La vida plena

La vida plena

Por Liliana Souza.

1967, ha sido un buen año para que una “mujer de cierto orden”, edite un brillante libro de poemas, y lo titule así, presentándose como mujer, cuando aún no se hacía referencias acerca de la literatura femenina. Mujeres, escritoras, aparentemente frágiles en su espacio, libres de protección y el cuidado que requieren, casi como cristales. Escritoras, para leer en la memoria, no tanto en la letra.

Alguien expresó que, mujer de un orden, que no es el único, pero que sí está disminuido por el adjetivo “cierto”, lo vuelve inestable, opinable, irónico. La escritura es siempre un juego de distancias y desdoblamientos, de tomas de posición y máscaras intercambiables. La escritura, traza puentes de encuentros y desencuentros.

Juana, lo advirtió, y las palabras desearon saltar a la boca, a los labios, al papel. Con la rebeldía de una voz en los márgenes, porque es cierto que, escribir una voz es escribir un destino. Un formato pequeño, mínimo, un modo de ir soltando escenas simples de la vida, hitos privados. Bocetos que instauran la novedad en lo cotidiano, que dejan al descubierto el rostro sublevado de una mirada que se deja permear por los detalles, que propone subrayar el espesor de las cosas. Juana, afirmó que “lo que diga se entienda, pero no necesariamente que sea fácil de entender. Se es poeta para trabajar con la lengua de otra manera. En la poesía tiene que haber algún misterio, algo que el poeta ve y que el público no. Tenemos la obligación de revelar los misterios pero de una manera distinta”.

Juana, Bignozzi, tuvo una vida plena. Nació en Buenos Aires, en 1937. Hija de una familia obrera y anarquista. La madre, textil. El padre, panadero. Creció en Saavedra y se exilió en Barcelona en 1974 para regresar al país en 2004. Fue traductora, periodista y poeta. Gran poeta. La mejor de la generación del sesenta, que supo mantenerse y continuar siendo de interés para las sucesivas generaciones de lectores, poetas y no. Obtuvo el Premio Municipal de Poesía 2000, el Premio Konex 2004 y el Premio Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional Argentina en 2013.

Se relacionó con intelectuales reconocidos, Andrés Rivera y Juan Carlos Portantiero, entre otros. Integró el grupo poético “el pan duro” creado por Juan Gelman, espacio que unía poesía y compromiso. En 1960 publica su primer libro, “Los límites”. A continuación: “Tierra de nadie”, “Mujer de cierto orden”, “Regreso a la patria”, “Interior con poeta”, “Partida de las grandes líneas”, “La ley tu ley”, “Quién hubiera sido pintada”, “Si alguien tiene que ser después”, y el postrero, “Las poetas visitan a Andrea del Sarto”. Combina un lenguaje íntimo con el perfil preciso e invita al lector a pasar de página por más. No escribe una poesía política, pero sí ideológica, representando la sensibilidad de quien quiere cambiar al mundo, intentando la conversión del dolor en versos. Hay algo demoledor en sus líneas, que tal vez se deba al tono sentencioso. Las vacilaciones, los interrogantes, las dudas afirman la singularidad de su voz, capaz también de encontrar una salida a través de la sorna cada vez que se cierne un pensamiento inquietante. Al azar va hilando gustos, momentos, caprichos, sensaciones. El tono grave y el uso sagaz de la ironía marcan su estilo. Seguramente, se impuso probar escribir por ella misma los signos que configuran esa urdimbre de palabras con las que alguien, el poeta, no es ni nadie ni cualquiera, sino todos.

“A algunos les han quitado las ganas de hablar,

pasan mudos por el amor, aman perros vagabundos

y tienen una piel tan sensible

que nuestros pequeños saludos cotidianos

pueden producirles heridas casi de muerte.”

Alguna vez le consultaron cómo pensaba que la leían los poetas más jóvenes. Juana, respondió que “los peores eran los de cincuenta y sesenta años. Ahí estaba concentrada la idea de la poesía de mujeres, de la sensibilidad. Ahí tengo menos repercusión, pero los de menos de cincuenta, me leen con asombro porque estoy viva, en sentido poético. Les asombra que alguien del sesenta puro y duro como yo escriba algo que a ellos les interesa. La prueba para un poeta es si te leen los jóvenes. Que te lean los de tu edad y que no te lean los jóvenes, significa que tu primera eternidad está perdida. Cuando yo me muera, si no me está leyendo alguien de cuarenta, hay algo ahí que salió mal, que escribí para la nada. En los últimos años de tu vida escribís para el vacío.” Dijo André Malraux, “la muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida”. El 5 de agosto de 2015, esta frase tuvo sentido para mí, había fallecido una poeta mayor. A las 16 horas, en el Hospital de Clínicas de su amada Buenos Aires. Juana, Bignozzi. Y como toda muerte, nos regresa a la lectura, al testamento, al legado. A cualquier manuscrito, cartas olvidadas en un cajón, apuntes, su archivo personal, algún borrador, sus libros editados.

“Nosotros, seres amables e inofensivos,

miramos los gatos enfermos,

las mujeres con collares

que pasan por la calle y sentimos un desamor agradable,

casi suficiente.”

Como el título de este poema, “la vida plena”, Juana, la tuvo y la honró. Como el olor del papel, que cuando envejece, resulta más atractivo y continúa iluminando la oscuridad. Como Juana, Bignozzi, y el límite, que siempre fue, su lugar posible donde escribir.

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Liliana Souza nació en 1958,  en Avellaneda. Actualmente reside en Don Bosco, Quilmes, Pcia. Buenos Aires, Argentina y donde coordina un Taller Literario.

Como poeta obtuvo 19 primeros premios nacionales,  y  reconocimientos en España y EE.UU.

Sus trabajos se incluyen en antologías, diarios, revistas y sitios web. También en libros publicados en Méjico y España.

Difundió poesía editando los espacios “Quilmespoesía”,  “poemás”  y  “poemás o menos”,  con el auspicio de la Universidad Nacional de Quilmes y Biblioteca Pública José Manuel Estrada.

Colabora con Agenda del Sur, Diga 33,  Paloma y La palabra que sana,  escribiendo artículos sobre literatura.

En 2010 publicó “esa otra forma”.

En 2012 “cuarto de costura”.

En 2015 “la doliente”.