Los pocillos

«Los pocillos», un relato de Mario Benedetti

Por Liliana Souza.

Leer es el modo ideal de hacer traspasar las horas por el ojo de la aguja del tiempo. Ese espacio personal donde se agitan la obsesión y las pulsiones del proceso de escritura de un autor.

Leer es ir de visita a un museo vivo. Quedar atrapado desde las primeras líneas como si fuéramos uno de sus personajes. Personajes que se buscan, se esquivan, se encienden y se apagan, desde la impronta de un autor que impone razones para evitar el vocablo felicidad. Porque en esta narración templada, lineal, progresiva, nadie es feliz.

«Los pocillos eran seis: dos rojos, dos negros, dos verdes, y además importados, irrompibles, modernos.»

Estimo que, sobre los pocillos pesa un destino que no eligieron: enlazar seres a la deriva. Tanto Mariana, José Claudio y Alberto, no están satisfechos con lo cotidiano. Para apreciar esta historia que se cuenta como un rumor que fluye, es necesario sentir que a su autor lo atrapó de tal manera, hasta lograr que el texto se abra como cajas. El autor, Mario Benedetti, uruguayo, nacido en 1920.

«Para ella, querer había sido siempre un poco agradecer y otro poco provocar la gratitud.»

Mariana es dúctil y piadosa. Pero advierte que la tardía ceguera de José Claudio habilita el desamor. Que con ese tropiezo todo se desmorona. Que el trazado de fronteras sólo fabrica miedo y malestar.

El autor imagina y diseña el mapa. “Los pocillos”, integra el volumen “Montevideanos”, editado en 1959. Los pocos metros cuadrados que definen un living, bastan para que José Claudio, cínico e irónico; Mariana, particularmente insegura; y Alberto, simpático, comprensivo, solitario; concilien o eleven su condición de fragilidad.

Benedetti goza de una vasta producción literaria, la cual suma más de ochenta títulos, abarcando los géneros narrativos, dramáticos y poéticos. Incluso famosas letras de canciones. Su primer libro de cuentos, “Esta mañana”, se edita en 1949. Un año más tarde publica “Sólo mientras tanto”, poemas. En 1953 aparece su primer novela, “Quién de nosotros”. Con “La tregua”, novela editada en 1960, traducida a diecinueve idiomas alcanza trascendencia internacional. En 1973, por razones políticas abandona su país y vuelve en marzo de 1983.

«Un silencio que seguía siendo tal, aun cuando se rodeara de palabras.»

Estimo que, es un acto inútil el habla entre seres a la deriva. Nada que expresen pondrá de manifiesto la mentira, el engaño, la traición. Con cierta levedad se comunican. Hay en ello un rescate incompleto. Un estar sin desearlo. Las palabras respiran, pero no forman parte de ninguna respiración. Apenas, convocan fantasmas, casi un lugar por el que pasa la vida, sin anunciarse.

El autor imagina y escribe el instante en que sus criaturas arden.

«Por un momento se distrajo contemplando los pocillos. Sólo había traído tres, uno de cada color. Le gustaba verlos así, formando un triángulo

Estimo que, el secreto de la buena escritura de Benedetti, reside en la precisión de saber qué es lo que hay que quitar para que se lea lo que quede en relieve. Lo que él quiere que se lea, como una enorme región que se funda al otro lado de cualquier espejo, hasta lograr que el texto se abra como cajas. El autor sorprende, por la complejidad al construir inquietantes mundos. Ampliamente premiado, el 19 de noviembre de 2002 fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Intendencia de Montevideo, quizás el reconocimiento más significativo para él.

La muerte de su esposa Luz fue un duro golpe que sobrellevó escribiendo, hasta que el 17 de mayo de 2009, muere en su casa a los ochenta y ocho años.

«Todos los días cambiaba la distribución de los colores. Hoy sería el verde para José Claudio, el negro para Alberto, el rojo para ella.»

Estimo que, sobre los pocillos pesa un destino que no eligieron: enlazar seres a la deriva. Mario Benedetti, logra que el texto se abra como cajas hasta la sorpresa final. Antes, ningún vestigio, para que nada sea como se cree. Estimo que, celos y traiciones mutuas rondan a estos personajes tan diferentes. Ahora, sentados a la misma mesa, dispuestos a beber un mismo café.

El cuento, está servido.

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Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.