Metástasis

Metástasis. José Ramón Gómez Cabezas. Editorial Milenio.

 

Por Anna Miralles

Metástasis. Una palabra que cuesta pronunciar en voz alta por su significado, para nada bueno. José Ramón Gómez Cabezas ha escogido un título impactante, rotundo, de connotaciones claramente negativas. El título presagia que no será un libro de lectura amable, y así es. Cuando se acaba de leer esta novela al lector le queda una sensación de amargura, de tristeza; sin embargo, sabe también que ha leído una novela de género negro interesante, muy bien construida y, sin duda, muy recomendable.

La acción se desarrolla en Ciudad Real -como ha precisado el autor en alguna ocasión- aunque bien podría situarse en cualquier otra ciudad española, puesto que en ningún momento se le pone nombre; en cuanto al marco temporal, los hechos suceden a finales de diciembre de un futuro que reconocemos como muy cercano. Se describe una ciudad en decadencia, que agoniza tras una crisis brutal. En ella deambulan los desahuciados, y la delincuencia va en aumento.

«Licorerías, farmacias, centros de salud, hospitales, e incluso clínicas veterinarias, habían devenido, en los dos últimos años, objetivos cada vez más apetecibles para atracos y menudeo.»

Las ayudas sociales han disminuido o casi desaparecido, así como los derechos básicos de los ciudadanos, mientras se van imponiendo políticas de privatización. Se trata de una ciudad que se ha vendido al mejor postor, en este caso al dinero de las mafias rusas que han invertido en hoteles y casinos controlando el negocio del juego y la prostitución.

En esta ciudad no hay espacio para la esperanza. La corrupción está presente a todos los niveles, se alude tanto a la corrupción política como policial. Los más necesitados han sido abandonados a su suerte.

«Los sistemas educativos permanecían anclados en el pasado y, para aprobar una nueva ley educativa, debían removerse los cimientos de los continentes; de los sistemas de ayudas sociales ya nadie quería hablar, y ni siquiera oleadas de muertos en huelgas de hambre conseguían movilizar las conciencias dormidas o compradas.»

La precariedad de los ciudadanos es tal que son pocos los que entierran a sus muertos, prefieren abandonarlos con la esperanza de que el Ayuntamiento sea el que costee la incineración o el entierro de los cuerpos sin identificar; pero si los cadáveres son identificados se obliga a los familiares a pagar o se les amenaza con denunciarlos.

Y en este ambiente tan sórdido se mueve el protagonista de la historia, el inspector Félix Perea, y sus dos compañeros policías, Patón y Noelia Cañete. Los tres investigarán la muerte, en circunstancias bastante comprometidas, del coordinador del Servicio Federal de Gestión Laboral (SEFEGEL). Las pesquisas las llevarán a cabo bajo presión porque, si no hay evidencias claras de que se trata de un asesinato, el comisario Antonio Rueda dará carpetazo al asunto y no habrá caso qué investigar. Los procedimientos que utilizarán los tres policías no siempre se ajustarán a la legalidad. Dar con el asesino no será para nada fácil, pero no van a rendirse.

Gómez Cabezas construye tres personajes marcados por duras circunstancias personales, que condicionan su presente. Para Perea, Patón y Cañete tampoco hay esperanza. Son personajes a los que la vida no ha tratado bien, aparentemente fríos, que interactúan poco entre sí, y que lo único que los une es la investigación a la que se enfrentan y la soledad en la que están inmersos. Los tres han sufrido, y siguen sufriendo, cada uno a su manera; no tienen más remedio que vivir con sus carencias y miserias y centrarse en la investigación porque la búsqueda de la verdad es lo único que les queda. El narrador dosifica la información acerca del pasado de cada uno de manera que el lector los va conociendo poco a poco. Según avanza la lectura los va entendiendo para acabar empatizando con ellos.

«El hombre necesita de leyendas que le escondan el dolor de la derrota, se repitió Perea, y empezó a vestirse sin prisa.»

En cuanto a la estructura, Gómez Cabezas organiza la novela en cinco partes. La primera titulada “Historia natural”, muy breve, funciona a modo de introducción donde se nos presenta al inspector protagonista. Las otras cuatro partes más extensas aluden a las cuatro fases de evolución de un proceso cancerígeno —“Fase de inducción”, “Fase in situ”, “Fase de invasión local”, “Invasión a distancia o Metástasis”—. Se produce un paralelismo interesante entre el desarrollo de la enfermedad y la evolución de la trama. La maldad lo acaba por invadir todo, los cadáveres se van acumulando según vamos pasando páginas y la trama se va complicando.

Los capítulos son cortos, la acción avanza a buen ritmo, y la lectura para nada es farragosa. Las descripciones son justas, precisas; el narrador no pierde el tiempo deteniéndose en cuestiones superficiales, todo lo que se dice es necesario. La ambientación está muy lograda ayudando a crear una realidad que produce desasosiego, una realidad terriblemente gris, color al que el autor recurre en muchísimas ocasiones para hablar del hormigón de los edificios, para referirse a la niebla que preside los cuatro días en que se desarrolla la trama, e incluso, de una manera más metafórica, para dibujar unos personajes grises que han perdido todo o casi todo.

«[…] incluso la paleta de colores naturales y alegres de antaño se había matizado en una escala opaca de tonos grises en su mural provinciano. Gris cemento, como la mole de paredes lisas de treinta metros que se levantaba junto a la delegación del Servicio Federal de Gestión Laboral».

«La niebla plúmbea opacaba el camino de Perea y confería una gama de matices grises al decorado del día: la misma bruma que, en los orígenes del cine, envolvía al crimen perfecto».

Metástasis es una distopía negra con una gran carga de crítica social que muestra el desmantelamiento del Estado del bienestar a costa del beneficio y enriquecimiento de unos pocos. Al leer esta novela podemos sorprendernos identificando situaciones que pueden darse o que han estado a punto de producirse. Y este es uno de los logros del autor porque, aun desarrollando situaciones extremas, nos habla de una realidad que no nos es del todo desconocida. Se trata de una novela que invita a la reflexión y que va más allá de una historia en la que se intenta resolver un asesinato.

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José Ramón Gómez Cabezas (Ciudad Real, 1971) es psicólogo y profesor de la UCLM. Combina su actividad profesional con el área literaria, colaborando en la mayoría de los festivales de género negro por toda España como ponente o jurado. Presidente de la Asociación de Amigos de la Literatura Policial (Novelpol). Tiene cinco novelas publicadas, entre otras Réquiem por la bailarina de una caja de música, Orden de busca y captura para un ángel de la guarda (Ledoria 2009 y 2012) y El ataque Marshall (Ediciones Serial, 2016) dentro del género negro. También ha publicado relatos. En el año 2016 y 2017 fue finalista de varios premios literarios, entre otros Alfonso el Magnánimo, Ciudad de Santa Cruz, La Orilla Negra. En la actualidad tiene varias ponencias académicas en distintas universidades españolas sobre literatura y psicología en el género negro.