Carretera de plata

Carretera de plata. Stina Jackson. Traducción de Elda García-Posada. RBA.

Por Anna Miralles

Carretera de Plata es la primera novela de la escritora sueca, Stina Jackson (Skelleftea, 1983). A la larga lista de autores de novela negra nórdica (Mankell, Larsson, Nesbo, Indridason…), habrá que añadir a partir de ahora a esta joven autora que empieza con buen pie su andadura literaria.

En Carretera de Plata se nos narran dos historias ambientadas en la zona norte de Suecia que se desarrollan en paralelo y que, en principio, no tienen nada que ver entre sí. Una es la de Lelle, un hombre de mediana edad que aprovecha el verano para buscar a su hija adolescente desaparecida hace ya tres años mientras esperaba el autobús. En estos tres años la investigación policial no ha dado ningún resultado y a Lina parece que se la haya tragado la tierra. Nadie sabe nada, nadie ha visto nada. La otra historia es la de una joven de diecisiete años, Meja, que vive con una madre inestable y alcohólica, y que, cansada de una vida errática que la ha llevado a vivir en numerosos lugares siguiendo a Silje, decide alejarse de ella cuando conoce a Carl-Johan con el que se va a vivir porque le puede ofrecer aquello que tanto anhela: una familia y estabilidad.

Estas dos historias que discurren sin tener nada que ver la una con la otra, acaban por encontrarse.

La novela está dividida en dos partes. En la primera, más extensa, vemos a un Lelle completamente destrozado tanto física como anímicamente. Es un padre que ha perdido a su hija y que vive instalado en el sufrimiento y el dolor más profundos. Lo único que lo mantiene en pie es el deseo de encontrar a su hija y aprovecha el verano, cuando el clima lo permite, para recorrer en su coche la Carretera de Plata y perderse en los senderos y caminos para buscarla obsesivamente. Come poco, duerme menos; fuma y bebe mucho. Desde la desaparición de su hija, sobrevive más que vive. Su vida se ha desmoronado como un castillo de naipes. Ha perdido también a su esposa que intenta sobrellevar el dolor rehaciendo su vida al lado de otra persona. Lina está presente a lo largo de toda la novela aun estando ausente: su padre dialoga con ella, y lo que imagina que su hija le dice le devuelve la cordura en numerosas ocasiones en las que aparece totalmente desquiciado.

En esta primera parte también nos adentramos en la vida de Meja. Su principal objetivo es echar raíces en un lugar al lado de alguien que la cuide y que la proteja puesto que está harta de ser ella la que tiene que cuidar de una madre perdida en sus delirios. Las dos recalan en Norrland para vivir en casa de una nueva pareja que Silje ha conocido en las redes sociales. Al igual que Lelle, Meja también lleva a cabo una búsqueda, aunque distinta: en su caso intenta encontrar su propia identidad luchando por no parecerse en nada a su madre.

El ritmo de esta primera parte es lento, hay poca acción. Cobra protagonismo la caracterización psicológica de los personajes. En este sentido se trata de una narración intimista que se vuelca en el interior de Lelle y Meja. Sin embargo, la desaparición de otra adolescente provocará un giro en la trama y el relato se va a agilizar. La segunda parte, más corta, nos sitúa en otoño y Lelle ha retomado su trabajo como profesor en el instituto. Dejará de recorrer la Carretera de Plata para buscar a su hija, aunque la desaparición de la otra chica, Hanna, acentuará su ansiedad y su compromiso por encontrarla, a ella también. Ahora los acontecimientos van a precipitarse.

El espacio es vital en esta novela. El paisaje es un elemento imprescindible que será descrito con profusión de detalles. Se trata de una naturaleza poderosa, indómita, que muestra la fragilidad del ser humano. Stina Jackson consigue que, como les pasa a los personajes, nos sintamos empequeñecer en estos espacios abiertos, inmensos e inhóspitos y paradójicamente notemos una sensación de claustrofobia y opresión inevitables.

«En la vida había estado en un lugar así; un paraje en el que bien podía ponerse a gritar sin que ningún ser humano la escuchara. El aspecto de la vegetación revelaba su vejez, así como la falta de cuidados que la había llevado a crecer sin control. Los pinos presentaban gruesos troncos grises cubiertos de un liquen fibroso semejante al pelaje de un oso pardo. Si alzaba la vista hacia las copas, ella se volvía vertiginosamente pequeña. Aquel era un sitio idóneo para desaparecer.»

Y la luz. La otra gran protagonista de Carretera de plata. Son constantes las referencias que se hacen a ella. En el verano nórdico las horas de luz aumentan de manera que la noche se convierte en día, pero será una luz que agotará, que minará las fuerzas.

«Pronto, la luz inundaría las noches, se extendería, cegadora, por el mundo, reviviendo todo aquello que dormía bajo las hojas podridas. Insuflaría calor en todos los brotes hasta hacerlos eclosionar, y el bosque bulliría con los gritos hambrientos procedentes de las vidas recién salidas del cascarón. El sol de medianoche sacaría a la gente de sus madrigueras, llenaría de anhelo a los seres humanos, los haría reír, amarse, agredirse los unos a los otros.»

Lo peor que le puede ocurrir a cualquiera es vivir la desaparición de un ser querido y no saber nada de él, si vive o está muerto. Esta novela nos sumerge en el dolor que se puede sentir ante una situación tan terrible. Empatizamos con Lelle y hacemos nuestro su sufrimiento. También aparece la culpa: es él quien dejó a Lina en esa parada esperando un autobús que nunca llegó a coger. Y otro tema a destacar es el de la soledad: la de Lelle que rechaza el contacto de los demás, que vive solo y busca a Lina solo; la de Meja que está sola porque no puede contar con su madre, nunca ha tenido un padre, y no ha podido hacer amigos puesto que no ha estado en el mismo sitio demasiado
tiempo como para poder establecer relaciones duraderas con su entorno; la de los habitantes de la Suecia rural que conviven aislados, separadas sus propiedades por grandes extensiones de terreno.

Carretera de Plata no es una novela de acción trepidante, sin embargo, esto no la hace menos interesante, sino más bien todo lo contrario. Stina Jackson maneja muy bien los tiempos narrativos y, aun siendo un relato en ocasiones pausado, la evolución de la historia y los giros de la trama logran captar el interés del lector. Narrativa intensa, personajes muy bien construidos y verosímiles, atmósfera muy potente: Stina Jackson promete y habrá que tenerla muy en cuenta a partir de ahora.

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Stina Jackson. Es una autora originaria del norte de Suecia, a las puertas del Círculo Polar Ártico. A los veintidós años se trasladó a Estados Unidos. En Denver (Colorado) inició sus estudios de Derecho que no finalizó al sufrir una crisis existencial. La solución fue volcarse en la literatura. Fruto de tres años de esfuerzos es su primera novela, Carretera de Plata. La idea de esta novela surgió del documental Highway of Tears. Fan del true crime como género narrativo, Jackson quedó impactada por la historia de una carretera canadiense, la Highway 16, a lo largo de la cual ha desaparecido un número sorprendentemente alto de mujeres durante el último medio siglo. Estableció algunas conexiones entre esta carretera y la solitaria Riksväg 95, y el resultado es su brillante debut, que ha batido récords de ventas en Suecia y también ha sido premiada como la mejor obra del género publicada en 2018, un galardón concedido por la Academia Sueca de Escritores de Novela Negra.