosas perdidas el Hombre Torcido es quien ejemplifica lo peor del alma humana. Su único objetivo es corromper a David y condenarlo para siempre. Es un ser repulsivo tanto física como moralmente, y «tan viejo como la memoria de los hombres», como lo es la maldad.

Sin embargo, hay espacio para la esperanza, para el perdón y para el amor. Y este sería el mensaje final que nos queda tras la lectura de este libro, que nada está perdido y que la redención es posible.

La edición que nos presenta Tusquets es muy completa porque, además de la historia propiamente, en ella se incluye una interesantísima entrevista al autor, así como los cuentos tradicionales originales que aparecen en la novela acompañados de unas más que oportunas explicaciones del escritor justificando su uso. Mención aparte merecen las ilustraciones, bellísimas, de Riki Blanco que hacen que este libro sea muy especial. Y el prólogo de esta edición española está firmado por el propio Connolly. Más no se puede pedir.

Se trata de una lectura que puede llevar a engaño, puesto que es fácil llegar a pensar que se trata de un libro infantil-juvenil aunque el propio Connolly nos aclara que no es tanto una novela para niños, como una novela sobre niños, sobre la infancia. Y esta es una puntualización muy acertada y necesaria.

Novela interesante, excepcionalmente bien escrita que, aun siendo algo predecible en ocasiones, merece mucho la pena leer.

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John Connolly (Dublín, 1968), estudió filología inglesa en el Trinity College y periodismo en la Dublin City University. Reside en Dublín, pero pasa parte del año en Estados Unidos, donde se desarrollan parte de sus obras. Es autor de la novela Malvados, y de los volúmenes de relatos de terror titulados Nocturnos y Música nocturna, así como de la serie de novelas policiales protagonizadas por el detective Charlie Parker, formada por Todo lo que muere (Shamus Award 1999, finalista del Bram Stoker Award y del Barry Award 1999), El poder de las tinieblasPerfil asesinoEl camino blanco (Barry Award 2003), El ángel negro, Los atormentadosLos Hombres de la GuadañaLos amantesVoces que susurranMás allá del espejoCuervosLa ira de los ángelesEl invierno del loboLa canción de las sombras y Tiempos oscuros. Connolly fue el primer escritor no estadounidense en ganar el prestigioso Shamus Award. El libro de las cosas perdidas es una obra para jóvenes y adultos que devolverá a los lectores a su infancia, porque «en cada adulto mora el niño que fue, y en cada niño espera el adulto que será». En esta nueva edición, que cuenta con diez bellísimas ilustraciones de Riki Blanco, el autor ha incorporado nuevos textos y unas palabras preliminares a sus lectores.