Muchos gatos para un solo crimen

«Muchos gatos para un solo crimen». Ramón Díaz Eterovic. LOM Ediciones.

By PacoMan

A mis cincuenta y un años me gusta leer ciencia ficción y policiaco clásico, gracias a que aún no tengo agotados a sus autores fundamentales: Doyle, Christie, Simenon, Poe, Collins, Chesterton… y me regalo alguna excursión ocasional en el Noir (soy un furibundo amante de Torpedo 1936, guión de Enrique Sánchez Abulí y dibujo de Jordi Bernet). Admito desde ya, que no conocía absolutamente de nada al escritor chileno Ramón Díaz Eterovic. El coste de esta pequeña antología que reseño: 4€, el título tan llamativo y que un ejemplar se encontrase en los anaqueles de la librería madrileña Estudio en Escarlata me decidieron a decirle: “Vente conmigo a Málaga”. Y me lo he leído, y lo he disfrutado, vaya si lo he disfrutado, tanto que ya estoy poniendo remedio a mi ignorancia. Pues el bueno de Ramón lleva publicando novelas del detective privado Heredia desde 1987 y ya lleva dieciocho. En 2005 se grabó una serie televisiva chilena de ocho capítulos, Heredia y Asociados, sin embargo nunca se comercializó al público, por lo que la única de forma de verla es en Youtube en grabaciones caseras de las emisiones televisivas en 2005. Toda la colección de Heredia ha sido editada por la editorial chilena LOM que no tiene distribución física en España. La ya extinta editorial Txalaparta S.L. editó, acá en España, tres volúmenes únicamente de esta serie. La obra de Ramón es difícil de encontrar en papel de este lado del Atlántico, aunque en ebook sí es posible hacerse con las ediciones de LOM. Ramón es un autor que también cultiva la poesía, el ensayo y el cuento infantil.

En descargo de mi ignorancia puedo argumentar que Don Paco Camarasa, autor del imprescindible estudio del género negrociminal Sangre en los estantes (15 de noviembre 2016, Ediciones Destino), no lo nombra en esta obra de obligatoria consulta. Pero ahora bien, documentándome para esta reseña descubro que el 1 de febrero de 2016 dio una entrevista a Berna González Harbour para El País. Paco Camarasa: «Hay una nueva novela negrocriminal en el mundo» y cita a Ramón Díaz Eterovic como el primero de un grupo de nuevos autores. Es posible que Paco entregara el texto del libro con tanta antelación a su publicación, que aún no conociera a Ramón, o conociendo al autor chileno no hubiera cabido en Sangre en los estantes. Me arriesgaré y apostaré todo a negro: Paco en el libro, en el último capítulo habla de: “los otros «nueve novísimos» del género negrocriminal” pero todos son españoles, mientras que los nuevos autores citados en el artículo de El País son todos latinoamericanos. Creo que el artículo es un intento de completar lo explicado en el abultado libro (453 páginas en la edición rústica) y que no cupo para no sobredimensionar aún más el libro. Por desgracia Paco no podrá dirimir si mi apuesta es acertada o no ya que nos abandonó a inicios de la primavera de 2018. Me contentaré pensando que he salvado con honor, aunque pírricamente, mi ignorancia sobre la existencia de tan excelso autor chileno: si Paco Camarasa no lo reseñó en su libro ¿cómo iba yo a conocerlo si sólo leo clásicos? Pero en el fondo sé que estoy aceptando pulpo como animal doméstico que empieza por pe.

Soy consciente que si he disfrutado del detective privado Heredia es porque el librero Juan Escarlata lo tenía a la venta en su librería. El precio y que me llamara la atención ayudó, pero el elemento determinante para su compra ha sido la recomendación implícita que supone que Juan lo venda. Juan, el librero, es un prescriptor. La industria del ocio siempre está en plena evolución y cambio, y en la actualidad no iba a ser menos. El librero es una especie en extinción. Ahora que los consumidores compramos por Internet, la distribución está cambiando, se está adaptando a este nuevo hábito. La tecnología permite impresiones a bajo coste de ediciones de menor tirada. La brutal revolución en la distribución que supuso la aparición de Amazon y sus competidores ha permitido la aparición de micro editoriales con tiradas extremadamente pequeñas que se distribuyen por canales directos entre el editor y el consumidor. Estas nuevas prácticas están convirtiendo en irrelevante la figura de la empresa distribuidora y de la librería. Y eso que el libro electrónico que vino a matar al libro físico como el vídeo hizo con la estrella de la radio (Video Killed The Radio Star) como The Buggles auguraban en su megahit musical de  1979. Pues no, aún no, no por ahora. Cuando las generaciones que nos destetamos con tebeos, libros y revistas de papel seamos reclamados por la Parca para volver a casa, podrá pasar, será posible que el libro electrónico desbanque al libro de papel, pero será una victoria pírrica (otra más). Pírrica porque en ese momento nadie, o casi nadie, leerá. Las nuevas generaciones, las que crecieron con Youtube no leen, no leen libros, ni físicos ni electrónicos. No es el fin, es otra etapa, otro estadio; vivimos surfeando la ola del cambio que diría el bueno de Alvin Toffler y más pronto que tarde la Parca nos recogerá en el rebalaje de la playa, pero el resto seguirá surfeando. Mientras eso ocurre, el mundo editorial convencional, las grandes editoriales, van a ir apostando por el uso del BIG DATA (como cualquier otro sector económico) para obtener éxitos de ventas, copiando milimétricamente las claves del éxito de anteriores bestseller gracias a las facilidades de información que les trasmitimos constantemente a nuestros dispositivos electrónicos y que son recopilados y vendidos a las empresas para que los usen en diseñar productos más ajustados a nuestras necesidades…. Vaya, lo que ahora se llama genéricamente BIG DATA. Más profusamente lo explica Jesús Ruiz Mantilla en su artículo “El algoritmo desafía al instinto en la toma de decisiones” ¿Dónde queda la innovación? ¿Y los nuevos talentos con voz propia? Y de nuevo volvemos a la central figura del prescriptor.

Pero el mundo editorial está tan fragmentado entre las editoriales grandes (la industria) y las pequeñitas independientes, que mejor no nos ofusquemos con este terror tecnológico que han construido. La posibilidad de destruir un planeta (de predecir bestsellers) es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza —descubrir un nuevo autor con éxito instantáneo—, como bien nos explica el poco valorado Darth Vader. Por suerte, las pequeñitas no aplicarán este método descrito en el artículo. Pero ¿tendremos que conocer las micro editoriales para conocer “novedades”? Micro editoriales que nacen por decenas y fenecen en un par de años, se me antoja una tarea imposible. Mentiría si dijera que sé que pasará, que veo claro quién se hará con el papel del prescriptor, pero eso pasará. Veo bien posicionados a los sitios web digitales de reseñas… sobre todo cuando no se nutren del servicio de prensa de las grandes y pequeñas editoriales. La ultraespecialización de estos sitios de reseñas permitirá a lectores inquietos —deseemos que queden muchos—, bucear buscando su nueva dosis del dulce veneno que es la lectura. El prestigio del reseñador a los ojos del lector, que será verificado con cada reseña leída, debería ser determinante a la hora de seguir una recomendación de lectura. O es posible que el futuro lector no pierda tiempo leyendo reseñas independientes y tome sus decisiones de otra manera… más mercadotécnicamente. Vaya, que elija un libro como elige la leche o los cereales del desayuno en el supermercado. Seguramente me equivoque, Alvin Toffler ya me previno contra el anquilosamiento y la resistencia al cambio que las persona mayores vamos generando.  Quizás sólo he enunciado un deseo y no una profecía.

Ah, que se me olvidaba reseñar la antología. Estamos ante un puñado de cuentos encuadrados en el nuevo Noir, ese que Paco describe en su entrevista ya comentada. Heredia, un investigador privado en Santiago de Chile, investiga pequeños casos que nunca son lo que parecen. La esencia del Noir está, pero adecuada a los tiempos. Ya no hay gran violencia en las calles, ni atroces asesinatos como en los años 20 en las ciudades norteamericanas. El color local chileno es reconocible, pero no sólo no saca al lector de la historia, sino que lo sumerge aún más al incrementarse la verosimilitud de lo narrado. Heredia es un señor de izquierdas, pobre, desencantado de la vida, por las cosas que ha visto y conoce. Acepta cualquier caso para poder seguir pagando las facturas, pero no por eso pierde la dignidad. Dignidad ganada en mil derrotas.  El cuento corto no permite desarrollar personajes, Heredia se creó en 1987 y estos cuentos son de 2005, por lo que asistimos a un personaje completamente caracterizado, y que en mi caso desconozco. Pero la habilidad de Ramón Díaz permite conocer al protagonista casi instantáneamente. Son aditivos, no pude dejar de leer una historia tras otra hasta que las acabé. Ya he encargado a mi camello habitual más dosis de Heredia.