Sudor frío

Sudor frío. Mari Carmen Sinti. Grupo Tierra Trivium

Por José Manuel López Marañón

Varios temas son los elegidos por Mari Carmen Sinti (nacida en Cádiz pero catalana de adopción) para su ambicioso debut en la novela con Sudor frío. Bien dosificados y cediéndose el turno, tales asuntos configuran un collage narrativo en el que todo queda lo suficientemente armado para que nuestra atención se dispare con su logrado final, destacando sin duda en una obra que no regatea méritos.

Por lo leído en los primeros capítulos el lector se dispone a encontrar una ficción que ponga, por fin, en primerísimo plano a la tan desgraciadamente de moda violencia de género. Es posible que esté escrita o que alguien, en estos precisos momentos, abrumado por el número de asesinatos que llevamos este año (y no ha hecho más que comenzar), esté ya en la poco grata tarea. Pero yo –de momento– sigo sin dar con esa obra, ya que Sudor frío, al igual que sucedía con la inolvidable La maniobra de la tortuga (Benito Olmo, 2016) aborda el tema de forma intensa, pero no principal.

En aquella novela de Olmo la subtrama de la auxiliar de enfermería fugitiva de un violento maltratador ponía el corazón en la boca: el desvalimiento existencial de la pobre mujer quedaba magistralmente descrito dotándolo de una categoría que hacía trascender aquello que puede esperarse de un secundario. Leo Cárdenas, vecina de la protagonista de Sudor frío –Berta Ballester– es también una mujer sometida a un marido inseguro, machista y controlador: Carlos Coyote recurre no solo a la violencia psicológica, también a la agresión física. Mari Carmen Sinti fortalece esta primera opción narrativa dando a su otra protagonista –la amiga de Berta, Clara Belmez– la profesión de abogada que trabaja en el VIDO («Violència sobre la dona»), ubicado en una planta de la Ciudad de la Justicia donde asimismo se encuentran los juzgados. De Clara son estas reveladoras palabras:

«Casi nunca vienen las víctimas a consultar. En los casos en que lo hacen, es porque la policía las trae, avisados por los vecinos de los gritos y las peleas, y las convencemos de que esto no puede seguir así y su vida corre peligro… Pero la mayoría de las veces el miedo es tan grande que se vuelven a casa sin haberlo hecho. De nuevo a la guarida del lobo, con el lobo dentro.»

Pero claro, focalizar narrativamente, y en exclusiva, tan espinoso tema resultaría una osada tarea incluso para debutantes sin miedo como Mari Carmen Sinti. Y es que… ¡A ver quién es esa valiente capaz de abordar semejante reto! ¿No resultarían los textos así planteados de escasa aceptación comercial, técnicamente complicados de sostener, y no requerirían, además, de lectores con estómagos blindados? Recuerdo que como espectador de Te doy mis ojos (Iciar Bollaín, 2003), donde la violencia de género sí era tratada de esa manera continua y descarnada, fui zarandeado sin tregua por la angustia. El marido maltratador (sobrecogedoramente interpretado por Luis Tosar), consciente de su problema, incluso aceptaba acudir a terapias de grupo guiadas por un hábil terapeuta para resolver su problema. Veías que el hombre se esforzaba en la rehabilitación; por ello, cuando estallaba contra su mujer en otro de sus ataques de celoso violento el efecto resultaba más brutal sobre el acongojado público. Diseccionando sin concesiones esta lacra, Te doy mis ojos se quedaba grabada a fuego en la memoria, algo que pocas veces sucede en el mustio cine actual.

A partir del capítulo 9, con el estudio de unos documentos que Berta ha sustraído de la casa de la desaparecida Leo, Sudor frío entra directamente en los territorios más habituales, y explotados, del thriller de investigación. Dejando aparcada la subtrama inicial, tanto Berta como Clara empiezan a desbrozar las pistas de lo que pronto parece ser un asunto de trata de blancas en el que el marido de Leo parece estar muy implicado.

El ritmo de la novela entra ahora en una dinámica imparable. Los nuevos capítulos son una sucesión de allanamientos y minuciosos registros domiciliarios, de viajes por pueblos catalanes, pero también de revelaciones que confirman a las dos investigadoras (aficionadas pero que ante nada ni nadie se amilanan) cómo bajo la apariencia de un inocente negocio de ganado se esconde, en realidad, un vil comercio con mujeres jóvenes destinadas a paraísos sexuales para gente de un gran poder adquisitivo.

Me agradan, aunque quizá abunden en exceso, los tiempos muertos de Sudor Frío. Así, me sobran varios desayunos y opíparas comidas de Berta y Clara, y me disgusta –hasta el punto de recomendar su supresión para una segunda edición– el superfluo e inane trance erótico del capítulo 22 (de paso debe depurarse una duplicación desde luego no deseada: el largo párrafo repetido en las páginas 234 y 235). Sin embargo, los recuerdos de infancia y adolescencia de Clara (por ejemplo, los del capítulo 10), o esas brillantes exhibiciones de sabiduría discográfica aprendida en aquella tienda de discos que regentaban sus padres (se nota, para bien, la cultura musical de la autora al encabezar cada capítulo con oportunas citas de sublimes canciones rockeras) sí los he disfrutado por dar esencia al texto y no resultar, en ningún momento, cargantes.

Escrita en primera persona del singular y del plural (a excepción del capítulo inicial, que cuenta, en tercera persona, el secuestro de una joven) Mari Carmen Sinti se las compone con inesperado oficio para dotar de entidad física y psicológica a Berta y Clara, amigas desde la infancia a pesar de ser tan diferentes, pero, por eso mismo, tan complementarias. La ex rescatadora subacuática y la letrada componen una de esas parejas a las que el lector toma estima y de las que aguarda, lo antes posible, nuevas peripecias.

Está apuntado, pero acabo insistiendo en cómo los capítulos finales, –que aportan monumentales giros argumentales–, terminan por delimitar a una novelista muy completa de la que, si ha debutado con semejante brío, son esperables los mayores logros. De momento que nadie se pierda este Sudor frío.

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Mari Carmen Sinti: Nací en Cádiz hace poco más de medio siglo y después de recorrer con mis padres diversas ciudades durante mi infancia, fui a recalar en Badalona, donde terminé mis estudios, me casé y tuve dos hijos. Posteriormente, y habiéndome trasladado a Barcelona, tuve mi tercera hija y me dediqué a ser madre hasta hace cuatro años, que adquirí una empresa y trato de sacarla a flote.

Mis horas de ocio las reparto entre mi afición por leer y escribir, y hace más de ocho años que administro un foro de lectura donde me mantengo informada de todo lo que sale y está por salir, algo poco conveniente para mi bolsillo. Hace ya tres años, empecé colaborando en un programa radiofónico aportando temas de literatura y, debido al éxito, el año pasado conseguí mi propio programa semanal, ‘Lletres i música’ en Radio Sant Cugat donde nos visita cada sábado un autor, editor, traductor, bloguero… intentando tocar todos los géneros: negra, romántica, histórica, cómic, infantil y juvenil, terror… Por insistencia de varias personas, entre ellas mi persistente hijo, me lancé a esto de presentar lo que escribo… y en ello estoy ahora.

De momento tengo publicados varios relatos en diferentes antologías de género negro y una de erótica. Esta es mi primera incursión en la novela.