Cometierra

Cometierra. Dolores Reyes. Editorial Sigilo.

Por Anna Miralles

Cometierra es la niña protagonista de esta historia narrada en primera persona. Con este nombre la conocemos porque come tierra, a puñados, literalmente, y cuando lo hace, la tierra le habla, le permite ver, le dice dónde están aquellos que han desaparecido. Tiene un don que la hace distinta, provoca rechazo en los demás, en la escuela se burlan de ella; pero este don es apreciado por quienes buscan a sus seres queridos porque ella les ayuda a encontrarlos, muertos casi siempre, aunque a veces también vivos. Intentará dejar de ingerirla pues las imágenes que ve le provocan demasiado sufrimiento, sin embargo, no lo va a conseguir durante mucho tiempo. Aunque ella no quiera tragarla más, su cuerpo sí; además, los desaparecidos son muchos, así como quienes los buscan, y la necesitan para que les ayude a encontrar la paz.

En las primeras páginas de la novela, Cometierra asiste al entierro de su madre. Ha sido asesinada por su propio padre que la ha matado a golpes. Lo sabe porque la tierra se lo ha mostrado.

«Cierro los ojos para apoyar las manos sobre la tierra que acaba de taparte, mamá, y se me hace de noche. Cierro los puños, atrapo y la llevo a la boca. La fuerza de la tierra que te devora es oscura y tiene el gusto del tronco de un árbol. Me gusta, me muestra, me hace ver. […]
La sacudieron. Veo los golpes aunque no los sienta. La furia de los puños hundiéndose como pozos en la carne. Veo a papá, manos iguales a mis manos, brazos fuertes para el puño, que se enganchó en tu corazón y en tu carne como un anzuelo. Y algo, como un río, que empieza a irse.»

Sin su madre, Cometierra sufre; se siente sola, tiene que ir asimilando que no la va a ver más. Se apoya en su hermano Walter que la cuida y la protege. Durante un tiempo vive con ellos una tía paterna, pero la convivencia no es fácil y acaba abandonándolos. Los dos hermanos lucharán por seguir adelante, acabarán más unidos si cabe.

Cometierra deja la escuela y dedica su tiempo a buscar a los que han desaparecido sin dejar rastro, recibe dinero por ello, pero no siempre va a aceptarlo, para ella el agradecimiento de los familiares que por fin pueden dar con los suyos es lo más valioso.

A medida que su fama como vidente se va acrecentando, el terreno que rodea su casa se irá llenando de botellas con tierra que los familiares dejan para que ella la coma y visualice dónde encontrar a sus seres queridos. Estas botellas llevan unas etiquetas con el nombre de la persona desaparecida, a veces una foto, y un número de teléfono de contacto por si Cometierra se decide a ayudarlos. La casa acaba pareciéndose a un cementerio.

«Parecían tumbas brillantes una al lado de la otra. Al principio las contaba, las acomodaba con cariño, a veces acariciaba alguna hasta que me decidía a probar de su tierra. Casi siempre era así, pero ese día las odiaba. Sentía todas las botellas apilándose en mí. El mundo debía ser más grande de lo que siempre había creído para que pudiera desaparecer tanta gente.»

Cometierra es una novela intensa y dura. La mayoría de desapariciones que la protagonista va a resolver son de mujeres —la profesora Ana, Florensia, María, …—. Dolores Reyes trata la violencia ejercida sobre la mujer y denuncia la inacción de la policía que obliga a los familiares a recurrir a otros medios para buscar a los suyos. La novela está dedicada a las víctimas de femicidios y a sus sobrevivientes; y especialmente a Melina Romero y Araceli Ramos, dos adolescentes bonaerenses de 17 y 19 años respectivamente, asesinadas brutalmente a manos de hombres. En la novela queda patente la violencia que se ejerce en el ámbito familiar, así como la violencia e inseguridad que se viven en los barrios marginales de la periferia de la ciudad de Buenos Aires. Se habla del dolor, del desamparo y desgarro que sienten los que sufren, del vacío que dejan los que no regresan y de la angustia que supone no saber de ellos. Se habla también de la muerte de los demás y de la propia:

«Cuando mamá murió hubo un tiempo en que pensaba que la tía y el Walter también podían morirse. La tía tanto no me importaba, pero pensar en mi hermano muerto me hacía mierda. Me encerraba durante horas a llorar. Después empecé a pensar que yo también podía morirme y trataba de ver cómo sería, pero no podía.»

Cometierra se hace mujer y entre tanta tristeza acaba por conocer el amor y el sexo con Ezequiel, un policía que la ayuda a recuperar a los desaparecidos. Al principio desconfía, pero acabará sintiendo algo parecido a la felicidad cuando está junto a él.

Cometierra es una novela breve (173 páginas), muy bien escrita. La prosa es rica, con abundantes referencias sensoriales, muy plástica y poética. Estructurada en tres partes, los capítulos son cortos con lo cual la lectura es ágil. Es una novela de denuncia social que da voz a los que no la tienen y que plasma una realidad violenta y cruel; también es una novela negra peculiar en la que los métodos utilizados para llegar a la verdad no son los previsibles. Dolores Reyes construye una novela original, potente en cuanto a forma y fondo. Una novela necesaria.

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Dolores Reyes nació en Buenos Aires en 1978. Es docente, feminista, activista de izquierda y madre de siete hijos. Estudió letras clásicas en la Universidad de Buenos Aires. En la actualidad, vive en Caseros, pcia. de Buenos Aires. Cometierra es su primera novela.