Libro victoriano de la sangre

Libro victoriano de la sangre. John Bingley Garland. Traducción de Javier Calvo Perales. Prólogo de Juan Mari Barasorda. Editorial La Felguera.

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Por Cristina de @abrirunlibro

Realizar una explicación sobre qué es El libro victoriano de la sangreVictorian Blood Book—, es complejo ya que además de ser una obra con textos bíblicos e imágenes esotéricas, es un enigma en sí mismo aún no resuelto. Es incluso incómodo, para aquí quién escribe, tener que definirlo como lo que verdaderamente es: un álbum de recortes de la época victoriana; un découpage realizado en 1854 por un padre como regalo de bodas para su hija llamada Amy. A pesar de esta descripción más que sencilla de El libro victoriano de la sangre, pero fehaciente, es otro misterio saber cómo llegó varios años después de aquel regalo, a las manos de un sabueso coleccionista llamado Evelyn Waugh y del que se cree fue comprado a un anticuario. Waugh lo agregó a su biblioteca particular de primeras ediciones y rarezas —el original se encuentra ahora en el Harry Ranson Center, en la biblioteca y museo de la Universidad de Texas, Austin—, siendo de lo más interesante conocer a este bibliófilo y cómo vivió su mayor pasión. (En el preámbulo se nos explicará detalladamente).

Ahora llega a nosotros este bellísimo facsímil de la mano de Editorial Felguera de reproducción cuidadísima, traducido por Javier Calvo Perales —excelente trabajo—, y con un prólogo imperdible de Juan Mari Barasorda, comisario del festival de novela criminal Bruma Negra y un experto en el período victoriano. 

El álbum, conocido también como Durenstein! el nombre del castillo austríaco donde el Rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León estuvo preso después de ser capturado por el duque de Austria Leopoldo V, es un libro que podría clasificarse como ‘libro iluminado’, aunque sin decoraciones en oro y plata y sin ilustraciones originales sino que está hecho a base de recortes de imágenes de serpientes, y otros animales, caballeros templarios, ángeles y, sobre todo, expuesto con tinta roja simulando sangre. Las imágenes alegóricas, en su mayoría de William Blake —pintor y grabador, y poeta británico—, más las citas del libro del Apocalipsis y también con citas de William Shakespeare, Coleridge o Dante entre otros, harán que el álbum se muestre como una metáfora extraña sobre el mensaje que Garland quería hacer llegar a su hija Amy como regalo de bodas ya que la simbología es en todo momento, un tratado oscuro y misterioso. 

«Para Amy Lester Garland.

Legado que le deja en vida, para que lo examine en el futuro, su muy afectuoso padre,

John Bingley Garland.

Nº 17 Westbourne Terace North

1 de septiembre de 1854».

Aunque sorprenda la sangre que cae sobre cada una de las imágenes en un goteo incesante como si se tratara de una especie de expiación o sacrificio, no es de extrañar que en una sociedad victoriana tan familiarizada con la muerte, donde en todas las casas se disponía de la Biblia y el Newgate Calendar, alguien realizara este libro sangriento y apocalíptico. Los descendientes de la familia Garland han tratado al álbum simplemente como un recordatorio del amor hacia la familia y hacia Dios, por lo que parece ser que la teoría principal que cobra más fuerza es que se trata de un libro de recortes de fervor religioso. (Sí sorprende, y mucho, que el cuaderno fuera realizado por un hombre teniendo en cuenta que estas prácticas eran realizadas básicamente por mujeres durante la era victoriana).

El libro victoriano de la sangre es más un libro para ‘ver’ que para ‘leer’. Observando las imágenes con detenimiento y acompañándolas con los textos que Garland quiso incluir alrededor de ellas, podremos maravillarnos con la simbología e intentar discernir el mensaje figurativo así como también —y esto es muy singular para este tipo de cuadernos— con un índice, respetando el original, que provoca ciertos escalofríos al repasar los enunciados y las divisiones que lo componen: El réquiem, El sueño eterno, Sombras o El estertor entre otros.

Un libro extraño pero hermoso. 

«Cosa seria es morir, oh alma mía, 

qué extraño el momento será en que cerca

del fin del camino tengas a la vista el abismo,

ese atroz abismo que ningún mortal traspasó

para decirnos qué hay al otro lado.

La naturaleza se arredra y tiembla al verlo;

y hasta el último nervio llora

al pensar en partir.

Qué misteriosa pareja:

la una vuela a su manantial todopoderoso,

testigo de sus actos y ahora su juez.

La otra cae a oscura y asquerosa tumba 

cual vasija rota sin utilidad».

(Blair)